Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
18º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Firmas y Blogs
Manuel Montes Cleries
Manuel Montes Cleries
A lo largo del pasado año hemos podido apreciar mucho mejor el montón de héroes anónimos que nos rodean.

Han pasado aquellos días del confinamiento en los que salíamos a los balcones y ventanas para aplaudir el trabajo denodado que estaban realizando los sanitarios, los miembros de las fuerzas de seguridad y aquellos que permitieron mantenernos perfectamente alimentados e informados en esos meses.

Se ha iniciado el año 2021 y parece que la cosa no pinta mejor. Menudo comienzo de año. La pandemia ha iniciado su tercer rebote con más virulencia si cabe. Los números no engañan. Cada día fallecen en España unos cientos de personas victimas del Covid-19. Es decir, un número similar al de un accidente aéreo de gran magnitud.

Por otra parte nos ha llegado la terrible perturbación atmosférica denominada “Filomena”. No han estado muy acertados los que le han puesto ese nombre. Los diccionarios etimológicos nos indican que la palabra filomena viene del griego y significa “amante de la música”, “ruiseñor” o “amada”.

Ningún parecido con la realidad. “Filomena” se ha convertido en la madre de todas las tormentas. Ha barrido por completo la piel de toro, con agua, viento, lluvias torrenciales y nevadas espectaculares con sus consiguientes heladas.

En la Costa del Sol occidental ha dejado lluvias en tres días equivalentes a las de la mitad de un año pluvial. Desgraciadamente se ha llevado por delante a dos personas en Mijas Costa. De Sierra Nevada hacia arriba la cosa se ha convertido en nevadas copiosísimas.

En España no estamos acostumbrados a esta situación. Madrid presenta un aspecto extraño; como salido de una película futurista. Miles de conductores se han visto atrapados por la nieve y condenados a mantenerse en sus vehículos hasta que han podido verse rescatados tras decenas de horas angustiosas.

En mi mente martillea la imagen de los miles de personas sin-techo que están pasando estos días en la calle. Supongo que habrán aceptado los albergues que se les ofrecen. Pero alguno seguirá caminando errabundo por nuestras calles.

Aquí surge mi buena noticia de hoy. Me la ofrece la gesta de un hombre de 64 años que, en plena tormenta de lluvia, a primera hora de la mañana, caminaba por el paseo marítimo de Málaga y observó a una mujer que era arrastrada por las olas. Se lanzó al mar y pudo rescatar a una señora húngara de 64 años. Andaba por la playa totalmente desnortada. Parece ser que había venido de Alicante a casa de unos amigos. Discutió con ellos y estuvo deambulando sin rumbo durante horas hasta llegar a la playa donde fue arrastrada por la fuerte marea.

El héroe protagonista de nuestra buena noticia de hoy se llama Fernando Ruiz Corrales, un veterano deportista que no dudó en lanzarse al mar y recuperar a esa mujer de ser arrastrada por el mismo.

Otros muchos héroes anónimos se han lanzado a la calles y carreteras, inundados por la nieve, a fin de socorrer a cuantos se han visto obligados a permanecer detenidos hasta que puedan ser rescatados. Ahí están de nuevo los militares, los sanitarios, las fuerzas de orden público, los “curritos” de los medios de comunicación, que nos informan a pie de calle, así como los voluntarios de Cruz Roja y otras instituciones. Todos ellos vuelven a dar la talla y ser merecedores de nuestro profundo agradecimiento.


Una vez más, siguen existiendo esos tontos contemporáneos que, en vez de ayudar o de estar quietecitos en su casa, siguen haciendo botellón sin mascarillas (ayer tarde había una docena de adolescentes bebiendo a morro detrás de mi casa), se lanzan a las carreteras sin necesidad o juegan con la nieve, sin tener conocimiento de los posibles problemas que se derivan de ello.

Esperamos que el buen tiempo y los buenos tiempos vuelvan. Esto tiene que cambiar. Contamos con tiempo y paciencia para conseguirlo. 

Artículos del autor

Los cristianos consideramos la Epifanía como la fiesta por antonomasia de los niños; esos locos bajitos que son una esperanza para nuestro futuro incierto. Ellos han vivido estos tiempos difíciles con una actitud ejemplar y no han necesitado de nada más que el cariño y la atención de sus padres.

Acabamos de iniciar un año con las mismas perspectivas que el pasado. Llenas de dificultades y bajo la incógnita de si vamos a desterrar definitivamente la pandemia de nuestras vidas. Esperamos que a lo largo del mismo podamos desprendernos de las puñeteras mascarillas y se nos permita volver a abrazarnos. Ojo, mucho más que antes, que nos estábamos volviendo un poco despegados.

Días atrás me llamó la atención un film del año 2000 protagonizado por Nicolas Cage (un actor que no me gusta demasiado), bajo el título de Family Man. A lo largo del desarrollo de la misma, su mensaje fue captando mi atención y, finalmente, me puso a cavilar.

Si nos centramos en la epístola de San Pablo a los Colosenses, que también leemos hoy, descubrimos un toque de atención a una sociedad que, en los años 60 de nuestra era, andaba un tanto “despistada”. En la misiva, el Apóstol analiza la convivencia diaria. Sus consejos amplían el campo de recomendaciones para cimentar la institución familiar.

No tengo más remedio que recurrir a los recuerdos. En este caso, los tiempos pasados fueron mejores. Las navidades de mi infancia fueron muy felices. Se me llena el alma de nostalgia, de lugares, de olores y de sensaciones.

La dejadez y los malos consejos nos estaban incitando a desprendernos de los valores que nos hacen diferenciarnos de los seres irracionales: la capacidad (y la necesidad) de amar y de sentir el contacto con los demás. Añoramos la posibilidad de reunirnos con la familia y de abrazarnos. De compartir el pan y la sal, las alegrías y las tristezas.

Los pueblos de la serranía de Ronda, abandonados a su suerte durante muchos años, están adquiriendo su verdadera dimensión como lugares de ensueño a través de la presencia de avispados foráneos (recuerden la famosa finca de Nakachian o la tremenda posesión “La baraka” de Khashoggi).


Tengo cierta experiencia en este tema debido a mi trabajo como orientador en el teléfono de la esperanza. Las estadísticas nos dicen que el mayor porcentaje de las llamadas basan su contenido en “estado de soledad o incomunicación”.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris