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Rolando Revagliatti
Rolando Revagliatti
​Relator, Huir, En la mira, Pares y Semblanza, cinco relatos cortos de Rolando Revagliatti

Redactor


El chico que no habla es el hijo único de su fallecida única hija, y de su también fallecido yerno. Lo crió ella, viuda, al chico que no habla, su nieto. Es el chico que no habla quien redacta el breve texto que se inicia con: “El chico que no habla es el hijo único de su fallecida...” 


Huir


Claro que pensó en huir, harta de padecer la torpeza de los golpes de esa especie de marido colérico, de pésimo vino y borbotones de sevicia. También pensó en huir cuando su hijo cayera muerto por una bala perdida, entre los cohetes y petardos detonados por los chicos y adultos del barrio, después de transcurridos veinte minutos del año nuevo.

Pensó. Hasta que dejó de hacerlo. Después de veinte años la vieja sigue, loca, letárgica. Sigue huyendo. 


En la mira


Linda mina, lindo tipo de hombre, se sienten cómodos en sus cuerpos flacos, debajo de sus abundantes cabelleras, encima de sus principescos pies.

Señor gordo, calvo, con juanetes, desencantado y empuñando una Magnum 44.Apunta (no sin fastidio). 


Pares


El despertador suena a las cinco y media. Es de noche. No debo pensarlo dos veces, y no lo pienso. Enciendo la luz del velador. Me incorporo (si puede decirse que ese paquete abotagado y que ofrece sólo una contundencia marmota y atravesada, lo que hace es incorporarse), me desplazo hacia el aparato de radio (debajo del lavatorio, sobre un banquito que hubiera podido construir el tío Pacho, o bien, mi padre), manoteo la perilla que me sitúa en la raspante descarga eléctrica que da paso a la voz del locutor de mis matinatas laborales, me quito el saco del piyama casi sin respetar los tres botones ensartados en sendos ojales (no exactamente los simétricos), y lo cuelgo en la perchita colorada que hará nueve días pegué con Poxipol a una altura cómoda para el Increíble Hulk.


Enciendo la luz con la mano izquierda mientras con la derecha abro la canilla que indica FR A. Surge el chorro con mayores ínfulas que si abriera la CAL ENTE, y similar temperatura a esa hora del alba, puesto que la caldera del edificio todavía reposa. Echo despabilante agua sobre párpados, mejillas e inevitables adyacencias, y me complazco con los buches. Cierro la canilla, malseco la superficie salpicante con la toalla que me regalaron, en estas navidades, los únicos que me saludaran por las fiestas, y en el espejo del botiquín escruto las marcas de dobleces de funda que surcan mi frente. Cuelgo la toalla, descuelgo el saco del piyama con el que retorno hacia la cama donde una mujer duerme su intenso despatarro, sobre cama y mujer arrojo la prenda, apago la luz del velador, regreso al baño.


Radio Municipal de fondo y bajito, ya higienizado y con mucho talco berreta en el área afeitada, lavo mi ropita con el jabón de tocador y la tiendo en la estropeada cuerda de nailon que cruza la bañera. Preparo mi desayuno y lo tomo. Lavo, seco y guardo los utensilios. Me visto, y depositando besos en quien no cesa de dormir y soñar conmigo o con su marido, de viaje, yéndome apago las luces y la radio y cierro la puerta de mi departamento. Son las siete.


Mientras bajo los modestos tres pisos por el ascensor y traspongo la puerta de calle, trazo mi plan. Pocos metros por Arenales, llego a Ayacucho. Por esa, una cuadra hasta Juncal. Por Juncal, otra, hasta Junín. Por Junín todas las demás, hasta avenida Las Heras, cruzando. Subir al ciento diez (a una cuadra de los paredones de la Recoleta) preferentemente no después de las siete y quince. En Kerszberg S.A.C.I. no debo firmar la planilla de asistencia después de las ocho. Ayer recorrí Arenales hasta Junín y por Junín seguí hasta la parada. El viernes, por Ayacucho fui hasta Las Heras y, por esa avenida, hasta Junín. El jueves, por Ayacucho llegué a Pacheco de Melo, una por esa y otra por Junín. El miércoles, por Ayacucho hasta Peña; por esa, una, y dos por Junín. El otro martes fue como hoy, doblé en Juncal, pero no caminé por las veredas pares


Semblanza


Soy lo que soy desde que se murió mi mamá. Me sentía libre al principio, liberado. Me lo merecía. Mientras ella vivía fui un pelagatos. En la gran ciudad. No voy a revelar cuál era mi ocupación. En todo caso, digna. Mientras ella vivió, “el hijo de la sucia” me endilgaban. El eslogan dolía. Y dolía también el otro eslogan: “El hijo del vecino”. En referencia al quiosquero, el solterón de la casa de al lado. Y algo hubo, algo pasó.


En efecto, mi mamá no era propensa a la higiene. No era, tampoco, una mujer dada, que se pudiera decir, comunicativa. Estrictamente, gruñía en ocasiones. Yo le preguntaba: “¿Vino Isabel a buscarme?”: gruñido. “Mamá, ¿me hacés el nudo de la corbata?”: gruñía y me hacía el nudo de la corbata. Le comentaba: “Me aumentaron el sueldo”: gruñido. Y le proporcionaba una generosa porción de mis ingresos. Trabajaba yo doble turno y ganaba por ese turno doble el ochenta por ciento de lo que se me abonaba por el turno simple. Y aún me quedaba un ratito para darle algunos besos a mi novia de la infancia, la adorable, la resignada Isabel. Escasas emociones en los primeros treinta años de mi vida.


Ahora soy un trashumante, difusamente melancólico. De Isabel me despedí, apenas después de tomada la ruda resolución de vagabundear. A mi mamá la llevo en el espíritu a donde quiera que me traslade y con quien sea que me junte. Admitan en mi semblanza que la añoro. Tengo para mí que acabaré por hastiarme.

Artículos del autor

Fernando G. Toledo nació el 22 de junio de 1974 en la ciudad de Libertador General San Martín (donde reside), República Argentina. Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Juan Agustín Maza. Su trayectoria periodística fue desarrollándose en publicaciones gráficas, en radio y en televisión. Ha ejercido su tarea como crítico teatral, cinematográfico, musical y literario. Es actualmente editor en el diario “Los Andes” de la ciudad de Mendoza.

Una joven dama argentina casada se halla con un mexicano licenciado en abogacía. Tienen un hijito y una mansión en ciudad de México. Ella era cancionista de tangos hasta que se produjo su enlace, sin lo que se dice amor-amor, para acceder así, legalmente (por la puerta grande, principal), a la suprema misión a la que una mujer muy mujer está destinada: dar a luz y consagrarse al retoño.

Susana Rozas nació el 30 de octubre de 1954 en Rosario (Argentina), ciudad en la que reside. Es Profesora Postitulada en Lengua y Literatura por la Universidad Nacional de Rosario. Entre 1989 y 2015 ejerció la docencia en escuelas secundarias y profesorados. Impartió seminarios y presentó ponencias, coordinó talleres literarios y fue jurado en certámenes de su provincia. Ha sido traducida al catalán e incluida en antologías de la Argentina y México.

Lo expresó solicitándomelo volcada hacia mí. Rehusar no me caracterizaba ni solía dejarme confundir.

Marcela Predieri nació el 9 de junio de 1960 en Buenos Aires, capital de la República Argentina, y desde 1991 reside en la bonaerense ciudad de Mar del Plata. Desde 2006 coordina libros colectivos de cuentos y poemas, tal como lo hizo con la novela experimental “Puzzle”, concebida entre once narradores. Además de integrar los equipos de diversas revistas, dirigió dos: “La Mazmorra” y “La Avispa”.

Con semejante físico, es lógico, se da el gustazo de trompear, de vez en cuando, a escogidos cretinos en tren de patoteros. Ha noqueado, por ejemplo, a energúmenos choferes de colectivos. ¿Por qué limitarse a una discusión estéril, pudiendo escarmentarlos?

Mariano Shifman nació el 23 de noviembre de 1969 en Lomas de Zamora, ciudad donde reside, provincia de Buenos Aires, la Argentina. En 1992 obtiene el título de Abogado por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y en 2013 el de Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Recibió, entre otros, premios y menciones en concursos organizados por las municipalidades de varias localidades de su provincia y de diferentes fundaciones.

María Pugliese nació el 29 de mayo de 1957 en la ciudad de Vicente López, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y reside en otra localidad de la misma provincia: Muñiz. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada del Instituto Nacional del Profesorado “Joaquín V. González” en 1981, y autora, en su condición de investigadora en dichas materias, de libros y artículos difundidos en medios gráficos del país y del extranjero.

 
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