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Sánchez, su autobombo y su latiguillo de la “crispación”

En el Ejército laico español, para practicar la religión católica se precisa “autorización”
Miguel Massanet
viernes, 3 de junio de 2022, 10:53 h (CET)

Estamos entrando en la campaña electoral de la comunidad andaluza y las cosas no pintan bien para los socialistas y, en general, para las izquierdas de esta nación. Hay quien se atreve a pronosticar que, en Andalucía, poner los cimientos de lo que pueden ser los resultados de las elecciones legislativas que tendrán lugar, en poco más de un año,  y que van a decidir el destino de España o del lo que quede aún de ella, y será el anticipo de lo que decidirán las legislativas. 


Por todo ello, no nos debe extrañar el nerviosismo, los exabruptos, los brindis al sol y los ataques continuos, del sector izquierdista, hacia todo lo que está sucediendo en la comunidad andaluza, cargando las tintas en lo que, para ellos, son la carencias del actual ejecutivo que, al parecer, no es la forma en la que la mayoría de los ciudadanos de aquella autonomía juzgan la gestión del PP, en el periodo en el que han estado al frente de la administración andaluza que, según todas las encuestas que se vienen publicando, les auguran una holgada victoria.


Pedro Sánchez ya no es el mismo. Su imagen, en lo físico, está sufriendo un deterioro cada vez más evidente, a la par que, su comportamiento,da muestras de un histerismo que se manifiesta en su manera de descalificar a sus oponentes y en su forma de encajar las continuas andanadas de castigo que viene recibiendo en el Parlamento de la nación, no sólo de sus oponentes de la bancada de la oposición, sino de sus propios valedores de izquierdas y separatistas, que ya empiezan a demostrar que no están de acuerdo con su autoritarismo, su forma totalitaria de gobernar y su desprecio por la opinión de todos aquellos que integran el arco parlamentario.


Su insistencia en utilizar temas, como el de la corrupción del PP, algo que ya ocurrió en el pasado, pero que nada tiene que ver con la actual dirección y forma de actuar de los nuevos líderes de la formación, es una muestra de que se le han acabado los argumentos que le permitan achacar a la derecha la situación, extremadamente comprometida, a la que ha llevado a España desde su sillón de la Moncloa. Cuando habla de “deslealtad” o insiste en acusar al PP de “crispar la política” no hace más que tirarse piedras a su propio tejado, como resulta palmario, al intentar privar a los partidos de la oposición de expresar, libremente y como es su obligación para con sus votantes, sus discrepancias con la forma de dirigir la nación del actual equipo gobernante. Si hay alguien que utilice con más frecuencia el sistema de crispar al pueblo español, no hay duda de que se trata de él y de aquellos que le acompañan en todas aquellas decisiones cuya discusión y objeciones se hurtan al Parlamento de la nación al utilizar, ladinamente y de forma claramente abusiva, el recurso del decreto-Ley en lugar de presentar las leyes para ser discutidas, analizadas, objetadas y, si fuera conveniente. rechazadas o modificadas para que, antes de ser promulgadas, el resto de los partidos pudieran presentar cuantas alegaciones y objeciones fueran pertinentes.


Ante las circunstancias adversas a las que tiene que enfrentarse, en lugar de aceptar la mano tendida que se le ha ofrecido desde la derecha, el presidente ha preferido encerrarse en su despacho, con aquellos que sabe que no le van a contradecir, y echar más leña al fuego de la discrepancia, la descalificación, el insulto, la mentira, el engaño y todo aquello en lo que son verdaderamente expertos cuando se trata de embadurnar, con la basura política, al rival al que pretenden destrozar.


Claro que no siempre se tiene éxito y, cada día que pasa el pueblo español se da cuenta del gran engaño que supuso el confiar en quienes prometieron un bienestar para todos y lo único que han conseguido ha sido llevar a España a una situación en la que todos los españoles han tenido que apretarse el cinturón ante una subida espectacular del IPC,  un aumento descontrolado de determinados productos básicos, el precio de la luz y del gas por las nubes y que, sus socios de gobierno, comunistas, se empiecen a distanciarse, rebelarse, criticar y oponerse a determinadas decisiones del sector socialista, ahora que ya empiezan a sentir que el periodo electoral llega y que, no se sabe, a ciencia cierta si la intención de Sánchez de agotar la legislatura va a poder mantenerse o si deberán adelantarse en el caso de una urgencia, como se anuncia desde todos los organismos europeos y los propios EE.UU, relacionados con la economía Europa, debida a la guerra de Ucrania y del desabastecimiento de los cereales que exportaba masivamente desde aquel país. Se tiene que empezar a considerar, no una mejora generalizada del nivel de vida de la ciudadanía, sino todo lo contrario, en el sentido de verse obligada a prescindir de determinadas comodidades, lujos o ,incluso, consumos necesarios que van a pasar a ser, cada vez más caros e imposibles de adquirir. En un caso similar es muy posible que el actual ejecutivo debiera convocar nuevos comicios.


La estrategia que parece que está utilizando el señor Sánchez es la de ir ganando tiempo. Para él los días son importantes, los meses objetivos únicos de su gobierno y los años ya no cuentan, debido a que, en lo que constituye su programa de gestionar el poder, se trata de plazos impredecibles que él intenta ir cubriendo, etapa a etapa, sorteando los obstáculos a corto y medio plazo que, a la larga, le van a permitir, si España no reacciona a tiempo, alcanzar las próximas elecciones de aquí a poco más de un año, en situación de controlar, manteniendo ahogada a la oposición, aquellos recursos de influencia, aquellas prerrogativas propias del totalitarismo que, a la vez, le permitan una vez más mantener al pueblo español engañado y temeroso de la llegada de una derecha “feroz y vengativa”, capaz de acabar con la democracia. Lo que ocurre, señores, es que quienes están acabando con la democracia a marchas forzadas, mediante la utilización del “llamado cinturón sanitario” contra los partidos del centro y la derecha son, precisamente, aquellos partidos de la izquierda que no hacen otra cosa que hablar de ella, de las libertades, del nivel de vida del pueblo español, de la deslealtad de la oposición al negarse a claudicar y aceptar, sin objeción alguna, aquello que se les impone desde el Gobierno, mientras la dura realidad va desmintiendo cada una de sus falsedades.


Mientras Cataluña sigue imponiendo su ley, tomando el pelo a quienes intentan contemporizar con ellos, criticando al Gobierno central mientras, por otra parte, lo sostiene, sabedores de que cualquier otro tipo de gobierno que llegara a la Moncloa iba a ser mucho peor respeto a su política separatista, todo ello en un juego en el que nadie puede ganar y mucho que perder y, en definitiva, situar a la propia Cataluña en un limbo económico en el que, mientras unos se marchan, ante un panorama de inquietud y fiscalidad cada vez más intensa, otros, incautos, intentan venir para aprovecharse de una situación de la que piensan van a obtener beneficio. El hecho de que la candidata de Podemos, la señora Ada Colau, en estos momentos sea considerada como la favorita para volver a hacerse con la alcaldía de Barcelona, ya es un indicativo de cómo una gestión que se puede considerar como catastrófica, llena de arbitrariedades, de pleitos perdidos por el municipio, de ataques a la propiedad privada, de torpezas municipales y una gestión turística de verdadera pena, como es el hecho de que la Colau intente, de nuevo, reducir el turismo de grandes trasatlánticos cuando, en la actualidad, es el mejor negocio de toda la ciudad.


Y, como siempre, un comentario sobre los intentos de acabar con la religión católica de este gobierno socio-comunista que, ha conseguido, en pocos años, hacerse con la cúpula del Ejército que, por cierto, parece que lleva tiempo olvidándose de que España está dominada por el totalitarismo de izquierdas, con el que, por cierto, parece encontrarse a gusto, confirmando que ha pasado de ser un organismo garante de la unidad de España a convertirse en  una ONG entregada a las órdenes de un gobierno que lucha, desde su postura dominante, contra la propia esencia de la Constitución de 1978. El capitán del batallón Uad-Ras II ha sido cesado por participar, con sus soldados, en la bendición de su banderín, en el Valle de los Caídos. El cronista de la panfletaria La Vanguardia, califica el templo expiatorio, ante el cual se llevó a cabo la ceremonia de la bendición por un capellán, de “ominoso”. 


Es posible que, como separatistas que son, en la redacción del diario catalán, todavía no sepan el significado en castellano de la palabrita, se lo voy a recordar, “ominoso: azaroso, de mal agüero, abominable…” Un templo católico calificado de abominable por quienes ignoran el papel principal que la religión católica tiene en nuestra Constitución. Un mínimo de vergüenza, de respeto hacia una religión que profesan millones de personas, un control del revanchismo propio del comunismo derrotado por el general Franco, un poquito de educación, sería bastante para que el que escribió semejante estupidez hubiera dejado de zaherir a toda una comunidad de creyentes. No lo hizo y por ello el mismo se ha calificado de intolerante, mezquino y antidemocrático. Ahora resulta que, en este Ejército, para llevar a cabo un simple acto de bendición de un banderín se debe solicitar permiso. Los rojos queman banderas y los separatistas atentan contra la unidad de la nación y nadie les pide cuentas. ¡Esto es la repanocha!


O así es, señores, como desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la convicción de que, en esta nación ya no queda títere con cabeza ni gobernante capaz de hacer funcionar correctamente la suya.

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