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​Europa en llamas o el momento de la verdad

“La Unión Europea es nuestra respuesta a la globalización. Sólo juntos podemos garantizar seguridad, bienestar y paz en Europa”, Angela Merkel
Miguel Massanet
miércoles, 26 de enero de 2022, 10:18 h (CET)

No sé el por qué, pero contemplando el actual panorama político en la vieja Europa, se me ha venido a la memoria aquella película inglesa de los tiempos en que la India estaba colonizada por la GB, un film magnífico interpretado con gran solvencia por el Kennet More, un actor inglés especializado en este tipo de películas, Lauren Bacall y uno de estos actores obligados en el papel de “malvado”, que fue Gerbert Lom.  Evidentemente el contenido, la trama y los avatares de la obra nada tienen que ver con lo que sucede en Europa, pero el título, su sentido dramático y la sensación de peligro que siempre acompañan al fuego, nos ha hecho que hablemos de una Europa en llamas.


No tenemos más información de la que pueda tener cualquier ciudadano sobre lo que, en estos momentos, está manteniendo en vilo la economía de toda la llamada Unión Europea en la que incluimos, al menos a efectos de lo que le representaría una contienda entre Ucrania y Rusia con sus aliados (si esta nación se empeñara en dar el paso decisivo de invadir la antigua ex provincia rusa), a la UK. Pero lo que sí es evidente es que, las tensiones y amenazas de una escalada por parte de los rusos han ido creciendo, a medida que el ejército del señor Putín ha ido acumulándose a la largo de la frontera entre ambas naciones. 


Puede que a algunos les valga la idea muy extendida de que, tanto a los EE.UU como a Rusia les puede contener el hecho de que ambas potencias tienen una fuerza nuclear capaz de acabar con la humanidad o que ambas poseen ejércitos convencionales dotados de las mejores y más sofisticadas armas, capaces de infligir mucho daño a sus adversarios. Sin embargo, no se sabe lo que sucedería si llegara el momento en que la aparente debilidad o la posible superioridad de uno de los ejércitos en liza lo pusiera en trance de acabar derrotado frente a un enemigo con capacidad de hacerse con el dominio del mundo.


Seamos francos, por mucho que la OTAN, últimamente, le haya visto las orejas al lobo desde que, el señor Trump, le advirtió que no contasen con los soldados americanos para que le sacaran las castañas del fuego, en caso de un conflicto en el continente europeo, haya reforzado su ejército y haya invertido más fondos en su modernización, es evidente que está en desventaja en frente de un ejército, como el ruso, que si se puede comparar con el americano y, posiblemente, con el de la república china, es infinitamente superior en tecnología, cantidad, innovaciones y potencia de fuego que el de la OTAN. Lo malo de lo que está sucediendo es que quedan pocas salidas airosas para este conflicto. Los americanos y Europa, no pueden permitirse dejar a los rusos la iniciativa y la posibilidad de imponer unas reglas que les impidan negociar libremente con otras naciones del entorno de Rusia, simplemente porque el señor Putín amenaza con no consentirlo y emplear la fuerza si no se aceptan sus peticiones. Rusia, por su parte, ha puesto a los EE.UU ante la necesidad de aceptar o rechazar, por escrito, el renunciar a cualquier tipo de acercamiento, militar o económico, relacionado con las antiguas regiones rusas, actualmente convertidas en estados independientes.


Diplomacia, encaje de bolillos a cargo de negociadores que sean capaces de encontrar un punto de equilibrio que, a la vez, no ponga a ninguna de las dos naciones en una posición de desventaja respecto a la otra. Ardua tarea.


Y en esta circunstancia el gran peligro para la humanidad. Los analistas, los enterados, los ultras, los interesados, los armamentistas y los pacifistas a ultranza que, sin duda alguna, van a contribuir a que sus posturas, sus intereses, sus ideas, sus negocios y sus ideales políticos se conviertan en arietes en pro o en contra de que el ambiente bélico  se inflame más o que, finalmente,  se acabe por apagar las llamas de confrontación en pro de un statu quo por medio del cual se establezca, entre los presuntos beligerantes, un acuerdo de no agresión sin que ninguno de ellos salga aparentemente ganador ni perdedor.


Pero, como es evidente, esto es lo que pensamos los que vemos desde la barrera lo que está sucediendo que, por supuesto, no es lo mismo que piensan aquellos que, desde detrás de las bambalinas, son los que manejan los hilos de esta abracadabrante situación en la que, como en una de esas partidas de póquer, cada parte sabe de los triunfos que tiene, pero desconoce aquellos con los que puede derrotarle su adversario. Por ejemplo, la gran incógnita de cómo actuaría la enigmática China ante un enfrentamiento EE.UU-Rusia. Hay quien piensa que sería algo que estaría esperando que sucediera, de modo que ambas potencias se desgastasen entre ellas para que, una vez concluida la batalla ella, la omnipotente China, pudiera imponer desde la fuerza de su formidable ejército intacto, las reglas que debieran regir la humanidad.


Otra posibilidad es la de que, confirmando el acercamiento que se ha producido últimamente entre los chinos y los rusos, con visitas de amistad entre los jefes de estado de las dos naciones; fueran los chinos los que apoyaran a Rusia, ante un eventual enfrentamiento con la OTAN y los EE.UU, abriendo un frente en Asia en lo que seguramente sería la verdadera madre de las batallas en la que el mundo se jugaría el ser o no ser, sin excluir su total destrucción, si tenemos en cuenta que entrarían en liza el Japón, Australia, La India, Corea ( ambas) etc.


Y, en este contexto, nos podríamos preguntar el papel que jugaría España ante un evento mundial de estas características. A juzgar por lo que está sucediendo en la actualidad, conociendo a nuestro presidente, señor Pedro Sánchez, y atendiendo a la situación interna en la que se encuentra nuestro Gobierno, donde el enfrentamiento entre socialistas y comunistas es evidente y lleva camino de empeorar; lo que se espera ya se puede anticipar con la exclusión del señor Sánchez de las consultas con los jefes de Estado de Europa, para tratar de la difícil situación en la que se encuentra el continente. Mienten, en el gobierno, cuando dicen que han tenido una representación en estas consultas, como lo vienen haciendo cada vez que el señor Sánchez se cuela de rondón junto al señor Biden, para que alguien les haga una fotografía como si estuvieran departiendo. 


La realidad es que, cuando en el seno de un gobierno unos votan por la guerra y otros abominan de ella, meramente por cuestiones políticas de cariz electoral, no se puede pedir confianza a quienes están pasando por una circunstancia de extrema gravedad en la que se pueden poner en juego la vida de miles de personas.


Lo peor es que ya estamos empezando a recibir las primeras muestras de que esta alarmante situación puede poner en peligro cualquier posibilidad de recuperación, por tímida que fuera, de las que la señora Calviño venía presumiendo, un tanto alegremente, desde hace unos días; sin que hubiera factor alguno que permitieran confiar en sus palabras. Al contrario, las bolsas, los primeros indicadores de que algo en la economía no funciona, ya están dando los primeros bandazos con caídas importantes que indican que, si el tema de Rusia y sus intentos de invadir Ucrania, no encuentran una respuesta adecuada, en Europa y América, es muy posible que nos veamos azotados por una de estas caídas espectaculares de los valores bursátiles que acaben con lo conseguido a través de los últimos años.


Lo peor de todo es que, la forma que nuestro gobierno tiene de enfocar su política interna, su indiferencia ante un endeudamiento que no deja de subir, sus planes de gastar el dinero público a manos llenas mediante políticas de subvenciones, apoyos, ayudas a quienes forman parte de sus amistades, de sus cómplices en la destrucción del país y de ir arrasando con las instituciones que consideran que son un obstáculo para sus fines totalitarios, es muy posible que, ante una situación como la que tenemos en puertas, acabe siendo la causa de que España sea una de las naciones más perjudicadas ante este posible conflicto bélico.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el convencimiento interno de que estamos remando a contra corriente, lo que en términos náuticos de expresa como ciar. El empeño de volver a una situación parecida a la que existía en España antes de 1936; la idea de ensalzar lo que fue la II República de 14 de Abril de 1931 y el sistema de intentar reescribir la historia falseándola, engañando a las nuevas generaciones y convirtiendo a los que fueron los ganadores de la contienda en perdedores, aparte de ser un robo de tipo cultural, tiene la gran desventaja de impedir que los actuales españoles puedan sacar conclusiones válidas de lo que fueron aquellos tiempos de absolutismo, asesinatos, disturbios y crímenes contra la humanidad. Es mucho lo que España se juega para que tengamos la obligación de luchar en contra de semejantes barbaridades.


Veamos hoy lo que nos dice el señor Adlai Stevenson sobre la confianza: “La confianza pública en la integridad del gobierno es indispensable para la fe en la democracia, y cuando perdemos la fe en el sistema, hemos perdido la fe en todo lo que peleamos y pasamos…”

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