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Imprecisiones relevantes

La batalla contra el vértigo social requiere mayor precisión en las respuestas
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 9 de septiembre de 2021, 09:15 h (CET)

Si no queremos entendernos, lo tenemos la mar de fácil; a nuestro favor acuden cuantas facilidades hubiéramos soñado. Sobre todo si las intenciones no se ciñen al sentido de las palabras, anotamos lo percibido sin atender a  las razones del emisor o funcionamos sin ningún tipo de interés por aquello que nos circunda. Hablamos de AUTENTICIDAD sin la precisión requerida. Probablemente ni un mismo sujeto consiga la definición de sus rasgos genuinos, si acaso sólo de los más superficiales. Aún contando con ellos, ese supuesto conocimiento propio servirá de poco si se contempla de manera aislada; porque nunca podrá ser un ente auténtico mientras no exprese su grado de ensamblaje con el resto de la sociedad. Es un detalle muy importante de cara a la convivencia.


Son asuntos decisivos con notables repercusiones para un sujeto en concreto y para el conjunto social. Detalles básicos podríamos decir. Prestamos mucha atención a las diferencias, por otra parte tan fáciles de detectar entre personas, grupos de gente o países enteros; en realidad abundan sobremanera. Sin embargo, aquello que nos une nos cuesta encontrarlo. Los rasgos constituyentes del término SIMILITUD permanecen en profundidades ambiguas, siendo evidentes, brujulean con cierta tendencia a pasar desapercibidos. Dicha comunidad no puede centrarse en la superficie de las personas, de hacerlo así facilitamos el fenómeno inverso de mantener aislados los núcleos consistentes del individuo, con el consiguiente incremento de las divergencias reales.


A pesar del gran número de deficiencias, de las tribulaciones; somos muy dados a los términos grandilocuentes, sin parar mientes en el escaso contenido de esos globos hinchados. Desde las grandes revoluciones a las desarrolladas en el ámbito modesto de pequeños grupos o incluso de un solo individuo, a la hora de su calibración se aprecian enormes errores. Precisamente, al destruir los precedentes el primer retroceso es un hecho; lo que vendrá después es todavía una quimera. Se va dejando de lado la laboriosidad EVOLUTIVA bien dispuesta a las modificaciones necesarias basadas en la reflexión deliberativa continuada. Con frecuencia se confunden estas matizaciones muy ligadas al carácter de los protagonistas y a su responsabilidad.


En los lances del aprendizaje juvenil se acumulan las inquietudes por la gran diversificación de horizontes imprecisos, cuando no se dispone del oficio suficiente para el discernimiento. Destacan sobremanera los caprichosos proyectos educativos, sea desde los aires institucionales o sea desde los profesores. En este campo se producen DESLICES sutiles, atienden a las influencias foráneas, inspiraciones poco maduras; dejando en planos secundarios al bagaje adquirido por el esfuerzo continuado y al carácter de personas cabales. Ese desfase cualitativo repercute con rotundidad en la consistencia de las personas, siendo inevitable su reflejo en las relaciones sociales con sus rasgos de mediocridad, crispación o violencia, entre la desidia muy extendida.


La mezcla de criterios y sensaciones es una experiencia maravillosa abierta a las peculiaridades de cada cual; la incongruencia de evitar esa pluralidad ensombrece el panorama. Lo observamos con claridad en el caso de la MÚSICA. El tecnicismo de los compositores o ejecutores sigue caminos propios. En cuanto a la expresión de la obra está en clara dependencia del receptor, en un juego de los sentidos y la mente, generadores de una ilusión particular; incluso influirán los momentos y las situaciones. En esto de las imprecisiones, hemos de incluir también las de aquellos quienes valoran  la vida de los músicos, su ideología, sus comportamientos, a la par o por encima de la entidad musical; se alejan del meollo artístico hasta extremos absurdos.


Son llamativas las irregularidades apreciadas en torno a la lluvia incesante de opiniones, tendencias, teorías y manifestaciones varias. Su diversidad es natural, como resultado de las incontables circunstancias sociales, sumadas a las características peculiares de cada individuo. En esta compleja urdimbre no cabe la EXTRAÑEZA ante las múltiples discordancias; tendríamos que estar habituados a sus expresiones. Lo extraño viene de las actitudes en contrario, cuando detectamos las pretensiones de uniformar ese conjunto a base de elucubraciones interesadas; incluso utilizando métodos poderosos para forzar los comportamientos en beneficio de los promotores. La tarea imperativa va en contra de esas manipulaciones.


La importancia de una u otras necesidades es irregular, depende de las situaciones concretas; aunque es evidente la pujanza de las necesidades básicas para mantenerse en activo. Después, la pirámide se va estrechando con querencias más refinadas, hasta alcanzar la cumbre picuda de los anhelos sublimes. En la medida de este ascenso, también se pasa de la base imprescindible para todos a las búsquedas particulares e incluso contradictorias. La HETEROGENEIDAD confunde a la hora de las valoraciones. La altura apenas mide una perspectiva. Los innumerables nudos personales sobrepasan el contenido de las palabras sin que nadie sea capaz de explicar el enigma de vivir a pesar de la enorme gavilla de pensamientos en activo.


No hará falta que insista demasiado para poner de relieve la exagerada propensión a las TERGIVERSACIONES; brotan como un divertimento insustancial, detrás de intereses malsanos, pero también de manera estúpida por una frivolidad indolente. Como auténticos hijos de Satán, contribuimos a una convivencia sin sentido. Quizá sea esto más perceptible en épocas críticas, pandemias o catástrofes; pero se produce en todos los tiempos. Detectamos las supersticiones ahuecadas en su interior, miedos paralizantes injustificados, cientismos deformantes del saber científico, fanatismos endiosados; con orgullosos afanes pedagógicos e impositivos. Como si no fuera suficiente la dificultad para aproximarnos al conocimiento.


Acertaron en eso de suprimir los infiernos abismales, por aquí ya nos circundan cantidad de ellos. Nos atribulan con truenos fragorosos, ejerciendo por detrás los endemoniados más resabiados. El talante de sus actuaciones no se parece en nada al de la sufrida gente corriente. Es alarmante la METAMORFOSIS establecida, donde había creencias, dioses e incluso misterios; ahora son esos pérfidos elementos quienes ocupan su lugar. Podría ser una realidad más a tener en cuenta. Sin embargo, llama la atención el encandilamiento muy extendido entre los sufridores, asumen las consecuencias de esa trama con una tolerancia inusitada. Sus artes maléficas se infiltran en la democracia, el capital, las diversiones, las costumbres, sin réplicas contundentes.


Del acomodo adecuado de tantas imprecisiones, al menos intentando atemperar las discordancias, derivará la consecución de unos HABITÁCULOS confortables. Es notorio el desencanto en este sentido, supera el inconformismo propio del progreso, para convertirse en un lamento extendido por doquier. No es suficiente con esperar al Godot que resuelva esta tendencia, pero no se vislumbran brotes de responsabilidad.


Allá donde desarrollemos las actividades cotidianas, asistimos a un alumbramiento de VÉRTIGOS sucesivos; sin apercibirnos de que estas tribulaciones repercutirán sobre todos, aunque hoy van por barrios. La cultura, el ímpetu juvenil, la experiencia, no consiguen revertir esta tendencia; quedando en el alero el reto de investigar y aplicar los posibles atenuantes.

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