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Otro estatut, otro referéndum y pelillos a la mar

El gobierno sigue su política de duros a cuatro pesetas con el independentismo catalán
Miguel Massanet
lunes, 28 de junio de 2021, 09:59 h (CET)

Bueno, no es que estemos empeñados en insistir en el mismo tema ni que padezcamos (,de momento ) de demencia senil y repitamos siempre las mismas batallitas, es que este Gobierno que tenemos en esta irreconocible España, no deja ni un solo día de darnos motivos para escandalizarnos, para reafirmarnos en nuestra valoración del tema de los indultos y para darnos motivos para que nuestro pesimismo respecto al futuro de los españoles y de nuestra patria se vea, cada día más,  desde un punto de vista de la más completa negrura.


El señor Sánchez, al que mentir le importa un rábano, ha emprendido una campaña, seguramente asesorado por su Pepito Grillo de cabecera, el señor Iván Redondo, encaminada a convencer a los españoles de que lo más conveniente, lo más sensato, lo que va a llevarnos a la reconciliación entre todos los españolas y va a traer la paz a la comunidad catalana, va a ser  la medida de gracia del Gobierno de España consistente en indultar a quienes, sin esconderse, a grito pelado y sin el menor rubor decidieron, unilateralmente, enfrentarse a la nación española, incumpliendo la Constitución y pasándose por el arco del triunfo todas las leyes de la nación española. Unos señores que, lejos de lo que intentan defender los separatistas, fueron juzgados con las máximas garantías, por unos buenos abogados y permitiéndoles ejercer todos los derechos que la Ley de Procedimiento Penal garantiza a cualquier ciudadano que sea sometido a juicio, acusado de un delito.


Ya se está comentando que el Gobierno y los representantes soberanistas de Cataluña están poniendo la primera piedra para la redacción de un nuevo estatuto para que, en él, se vuelvan a recoger aquellos aspectos del actual que fueron declarados inconstitucionales por el TC, por estar en contra de la Constitución de 1978. Recuerden que el mismo señor Sánchez apoyo la aplicación, en su día, del Art. 155 por el que se suspendía de sus funciones a las autoridades que gobernaban la autonomía catalana, precisamente a causa de que era evidente que no estaban dispuestas a cumplir con sus obligaciones como tales. También dijo que, ni en sus malos sueños, gobernaría con el señor Pablo Iglesias y le faltó tiempo para abrazarlo e irse al lecho político con él.  


También está empeñado en convencer a la ciudadanía española de que los que critican su política de favorecer el independentismo de Cataluña y el País Vasco  (una cosa va ligada con la otra) van en contra de la “reconciliación” y que, de lo que se trata, es de desgastar al Gobierno para que no pueda actuar libremente. ¿No será, más bien,que, en su evidente intención de arrinconar a la oposición, de establecer un nuevo cordón sanitario en torno a ella, como fue el caso del pacto del Tinell, de lo que se trata en realidad es de eclipsar, desacreditar y desgastar al PP, a VOX y a lo que queda de Ciudadanos?


Y es que, en este país, las izquierdas han acordado que el “patriotismo” es un tema de las derechas, algo que constituye motivo de escándalo para una sociedad que, no obstante, se muestra comprensiva con el “patriotismo” excluyente de los catalanes respecto a la soberanía de Cataluña; que la bandera española no puede exhibirse por constituir una provocación para el independentismo; que el Ejército no puede ser como cualquiera de otra nación sino que, únicamente, puede actuar como una ONG, no mostrarse en las calles ( saquen ustedes un tanque en las calles de Barcelona y verán la que se arma), ni tan siquiera se le permitiría que tuviese el “atrevimiento” de cumplir con sus obligaciones constitucionales, cuando España se encuentra ante una de las mayores crisis identitarias desde que se proclamó la II República, en abril de 1931. Ya se han ocupado Sánchez y su camarilla, de la que nadie se libra de ser calificado de actuar sin rechistar a las órdenes de su caudillo (incluso personajes que hubiéramos imaginado estar lejos del influjo del despotismo extremo del comunismo soviético, como el señor Duque o la señora Robles, de los que se hubiera podido esperar un poco más de contención y sensatez).


Pero, regresando al tema que nos ocupa, estamos viendo como el aparato propagandístico del Gobierno está forzando la marcha para que, los españoles que no aceptan los indultos de los delincuentes del intento de proclamar la independencia en Cataluña, ahora vean esta medida de gracia como algo normal, conveniente, beneficioso para España y para sus ciudadanos. 


Lo mismo están haciendo con el resto de Europa, una Europa que parece que está entrando en un estado de catalepsia, en el que empiezan a derrumbarse algunos de los principios que fueron la base de su viabilidad y está entrando en una dejación de sus funciones principales, para iniciar un juego peligroso de tribunales supranacionales que, mal informados, constituidos por magistrados de dudosa objetividad y, en ocasiones, procedentes de países de pocas garantías y seguridades jurídicas, cargados de prejuicios; en lugar de ocuparse de las cosas que afectan a toda Europa y de trascendencia global, parece que se han convertido en una especie de críticos, censores y estancias superiores a los tribunales locales de cada nación; una función que no creemos que aporte ningún beneficio ya que, el enmendar la plana a los tribunales nacionales, y en el caso de España una nación democrática que siempre ha gozado de una magnífica Justicia puede, incluso, parecer una perogrullada de preocupante trascendencia.


Pero es que, en Cataluña, la euforia de la liberación de los presos está llegando a niveles que nos hace pensar en que, ni Sánchez, ni Redondo ni nadie de este gabinete de ineptos que nos gobierna, ha sido capaz de medir cuales serían las consecuencias para el país del gravísimo error que acaban de cometer. El panfletario periódico de los Godó, La Vanguardia, se ha constituido en el más feroz de los propagandísticos de la medida de indultar a sus defendidos y ahora ya no paran en cuanto se trata de descalificar a todo lo relativo  a España y a los españoles, sino que, en su absurda postura de arremeter en contra de aquello que les disgusta, la han emprendido con el Tribunal de Cuentas, que tiene incoados expedientes contra cuarenta independentistas catalanes, entre ellos el señor Mas, por las cantidades que, durante el ejercicio de sus cargos públicos, invirtieron en la causa soberanista catalana. En portada una fotografía familiar el señor Junqueras y, en una entradilla:“El Tribunal de Cuentas: la radiografía del nuevo frente del “process” Cuarenta cargos se juegan su patrimonio ante el poderoso y opaco auditor”. Blanco y en botella.


Los directivos de este rotativo saben cómo acusar, sin aparentar hacerlo, de cometer irregularidades y actuar de forma subjetiva en contra de unos señores ¡pobres inocentes, que se gastaron el dinero público de los impuestos de los catalanes, para unos fines que nada tenían que ver con el objetivo verdadero al que estaban destinados según los presupuestos de la Generalitat. Acusan al T. de C. de “poderoso” lo que para cualquiera que tenga conocimiento de la materia es lo mismo que “totalitarismo” y, para acabar de redondear el pensamiento, de “opaco”, lo que entraña algo turbio, poco legal, oscuro y que implica una actuación irregular, ilegal y prevaricadora. No se quedan cortos los periodistas de La Vanguardia en cuanto se trata de cumplir con sus obligaciones y muestras de agradecimiento con la Generalitat, que es la que les subvenciona, cada año, con unos millones de euros para que puedan lanzar su edición en catalán.


No van a dejar títere con cabeza y lo de llegar a una situación de buen entendimiento con los independentistas, no lo van a conseguir si no es mientras vayan cediendo ante las peticiones que les van a ir demandando en la famosa mesa de negociaciones, desde dónde van a tener la ocasión de seguir chantajeando al Gobierno que, como es evidente, va a estar sujeto a esta servidumbre mientras no consiga hacerse con otro valedor que les permita seguir en la poltrona.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, seguimos pensando que la derecha en España se ha despertado tarde, con poca eficacia y, como le ocurre siempre, enfrentada entre sí con el alocado fin de pretender acaparar el resto de votos de los otros partidos de similar pensamiento, sin darse cuenta de que o se unen los tres para hacer un frente común a la izquierda o vamos a tener socialistas y comunistas hasta que Dios decida que ya hemos acabado de pagar nuestros pecados nacionales.  Y una frase breve de Plinio el Viejo: “Vivir es velar”.

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