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Etiquetas:   Pedro Sánchez   Política   Socialismo   Campaña   GOBIERNO  

​Pedro Sánchez: de la oratoria mezquina a la mendacidad compulsiva

“El socialismo es la filosofía del fracaso, ,el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”, Winston Churchill
Miguel Massanet
sábado, 17 de abril de 2021, 04:42 h (CET)

Si alguien no siguiera de cerca la política española, no conociese a nuestra casta de aspirantes a vivir a costa de los contribuyentes y no supiera de las triquiñuelas, malicias, torpezas, indignidades y desmanes de los que son capaces de cometer quienes han hecho de esta clase de vida el motivo de hacerse con un empleo, cargo o beneficio público; seguramente no podrían entender el papel que nuestro presidente del Gobierno, señor Pedro Sánchez, se haya atribuido, motu propio, a sí mismo en la campaña que va a tener lugar, aunque de facto ya hace días que comenzó, para optar a la presidencia de la comunidad madrileña. No se entiende que, teniendo en la persona del señor Ángel Gabilondo,  para optar al cargo que se está dirimiendo, una buena persona pero con algunas salidas de tono que se podrían atribuir a su innata timidez, como candidato oficial por parte del PSOE, al que se suponen cualidades para saber luchar para sacar un resultado, al menos en teoría, discreto, dadas las circunstancias en las que se va a ver obligado a competir, circunstancias que han cogido con el pie cambiado a Ferraz que ha tenido que acudir a la improvisación ante una convocatoria electoral para la que, evidentemente, no se encontraban preparados,; y es por ello que, el señor presidente, haya decidido tomar la iniciativa y anular a su propio candidato, para ser él quien se enfrente directamente, con todo el poder del Estado y de la prensa a sus espaldas, a la señora Ayuso, aunque nos parece que, en esta ocasión, tiene un hueso duro de roer.


Ya se sabe que, como personaje de impulsos repentinos, como experto en la chapuza y en la jugada a corto, y disponiendo de la impagable ayuda de otro personaje, émulo dignísimo de aquel famoso Rasputín de la corte del Zar, el señor Redondo, un sujeto que, como todos los que se dejan llevar por sus ambiciones desmedidas, es capaz de maquinar las peores indignidades, bajezas políticas, trucos viles y mezquindades sin inmutarse,  para contribuir a allanar el camino de su mecenas y señor, Pedro Sánchez, para que, sin tener en cuenta los intereses del pueblo español, su futuro, su estabilidad económica, la garantía del trabajo para los ciudadanos, el progreso de la nación y, por encima de todo, los principios morales y éticos en los que se basa nuestra actual Constitución de 1978; el actual presidente del Gobierno se asegure permanecer en el cargo pese a quien pese,  pase lo que pase y aunque para ello tenga que sacrificarse la unidad de España, los derechos fundamentales de los españoles y el mismo régimen político, como monarquía parlamentaria, del que hemos estado gozando hasta ahora.


Sin embargo, es muy posible que, en esta ocasión, los planes del señor Sánchez no hayan estado lo suficientemente madurados, quizá por la premura de tiempo y la improvisación, un factor que, en ocasiones, puede resultar muy inconveniente; les pueda jugar una mala jugada a la estrategia de este dúo de conspiradores. El hecho de implicarse directamente, asumiendo el protagonismo absoluto en esta disputa por la presidencia de la comunidad madrileña, es muy posible que comporte un riesgo añadido para el prestigio de la figura del presidente. Aclaramos: si las cosas no le salen como él seguramente tiene previsto, no va a ser el señor Gabilondo quien haya fracasado ni el culpable de haber llevado la campaña de una forma equivocada porque, señores, en el supuesto de una victoria abrumadora de la señora Ayuso, algo no descartable, la figura del señor Sánchez va a salir muy perjudicada, no sólo por lo que pueda serlo en la comunidad madrileña, sino que la repercusión del fracaso, si se produce, repercutiría en su credibilidad en todo el resto de España.


Quizás, él y Redondo, no hayan querido valorar sus fracasos repetidos en las comunidades de Murcia y Castilla y León, en sus respectivas mociones de censura y, por supuesto, la forma en la que la señora Ayuso fue capaz de desbaratar el plan de presentar otra moción en la comunidad madrileña. Quieran o no, la fama de imbatible que se le venía atribuyendo al señor Redondo ha quedado tocada y no sabemos si hundida. Ya nadie está convencido de que una vitoria del socialismo en la comunidad de Ayuso sea tan fácil ni de que, aún sumando a todas las fuerzas de la oposición, menos VOX, les permita desbancar al PP de una comunidad en la que llevan gobernando durante 26 años. Es cierto que P.Sánchez es un experto en mentir, engañar, contar trolas y formular acusaciones falsas que, luego, se desmienten. Pero en el caso de sus intervenciones atacando, sin orden ni concierto, las actuaciones de la señora Ayuso tanto en cuanto al tratamiento de la pandemia del Covid19 como en lo que respeta a la administración de la comunidad, no puede ser más deslavazada, inexacta, tendenciosa y rotundamente falsa. Hasta el señor Gabilondo se ha tenido que callar y los datos que ha pretendido dar Sánchez han sido desmentidos oficialmente, cuando se han atribuido a la comunidad madrileña datos absolutamente falsos sobre la incidencia del coronavirus en contagios, ingresos en UCI y fallecimientos. Lo más llamativo del caso es que los datos oficiales que se dan desde el Gobierno hablan de unas cifras de muertes irrisorias en todo el territorio nacional, que han sido desmentidas desde el resto de instituciones que han llegado a valorarlas por encima de los 105.000 fallecidos. La doble vara de medir aplicada por el señor presidente para descalificar a la señora Ayuso, queda descalificada y puesta en cuestión ante la cantidad de mentiras interesadas dadas oficialmente por el señor Fernando Simón, que sigue en su puesto pese a sus errores garrafales y las veces que ha mentido deliberadamente al pueblo español.


Y un apunte breve respeto a esta campaña de las izquierdas en contra de la monarquía. Lo he repetido en numerosas ocasiones: no soy monárquico ni pretendo defender una institución que, con el tiempo se puede considerar caduca. Ahora bien, en el particular caso del rey Felipe VI se puede decir que está capacitado, independientemente de la sangre real que corre por sus venas, lo mismo o más que lo podría estar un presidente de república elegido democráticamente. Digo más, creo que es uno de los presidentes de Estado más formados y capacitados de todos los que están actualmente al frente de sus respectivas naciones. Sólo los comunistas negacionistas de cualquier mérito que se le pudiera atribuir al monarca o los separatistas que ven e n la persona del rey como un obstáculo infranqueable para obtener su aspirada independencia, pueden estar empeñados en, en unos momentos en los que España no está preparada para un cambio de régimen, cuando el comunismo da muestras de pretender acabar con la democracia que, a duras penas, se sostiene pendiente de hilos, pretender dar la vuelta a un estado que amenaza con caer en las garras del comunismo bolivariano, exportado de la Venezuela dictatorial del señor Maduro, sería tanto como despeñarse voluntariamente al precipicio de la catástrofe.


España, ante la ceguera de muchos que parece que están en la inopia más absoluta, se está enfrentando a un tipo de gobierno, el socio-comunista que actualmente dirige la política del país, que está poniendo toda la carne en el asador para poner a los tribunales, jueces, fiscales, Consejo del Poder Judicial, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional, bajo el control del Gobierno, de modo que pronto, de no tomarse las medidas adecuadas para impedir que esto suceda, nos vamos a encontrar con una España en la que todo el poder de decisión va a quedar en manos de quienes no tienen intención alguna de que la democracia de las urnas siga vigente.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, observamos el momento con preocupación, convencidos de que inexorablemente se nos está llevando a un punto de no retorno sin que, ni el PP ni el resto de partidos de la oposición parezca que se atrevan a otra cosa que a elevar en el Parlamento tímidas protestas, ineficaces reprobaciones y enfrentamiento fratricidas con el resto de la derecha, cuando no colaboran con  las leyes que promulga el gobierno, como ha sido el caso de esta nueva ley de la infancia que no podemos comprender como el PP no se haya dado cuenta de las trampas que se han colado en la misma, en contra de la facultad constitucional de los padres en cuanto a la custodia, tutela y protección de los derechos de sus hijos. Esperemos que VOX la recurra. Y la frase habitual, en esta ocasión, se la debemos a Confucio: “No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos nosotros”

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