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Opinión
Etiquetas:   Social   Miedo   Religión  

Vencer el miedo

El miedo nos hace ver la realidad más dura de lo que es
Octavi Pereña
martes, 5 de junio de 2018, 11:54 h (CET)

El periodista Fernando García le hace a la actriz madrileña Belén Rueda algunas preguntas sobre el miedo. Una de ellas es: ¿El miedo de no poderse ganar las algarrobas puede ser peor que el que provocan sus películas? La respuesta que llega: “La idea de perder el trabajo es terrorífica: Pensar que no llegas a fin de mes y no puedas pagar las facturas…No es tan diferente de lo que vemos en estas películas, no. La diferencia es que los filmes producen un sobresalto que pasa, mientras que el miedo laboral es continuo: te levantas a la mañana con la preocupación, no duermes”.


Otra pregunta que el reportero le hace a la actriz. ¿Vivimos en una época de miedo? Respuesta: “El miedo en una sociedad no se pierde nunca. Debido a una horrible tradición los gobernantes nos escatiman información para que haya incertidumbre y, por lo tanto miedo. Porque gobernar es mucho más fácil con el miedo que con claridad. El resultado final sería mucho mejor con transparencia. Así todos seríamos partícipes de los resultados buenos o malos. Pero de esta manera se aseguran mejor el control. La frase “La información es poder” es muy cierta. Como menos información des más miedo provocas”. Refiriéndose a los políticos el entrevistador le pregunta. ¿Quiere decir que los políticos atemorizan? Respuesta: “Muchas veces sí, en unos casos de manera explícita y en otros a través de la inseguridad laboral, la inseguridad sanitaria, educacional…” La actriz afirma: “Lo que me gusta son los guiones que exploran la mente humana, que es compleja y reúne muchos miedos, las represiones, los golpes de la vida y las preocupaciones diarias que no conseguimos exteriorizar en el momento se convierten después en algo más oscuro. Estas películas van de esto. Por otro lado, si me preguntan si soy miedosa respondo que el miedo llega cuando no sabes lo que hay detrás de la puerta, una vez la abres y compartes los temores, el miedo se marcha”.

H. P. Lowecraft, escritor de novelas de terror, dice: “El miedo es la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad”. Debe irse a los orígenes de la humanidad para descubrir el instante en que se presentó el miedo. El hombre no fue creado teniendo miedo de su propia sombra. Es un sentimiento que se adquiere debido a la desobediencia de Adán. Mientras no había degustado el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, el miedo era un sentimiento desconocido porque Adán y Eva caminaban con Dios. Mantenían con el Creador una relación íntima, sin ningún estorbo. Con la ingestión el fruto prohibido el panorama cambió: “Y oyeron la voz de Dios que se paseaba por el huerto, al aire de día, y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. Mas el Señor llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo y me escondí” (Génesis 3. 8-10). El miedo es la consecuencia directa de haberse roto la relación con el Creador. Dios habría podido dejar a nuestros primeros padres abandonados a su suerte. Pero no lo hizo. Les reveló la manera de cómo podrían volver a caminar con Él. Todos los simbolismos y las profecías apuntan hacia Jesús que es el camino, la verdad y la vida que conduce al Padre (Juan 14:6).

En concreto el libro de Salmos es un antídoto contra el miedo. Son las plegarias que hombres de fe dirigen al Señor especialmente en momentos de tribulación. En ellas encuentran la paz del alma porque el Señor es su Ayudador. Encuentran protección bajo las alas protectoras del Todopoderoso. Muchos conocen los salmos de oídas, pero ignoran el poder curativo que tienen para vencer el miedo. Los salmos ponen de manifiesto que sus autores caminaban con Dios. Hay un salmo que no es un desconocido porque a menudo se lee en los funerales, se lo edita en los recordatorios y se lo recita en los westerns cuando hay algún entierro. Es el Salmo 23 que se reconoce como el El Señor es mi Pastor. Desgraciadamente se lo recita a menudo dándole un sentido equivocado. Los difuntos no necesitan el Salmo 23 por la sencilla razón de que cuando alguien fallece su destino eterno queda sellado para siempre. Ni las misas, ni las oraciones, ni las bulas papales sirven para alterar el destino de los fallecidos. Los justos gozando para siempre de la presencia de Dios, los injustos de la condenación eterna. Ahora no nos interesan los muertos. Lo que nos preocupa son los vivos y el problema del miedo.

El Salmo 23 lo escribió David que manifestando la calidad de su fe se dirige al Señor como: El Señor es mi Pastor nada me faltará. Perseguido y encontrándose en un lugar inhóspito, sin agua y sin alimentos puede escribir que no le faltará nada porque el Señor es su Pastor que vela por él en los momentos difíciles. “En lugares de delicados pastos me hace descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su Nombre. Aun cuando “ande en valle de sombra de muerte, porque tú estás conmigo. Tú vara y tu cayado me infundirán aliento”. Como David podemos atravesar situaciones parecidas a un “valle de sombra de muerte”. Lo cierto es que la fe en Jesús que es el Buen Pastor, el Dios Todopoderoso nos librará del miedo. Que Jesús no tenga que decirnos lo que le dijo al apóstol Pedro cuando impidió que se hundiese en las aguas turbulentas del Mar de Galilea: “¡Hombre de poca fe! Por qué has dudado?” (Mateo 14: 31).
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