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Henry James. En la jaula

“El cielo gobierna los acontecimientos del mundo sin ser visto; esta acción oculta del cielo es lo que se llama el destino”, Confucio
Francisco Vélez Nieto
miércoles, 16 de noviembre de 2022, 13:30 h (CET)

La densidad de esta narración, como en toda la obra de H. James 1843-1916, se apodera del lector desde la primera página. Ese logro alcanzado con la elaboración literaria del personaje de una joven telegrafista, ocupará toda la atención del lector a medida que la narración va describiendo con minuciosidad su lugar de trabajo, ese entorno y ambiente que una joven silenciosa de sensibilidad extrema, respira dentro de la “jaula” y fuera de ella. 


Nuestra protagonista, asume por necesidad interna un papel con el que no sentirse ahogada en la rutina gris de su trabajo. Por eso, ha venido creciendo paulatinamente el interés por ese otro mundo exterior interpretado por otra clase social diferente pero paralela, que se encuentra fuera de su metro cuadrado y de su status, que ella tiene claro que es diferente, inalcanzable, pero con el que existe la relación anónima de los servicios. Y ese mundo tan lejano, es el que desde una simple rutina cotidiana se acerca cotidianamente a la oficina de correos, “la jaula”, para enviar unos telegramas en fechas alternas.


Es esta historia algo semejante a una vida de ficción dentro de la realidad, porque tal vez sin ella ninguna existencia pueda tener sentido, lograr mantenerse viva. Se trata de esas ficciones donde el ser humano se introduce con aquellos sueños de los que se alimenta para sobrevivir y no naufragar en la desolación de una rutina y la miseria diaria de la sociedad. Esta heroína de lo imposible, confinada en su reducido espacio de trabajo, donde debe de releer los mensajes de los clientes antes de enviarlos a otros mundos; saludos que pueden ser felicitaciones, desgracias, confidencias de amores en claves con el peligro de las infidelidades, rellenan su hastío y anonimato, preocupada en descifrar los oscuros textos de esos envíos con stop, intentando ver que hay detrás de ellos, sus secretos e intimidades, de una alta clase social tan lejana y diferente a la suya.


Entre sus distinguidos clientes del elegante barrio donde está situada la estafeta de correos, se encuentra un apuesto joven capitán que es el que despierta su interés y la creación de sueños, Siempre llega a la estafeta de correos junto a una mujer llamada Cissy que a veces firma los telegramas con distinto nombre. Todo esto va desbordando la imaginación de esta empleada soñadora ya preferida por el lector, que escapa de la jaula, creando ella misma una relación secreta, con la que ya los textos que irán enviando estos dos personajes serán sometidos a un seguimiento íntimo. Porque su vida ya forma parte de ese juego pero no solamente de una manera un tanto ilícita por procurar descifrar a estas personas, sino que al ir memorizando los textos de los telegramas entra dentro de sus contenidos, al mismo tiempo que va componiendo paralelamente todos los misterios que puedan encerrar. Es cuando ella percibe el peligro existente y como personaje ya no ajeno a esas ensoñaciones convertidas en realidad decide intervenir.


Este peligro es real existe, lo que hace que los personajes de fuera, el apuesto capitán que representa una distinguida clase social, necesite a nuestra joven protagonista que ha ido hilando sus vidas secretamente, metiéndose en ellas, componiéndolas con su imaginación desde la cotidiana jaula de trabajo, asumiendo inquietudes y especulaciones. Una labor donde es muy consciente del papel que se juega, la aventura, ese ambiente social exterior al que no pertenece, pero que el vacío rutinario de su vida, las insatisfacciones, accidentalmente la han integrado como protagonista primordial para subsanar un delicado y grave error. La recuperación del texto de un telegrama cuyo contenido puede incitar serios problemas. Se trata de un envío ya caducado, por lo que la copia ha sido destruida. La urgencia de recuperarlo sofoca e inquieta al personaje masculino. Es entonces cuando la memoria de la joven de la jaula recupera el texto, al haberlo conservado en su mente. El apuesto capitán respira, se siente liberado de una grave situación. Eliminada la amenaza de grave riesgo, da las gracias a la empleada de la estafeta de Correos y desaparece para sumergirse en su mundo social, tan distante, tan diferente del de esa soñadora.


Nada sorprende a esa joven anónima, pues no se conoce ni su nombre a lo largo de toda la obra. Ella es consciente de las diferencias sociales, la barrera que separa cualquier ilusión, de igual manera que es capaz de analizar con sentido crítico la enorme injusticia social que existe: “El aroma llegaba a la nariz de esta observadora; sin embargo, no podía arrancar jamás siquiera una margarita. Lo única frescura en su penosa rutina diaria es la inmensa disparidad, la diferencia y el contraste de clases, entre instantes y movimientos” No está enajenada, deslumbrada por un sueño, sabe muy bien que para esa clase “no es más sentimiento que un buzón”. Estamos ante la novela corta de Henry James que ofrece al lector en esta historia ejemplar, una ocasión de conocer a un Henry James social, moviéndose entre las clases asalariadas y ociosas con una precisión propia de su capacidad de observación y minuciosidad narrativa.   

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