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Francisco Vélez Nieto
Francisco Vélez Nieto
El maestro siciliano nos lleva a recordar los años crudos de un tiempo de riesgo y de lucha contra la dictadura, que hoy descansa en paz

Andrea Camilleri

Comentar al inicio de este nuevo año en el que nos agarramos a las esperanzas de ver si podemos ir respirando –con mascarilla- esta cruel agonía de la pandemia del coronavirus y la de “toma el dinero y corre”, más el aburrimiento político. Luego, que mejor que dedicar este artículo literario a la obra póstuma del maestro de la novela negra, Privado de título. Historia donde el fino humor crítico muestra la realidad y el deseo de contar con autenticidad las situaciones y secuencias de los aspectos más oscuros y dolorosos de los factores humanos.


Una tragedia que alcanza esa capacidad narrativa que confirma categoría y elegancia de fina crítica que mantiene al lector un póstumo retrato de la sociedad en que se vive, sin perder el juego narrativo de un siciliano de alma pródiga. La investigación de unos hechos verídicos acaecidos durante las primeras décadas del siglo pasado, exponiendo sin remilgos la capacidad del poder político para envolver la realidad en un manto de mistificación y retórica exaltadora. Hasta el punto de elevarla al límite del absurdo.

Corre el año 1941 cuando el narrador asiste con sus compañeros de colegio a la conmemoración de la muerte del joven Gigino Gattuso, "el único mártir fascista siciliano", que veinte años atrás había caído durante un enfrentamiento con un grupo de militantes comunistas. Paso a paso y detalle a detalle, como si de una moviola se tratase, el autor repasa la secuencia de los acontecimientos, alternando la malicia burlona con una magnánima compasión por las víctimas de los dos bandos, a su manera sorprendente. Tan inocente es el comunista inculpado como el difunto fascista, obviamente ajeno a la póstuma conspiración política que lo despojó de la dignidad de simple muerto «sin título». Y como si el relato de esta farsa no bastara. "Camilleri añade, a modo de colofón, la monumental fantochada que supuso el proyecto Mussolinia, la ciudad-jardín ideada por los jerarcas de Caltagirone para dejar testimonio eterno de la gloria del Duce".

Editada en español por Salamandra -traducción de María Antonia Menini Pagès-, Camilleri construyó "un extraordinario rompecabezas cuyas piezas no encajan hasta la última línea de la novela póstuma”. Uno de los grandes maestros de la novela negra nos lleva atrás en el tiempo de su inicio como escritor y a quien expreso mi agradecimiento inolvidable.

En este texto Camilleri, creador del comisario Montalbano con el que publicó 44 títulos más uno inédito que pidió que apareciera de forma póstuma, resumía el origen y el desarrollo del género en Italia y reflexionaba sobre sus características temáticas y narrativas. El fantástico comisario tiene su origen en el inolvidable escritor nacido en Cataluña, Manuel Vásquez Montalbán. Cuya riqueza y variedad de estilo en la novela lleva a Camilleri a admírarlo de tal manera, que con el segundo apellido Montalbán bautiza a su famosísimo comisario Montalbano. La memoria me lleva aquellos años de la revista Triunfo, de profundos valores literario y humanos, y a recuerdos como los asesinatos ordenados por el Generalísimo, la peluca de Santiago Carrillo. Así como a autores Eduardo Haro Tecglen o Javier Pradera, íntimo camarada de Jorge Semprún.

El maestro nos lleva a recordar los años crudos de un tiempo de riesgo y de lucha contra la dictadura, que hoy descansa en paz. Aunque su evangelio continua vivo en los nostálgicos herederos que la mantienen viva y desafiante. Camuflados y disfrazados de democracia. Olvidando que no son otra cosa que cazador cazado en su esperanzada altura política. No hablemos de la ética y la estética.
Portada. Privado de tu00edtulo, de Andrea Camilleri. Narrativa Salamandra


Artículos del autor

Debemos reconocer que esta lectura nos lleva a la reflexión sobre si nuestro quehacer de la propiedad real de nuestra estancia es una constante transformación y enfrentamiento con lo que es considerada la verdad histórica de nuestra razón interpretativa social y religiosa. Paralelismo que resulta ser una actitud desafiadora que descompone el poder enorme de la mentira. Protagonista de las normas establecidas, para así mantener el curso de nuestra existencia con argumentos muy discutibles. Interrogación manifiesta de la Iglesia inalterable y las fuentes de donde surge fruto de una meditación laica del otro lado de la historia de la religión.

No quiero entrar en si algunos de los muchos espías que circulaban hace años por aquella Europa dividida, entre la democrática y la del “socialismo real con la creación de un hombre nuevo”, como una vez derrumbado el Muro de Berlín parte de ellos se vieron obligados de ir al paro.

Me siento ciudadano demócrata condenado a morir a tiros cualquier día de estos que usted decida tirarse al monte y tirotear con fuego real a más de veinte millones de españoles entre los que encuentro, en un albedrío más que insólito. Y uno se interroga ¿qué se puede hacer?

¿Podemos olvidar a Julio Cortázar y sus Historias de Cronopios y de Fama o Rayuela.“Nos parece que no se puede atribuir un apodo cualquiera a alguien que deberá absorberlo y sufrirlo como un atributo durante toda su vida”. La vida de Cortázar es toda una perseguidora de la palabra.

De manera que dicha situación inicia su andadura tensa cuando aparece un primer cadáver y la capacidad profesional de Mason se sitúa como el de un equilibrista sobre el alambre a diez metros de altura la pista del gran circo de lo humano. Sin embargo no tarda mucho la aparición, de forma extraña y confusa del primer cadáver.

Carlos Fuentes, el gran escritor ya fallecido, con la brillantez que caracteriza su escritura, nos confirma como Cervantes y don Quijote son la constante advertencia de que "el lenguaje es cimiento de la cultura, puerta de la experiencia, techo del mundo, azotea de la imaginación, recámara de amor y, sobre todo, ventana abierta al aire de la duda, la incertidumbre y el cuestionamiento”.

Ninguno de nosotros volverá, es una obra tan sumida en el sufrimiento, que recomendaría a todos los géneros humanos y muy especialmente al feminismo de agitada actualidad por considerar su memoria del cercano pasado.

Esparcidos desfilan por un escenario los más variados personajes entre los que sobresale la idiosincrasia de la fiel secretaria Della Street dueña y señora de una intuición protectora hacia su jefe, que sin dudar de la capacidad y constancia de nuestro Perry Mason qué sería si perdiera tan fiel observadora crítica.

 
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