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Francisco Vélez Nieto
Francisco Vélez Nieto
Adioses que no se olvidan, que no se olvidan por estar falto de ellos, en este inmundo mundo

En este libro, Santos Juliá cuenta la recuperación de la palabra del hombre, entre el adiós la permanencia, de Javier Pradera, el intelectual que nos ha dejado rica obra y talante ético.


El libro entre las manos, abierto sencillamente como lector para iniciar la lectura de la bien ajustada obra de Santos Juliá en la que cuenta la recuperación, entre el adiós y la permanencia de Javier Pradera, el intelectual que nos ha dejado su rica obra y talante ético, igual a hoja perenne del compromiso de un escritor: expresión y hondura inolvidable. Obra en la que haya rica muestra del justo reconocimiento a aquello que confirma los valores de su palabra escrita. Empaque mesurado para todos los que deseamos continuidad fiel y reconocimiento a Javier Pradera su pensar y actuar, en una sociedad donde cada día el ejercicio de la ética personal y social sufre descarada ofensa e insistente y duro castigo por parte de la cofradía de los mediocres y nostálgicos del nacional catolicismo, de ese ayer que amenaza volver y que imitan con empeño y fervoroso rebuzno los aburridos mandatarios propios de escena quijotesca.


Esta obra con el título acertado de Camarada Javier Pradera salida de la serena pluma de Santos Juliá sustenta como eje central del libro los diez años de Pradera como militante activo y arriesgado del Partido Comunista de España (1955-1965). En ella analiza “la educación política” del escritor y ensayista, incansable defensor de la democracia en el más amplio sentido crítico y de absoluta transparencia siempre necesaria, especialmente en la actualidad degenerativa que vivimos, práctica en gran medida de una herencia nacida con claros intereses calculados desde el modelo de que España es un país de conversos y políticos de oficio y palabrería, que una y otra vez tropiezan con miopía calculada en la misma piedra. Señores y súbditos bajo protección divina.


En su lectura encontramos el discurrir de una militancia y planteamientos del transitar histórico del hombre político que fue este defensor de las libertades y el derecho a la crítica de la razón pura así como la autocrítica, junto aquellos otros que de diferentes formas y circunstancias, dentro y fuera de España, conocieron y experimentaron, algunos en sus propias carnes, el proceso del PCE en 1964 que años antes 1954, comenzaría para el “político e intelectual” con la aparición de Federico Sánchez, falsa identidad con la que operaría en la clandestinidad, el verdadero Jorge Semprún, en el escenario madrileño en el que discurrió la actividad clandestina que los llevó a una estrecha amistad, alimento continuado con un alto nivel de análisis y criterios que fueron creando polémica intelectual y al mismo tiempo, dada las cercanías por afinidades ideológicas, consolidando una estrecha fraternidad, la cual no se rompería pese a la ruptura con la expulsión de Jorge Semprún junto a Claudín del partido comunista de Espasa, la mente más clara dentro de PCE, decisión tomada por el ínclito Santiago Carrillo como secretario General, en un choque frontal entre la anquilosada línea política de Secretario General y la realidad de aquella España de los sesenta en la que el turismo y las remesas de emigrante enviadas a su familiares, hacían imposible la insistente ambición de la “Huelga General” para derribar la dictadura franquista.


Realidad política que Jorge Semprún, mirando en 1996 hacia atrás como solía, sitúa en 1960 la completa extinción del fuego de su primer fervor militante y asegura que ya en esa fecha no esperaba nada realmente creativo de la práctica del marxismo y hasta le parecía que en 1960 “la clandestinidad española”, fraternal y pródiga en riquezas emocionales dejaba traslucir sus defectos de ritual y rutina. Y esto se tiene que decir y reconocer, eso sí, con todo el respeto hacia aquellos militantes comunistas que tanto dieron y sacrificaron, incluso sus vidas, contra una dictadura brutal. Cuando en el caso de Javier Pradera siempre mostró su conciencia y entrega antes por el partido que por una democracia fingida.


Camarada Pradera reúne pasión y la vehemencia comedida, sin victivismos, entrega a una causa necesaria y justa sin por ello deteriorar la calidad humana, intelectual y, por qué no señalar, literaria, de su directa y siempre sopesada y expresiva pluma sin por ello desdoblar la firmeza de las ideas. Así se muestra en la correspondencia que mantuvo con quien llegó a ser su mejor amigo en la clandestinidad y posteriormente, Jorge Semprún, con un “periodo de posiciones opuestas”. Mas son muchas las pruebas que se exponen y plantean en el libro con realidades bien documentadas no faltas de amenidad, un capítulo de una gran importancia de la historia de la España de los sesenta hasta muy adentrada la transición de dictadura a democracia. Diez años cruciales en la historia, historia del PCE, en la vida de Javier Pradera, en la historia de España.

Artículos del autor

“Don Quijote soy, y mi profesión la de andante de caballería. Son mis leyes el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y de la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil". Razones juiciosas estas del Caballero andante, sutíl escudero Sancho bien que la conocía en muchos de los capítulos de esta obra que nunca envejece.

La densidad de esta narración, como en toda la obra de H. James 1843-1916, se apodera del lector desde la primera página. Ese logro alcanzado con la elaboración literaria del personaje de una joven telegrafista, ocupará toda la atención del lector a medida que la narración va describiendo con minuciosidad su lugar de trabajo, ese entorno y ambiente que una joven silenciosa de sensibilidad extrema, respira dentro de la “jaula” y fuera de ella.

En más de una ocasión suelo insistir en la necesidad de la relectura pues aumenta el gozo y descubre nuevas luces y leer es volar hacia universos, lo que resulta propicio al compás del tiempo tallador de la vida que se nos va arrugando. Sólida razón que le hace a uno ser más exigente en cuanto a gustos y placeres de ese deleite que es la lectura de calidad.

La poética de Carmen Ramos siempre lleva consigo en sus versos el tiempo vivido mostrando la experiencia del sentimiento, tanto en lo propio como en lo cercano y ajeno, representando que lo hace partícipe de esa experiencia que representan sus versos.

En la novela de Thomas Mann “Carlota en Weimar” escrita en 1939, durante su destierro voluntario huyendo de la Alemania dominada por Hitler, el tema gira alrededor de la elevada cultura espiritual de la época de Goethe y la barbarie del nazismo.

Las mujeres secaban el pimiento. De entre ellas eligen a la más jovencita para que pose ante tan ínclito general. Las jóvenes eran conocidas como las pollitas. Y el general la pone a su lado y coge su mano para la foto. Una foto histórica para la prensa saliendo con un pie de foto explicando: ”El general Queipo de Llano con la pollita en la mano en La Pimentonera´.

Los poemas de Brecht, dadas las circunstancias tal como vivimos en el espacio que nos facilitan los poderes establecidos, misteriosos y con acólitos de corazón de madera y talonazo con brazo de cara al sol, son de cuidado, de aquí la necesidad de acudir a los poemas de Brecht, un autor, clásico perenne, para el que no se necesita diccionarios.

 
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