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Fidelidad

​"Quien quite o añada palabras de la Biblia, Dios borrará su nombre del Libro de la Vida"
Octavi Pereña
lunes, 14 de noviembre de 2022, 10:08 h (CET)

Según Joan-Enric Vives, arzobispo de Urgell, el papa Francisco  el 29 de junio publicó la bella carta apostólica Desidero desideravi sobre la formación litúrgica del pueblo de Dios con lo que quiere “invitar a toda la Iglesia a redescubrir, custodiar y vivir la verdad y la fuerza de la celebración cristiana”. “La liturgia”, dice el arzobispo, “es el don de la Pascua del Señor que cuando lo aceptamos con docilidad, transforma toda la existencia… Para curar la mundanalidad que se ha introducido en el seno de la Iglesia i, por lo tanto, también en la liturgia, es necesario redescubrir la belleza de las celebraciones”. Santo Pablo VI afirma que “la liturgia es la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual, el primer don que podemos dar al pueblo cristiano”. Conclusión: sin liturgia no hay vida espiritual.


Los antiguos israelitas recibieron de Dios por medio de Moisés instrucciones muy precisas de cómo celebrar la liturgia. El culto era muy elaborado. No debe olvidarse que los males que le sobrevinieron a este pueblo no fue por haber descuidado la liturgia sino por haber abandonado a Dios y fornicado con los dioses de las naciones vecinas. Se tiene que destacar que el arzobispo de Urgell citando al papa Francisco, escribe: “Pide también, abandonar las polémicas para escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia manteniendo la comunión y la admiración por la belleza de la liturgia, bajo la mirada de María”. Dudo que el Espíritu Santo haya bendecido dicha declaración.


Ni los profetas del Antiguo Testamento, ni Jesús, ni los apóstoles, ni la iglesia apostólica, no dicen nada respecto a la liturgia como fuente de vida espiritual. Los profetas tenían puesta la mirada en el Mesías  que tenía que venir. Jesús afirma de sí mismo: “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí, aunque muera vivirá” (Juan 11: 25). El mensaje apostólico se puede resumir en  las palabras del apóstol Pedro: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros  los edificadores, la cual ha venido a ser Cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 11, 12).


El apóstol Juan inspirado por el mismo Jesús escribe un mensaje a cada una de las siete iglesias de Asia que corresponde a la actual Turquía. Cada una de ellas tiene cosas buenas y malas. Sobre la capa de la Tierra no existe ni una sola iglesia perfecta. A la iglesia en Éfeso después de alabarla le dice: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2: 4).


La Iglesia Católica sigue teniendo mucho poder temporal, pero, la escasez de sacerdotes, ¿no es una señal de que se encuentra en decadencia y que se acerca la hora de desaparecer como ocurrió con las siete iglesias en Asia por haber “dejado tu primer amor”? Fomentar la liturgia bajo la mirada de María no es la manera de promover vocaciones pastorales.  El Espíritu no puede tolerar tal irreverencia al Señor. Antes de que sea demasiado tarde Jesús le dice a la Iglesia Católica: “Recuera, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras, pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieses arrepentido” (v. 8).


Es muy posible que la Iglesia Católica como institución haga oídos sordos a la invitación de Jesús de arrepentirse por haber  abandonado “las primeras obras”. El mensaje que Jesús envía a la iglesia en Éfeso va dirigido a personas: “El que tenga oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza le daré a comer del árbol de la vida, el cual  está en medio del paraíso de Dios” (v. 7). El fiel católico debido al mensaje maligno que le transmite  su Iglesia no tiene la certeza de su salvación. La sombra de la duda le es permanente. El hecho de que la Iglesia Católica haya abandonado la pureza del Evangelio tiene sus consecuencias nefastas.


El creyente católico tiene a su alcance la posibilidad de disponer fácilmente de un ejemplar de las Sagradas Escrituras que detallan “las primeras obras” que ha de recuperar. Leerlas  atentamente le mostrará al lector lo lejos que se encuentra la doctrina católica del mensaje evangélico. Abra el lector el Libro de Dios. Ábralo y acompañe la lectura con la petición de que el Espíritu Santo le dé la sabiduría entender la lectura. Jesús que es el Señor de la Iglesia y que es misericordioso dará respuesta a la súplica: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1: 5, 6).

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