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Un periodista de La Vanguardia aboga por una justicia populachera

Para Llatzer Moix: “En una sociedad libre, los tribunales no deberían fallar contra el sentir de la mayoría social”.
Miguel Massanet
lunes, 15 de agosto de 2022, 10:59 h (CET)

A nadie que siga la política, que esté al tanto de lo que sucede con el independentismo catalán y que no tenga la tentación de dejarse engañar por voces de sirena, por supuesto alimentadas por aquellos que llevan años al servicio de la ruptura de Cataluña con el resto de la nación española; le puede extrañar que, de los artículos de algunos de los más inveterados periodistas del rotativo panfletario, La Vanguardia, aparezcan las más peregrinas ideas, salgan las propuestas más descabelladas, se recomiende lo menos razonable y, en ocasiones, también se deje que el fanatismo de cada uno de ellos se anteponga a la razón y, lo que pudiera ser peor, al sentido común que toda persona que presume de culta debiera tener.


El hecho de que el señor Moix sea un periodista que lleva en el oficio largos años no es óbice para que, cuando se mete en temas que no son de su especialidad, tenga lo que, para muchos,  podría calificarse de “ideas de cabo furriel”. El que, en un solo párrafo pueda unir tantas cosas absurdas se podría considerar un mérito si no fuese porque hay personas que lo leerán y puede que hasta lleguen a compartir su forma antidemocrática de pensar. Y decimos antidemocrática porque lo que se deduce del parrafito en cuestión es que, los jueces, antes de dictar sentencia, de aplicar las leyes que parlamentariamente se han establecido, sería preciso que se celebrara un referéndum de toda la ciudadanía para que los que imparten justicia supieran, en cada caso, lo que el pueblo soberano, en su mayoría total piense al respecto. No habría otro medio para conocer realmente cuál es la opinión mayoritaria.


Sería tal el desconcierto, tan lentísima la aplicación de la justicia y tan injusta para aquellos que piden obtenerla que, de seguir la propuesta de este señor, el colapso que se iba a producir en juzgados y tribunales, acabaría de hacer imposible la labor judicial. Claro que el señor Moix, siguiendo las líneas del rotativo catalán, lo que intenta es justificar la actitud de los abortistas estadounidenses, encabezados por el “católico” señor Biden, que están empeñados en desautorizar el TS de la nación americana por haber fallado en contra del aborto, una de las prácticas más abusivas, absurdas y criminales que se han implantado con el apoyo de la ONU y de todas estas organizaciones feministas, empeñadas en desnaturalizar la función más representativa del sexo femenino que es,, precisamente, la gestación y la reproducción de la especie.


Creemos que, en este caso, el periodista confunde la opinión de una mayoría social con lo que exponen determinados medios de la prensa o algunos partidos políticos. No es lo mismo, ni mucho menos, y se equivocaría quien pensase que, en los mismos EE.UU, no exista un gran número de mujeres, que no gritan ni salen a la calle, que opinan que el aborto es una crueldad innecesaria y que esta práctica es la muestra del egoísmo de muchas mujeres, a las que su degeneración mental les pinta, como una carga y no como una suerte, el poder concebir un niño.


Es curioso y muy de lamentar el que tantas personas ajenas a las leyes, los tribunales y los encargados de aplicar la Justicia, tengan la tentación de pontificar, emitir opiniones y pretender informar al pueblo sin tener en cuenta que, aquello sobre lo que están opinando puede tener otros puntos de vista, otras vertientes y otros enfoques que puede que hagan imposible un análisis somero y una aplicación simplista por parte de un juez o un tribunal.


En este país existe la inveterada costumbre de que, una vez celebradas las elecciones, constituidos los gobiernos e iniciadas las correspondientes legislaturas, en lugar de que cada una de las partes. Aquella en la que han recaído la gobernanza y aquellas otras que entran en oposición; en lugar de intentar combinar fuerzas, llegar a acuerdos puntuales, colaborar en la resolución de crisis y buscar, entre todos, lo mejor para el pueblo español, ocurre todo lo contrario.


Es la constante por la que vienen rigiéndose todos los separatistas de Cataluña. Para ellos el compromiso que adquirieron, jurando cumplir la Constitución de 1978, como no esta dentro de sus cálculos, no tiene que ser respetado. Hablan de la democracia de Cataluña, pero se olvidan que esta región desde tiempos inmemoriales está ligada al resto de España y nunca ha tenido una individualidad soberana porque ha estado sometida a otras regiones como Aragón y Castilla.


Tampoco existe una mayoría que pida la independencia como se viene demostrando en cada una de las encuestas que se vienen realizando sobre este tema. La misma juventud a la que se pretende obligar a hablar en catalán, incluso en los recreos de los colegios, es evidente que no piensa de esta manera y sigue hablando libremente en el idioma que mejor conoce y con el que se puede comunicar más fácilmente con sus compañeros.


Pero es inútil que nos empeñemos en que el periódico La Vanguardia cambie su línea de sumisión al nuevo gobierno, debido a que los intereses que les unen están por encima del sentido común, el respeto por nuestra Constitución y el reconocimiento de la unidad de España que, como es obvio, no les vamos a permitir que intenten romperla. Ahora mismo, si no estuviéramos obcecados por la pelea endémica entre gobierno y oposición, deberíamos preocuparnos por esta nueva epidemia conocida como la viruela del mono. Ya superan los 3.000 los casos registrados y ya se han producido algunas muertes. Y, como ya sucedió con el SIDA, el 85% de los casos registrados se ha producido entre hombres que ha mantenido relaciones sexuales con otros hombres. Luego nos vendrán a intentar vender que esto no es así, pero de lo que no hay duda es de que, todos los que juegan en contra de las leyes de la naturaleza, de una forma u otra acaban pagando el tributo que ella misma les impone.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como la propaganda estatal, a través de todos los medios de comunicación influyentes, sigue machacando a las derechas y magnificando la acción del Gobierno que, sin importarle un ápice el endeudamiento de la nación, va tirando de créditos para in comprando voluntades mediante enchufes y donaciones que, evidentemente, vamos a tener que devolver en su momento, mientras los interese que estamos abonando por nuestra deuda pública cada día se hacen más onerosos para la Hacienda pública.

Y una frase de Andrew Lansley relacionada con nuestro tema: “La opresión de grupo y las normas sociales son influencias poderosas en el comportamiento, y son excusas clásicas".

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