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Evidencias pretenciosas

Nos abruman con excesivas evidencias... sin fundamento
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 4 de febrero de 2022, 12:36 h (CET)


Entre la ignorancia y los descubrimientos encuentran su oportunidad las sorpresas ilustrativas. La complejidad envolvente nos aturde. Frente a la rutina conformista, con la observación atenta nos abrimos a los sucesivos hallazgos, en ocasiones transformados en sensaciones inesperadas y en todo un abanico de posibilidades. Veíamos algo, pero había muchísimo más detrás. Al detectar la SIMPLEZA de una realidad, centrados en ella, será natural que se diluya en tontería; siempre lleva detrás carretadas de circunstancias. El dato concreto es un signo de rango impreciso, dentro de la inmensa trama de conexiones subyacentes. Tampoco es suficiente el registro estático, de sus variables evoluciones emergen novedades.


Mientras pronuncio una determinada expresión, esta pierde su integridad volviéndose poco reconocible. ¿En qué se convirtió? ¿Qué revelaciones involuntarias sacó a relucir? ¿Cómo fue interpretada por quienes la escucharon? Estos serán únicamente reflejos de la presencia real de las EVIDENCIAS. Son apasionantes destellos de los cuales no podemos apropiarnos con firmeza. Los sentidos, las mentalidades, los intrincados laberintos sociales o las cuitas individuales; se ofrecen como abastecedores de ciertas realidades con fundamento, pero no consiguen eliminar su carácter efímero. Quizá estemos ante la incapacidad humana para recorrer esos planos profundos de cuanto sucede.


Será necesario distinguir entre la incapacidad para alcanzar mejores conocimientos y la escasa intención o esfuerzo por indagarlos; en esta divergencia influyen la rutina, la pereza o la negligencia manifiesta. De la simple mirada a los estudios concienzudos, se escalonan una serie de GRADOS ineludibles para catalogar la supuesta evidencia, sean vacunas, un comportamiento en la sociedad, o una tos, los pormenores a considerar son interminables. La captación inicial añade componentes en la medida de dicha investigación. El parecido o no de las distintas impresiones obtenidas dependerá de las características de las circunstancias analizadas, así como de numerosos condicionantes simultáneos.


En los ambientes cotidianos son incesantes las pretendidas evidencias. Resultados económicos, valoraciones de proyectos, insisto en la presentación de vacunas, motivaciones rotundas, puntos de vista, etc. Nadie discute su realidad inmediata, el error se agiganta al quedarnos con esa versión en superficie sin mayores aspiraciones para su confirmación. Esa renuncia puede abocarnos a graves equivocaciones no siempre corregibles. En eso radica la importancia de la DELIMITACIÓN expresiva, aclarando lo estudiado o no. El dictamen variará según los procedimientos empleados para su elaboración, su divulgación o su contrastación. Las repercusiones de todo ello para la sociedad sí son evidentes.


No es una cuestión baladí, incide seriamente en cualquiera de las esferas en actividades ciudadanas. En el área legislativa, para ajustarse al fenómeno de los ocupas, maltratadores, asesinos o corruptos; no sirve el exclusivo guirigay partidista. En la medicina, el teléfono, medidas populistas o burocráticas; pueden estar alejadas de los fundamentos registrados en las investigaciones oportunas. En el ámbito de la gestión política, son notorios los devaneos inconsecuentes. Al fin, el ciudadano está expuesto a sus propias necedades; pero además, a recibir informaciones defectuosas con sesgos peligrosos. El USO de los términos evidentes resulta crucial para el desarrollo satisfactorio de la convivencia.


Si las dificultades para el conocimiento completo son obvias, los más tenaces investigadores topan con limitaciones insalvables; cuando multiplicamos los obstáculos para esas indagaciones, la estupidez destaca por sí sola. Aún con los datos delante, observamos una auténtica invasión de manipuladores. Unas veces silenciando en parte o del todo aquello ya registrado; pero también a base de favorecer la difusión en seguimiento de unos intereses particulares. La escasa franqueza puesta en los debates, quizá inexistentes, apenas interesados en los argumentos; provoca el desbordamiento de las TERGIVERSACIONES, de tan nefastas repercusiones en lo individual y en lo colectivo.


Y de por sí, dependemos de las áreas donde se desempeña una actividad, de los medios disponibles o de las personas involucradas. Lo que está indicado con claridad en una situación concreta, para otros enfoques quizá sea dañino. Sin mencionar las falsedades, se reproducen sesgos FUNCIONALES en aras de la aplicación de los saberes. Las peculiaridades culturales muestran a las claras esa diversificación, nórdicas, meridionales, africanas, americanas o asiáticas; son susceptibles de estimaciones diferentes y totalmente contrapuestas; el simple perfil profesional ejerce ese poder distractor nada desdeñable. Contribuyen a la discusión y confusionismo, por la dificultad de mantenernos en la senda de los razonamientos.


El sonsonete de a buen entendedor sirve para ubicarnos en torno al talante de un sujeto determinado. En el asunto de las evidencias se requieren labores de mayor prestancia, porque ya no se depende de los comportamientos de quienes intervengan, sino de la calidad de los logros obtenidos y de su posterior puesta en práctica. En cuanto intervienen las intenciones y las voluntades, sometidas a potentes cargamentos de enigmas, de criterios, de intereses, de realidades dispares; las potencias derivan en proyectos cabales o corruptos, al socaire de la SENSIBILIDAD de los actuantes en esos momentos. En conjunto, las irregularidades son manifiestas, los talentos son también desiguales sin ninguna duda.


La aplicación práctica introduce en las dinámicas dificultades inherentes a las habilidades requeridas, pero genera también conflictos a la hora de sacar provecho de los conocimientos adquiridos y de los trabajos realizados. La agudización de ese UTILITARISMO ocasiona a su vez otro efecto colateral relevante. Apegados a esa cercanía laboral y a la de los resultados obtenidos, nos acercamos con cierto peligro a la desvirtuación de los conceptos teóricos asimilados, mirando únicamente a los eventos prácticos. Con frecuencia nos presentan evidencias basadas en réditos electorales, estadísticas de diseño propio, balances industriales o intereses grupales con notables desviaciones subyacentes.


También en cuestiones como estas resulta primordial la ejemplaridad de la TRANSPARENCIA, por aquello de sacar a la cancha errores y aciertos para debatirlos de una manera constructiva. Tampoco será suficiente si no añadimos el buen uso de esa disponibilidad general de las aportaciones. La franqueza en la distribución de las informaciones debe pasar de permisiva a exigente de un activismo radical.


Disponemos de interesantes recursos intelectuales a la hora de considerar las decisiones importantes; en la práctica no tanto. En el asunto de hoy me acojo al sentido machadiano para recorrer los caminos de la vida. Ni tu evidencia ni la mía; vayamos juntos en su busca, persiguiendo los instrumentos adecuados para ser felices. Las eficacias y la felicidad DIFIEREN en sí mismas y requieren de adaptaciones laboriosas.

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