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​El ejemplo catalán puede corromper a toda España

“Hay dos tipos de patriotas: el que ama a su país y el que ama al gobierno de su país. Lógicamente los gobiernos consideran más patriotas a estos últimos”, Jaume Perich
Miguel Massanet
miércoles, 29 de septiembre de 2021, 08:28 h (CET)

El fenómeno catalán ha entrado en lo que se podría calificar como la disparatada e inexplicable discordancia entre lo que aspiran unos, los más recalcitrantes separatistas; lo que buscan obtener otros, los más pragmáticos y lo que un grupo importante de catalanes, los que prefieren pisar tierra firme y no correr el albur de que la autonomía acabe desmoronándose bajo el peso de la inoperancia, la fantasía, las utopías soberanistas y la, más que probable, caída en las manos de unas izquierdas que, en definitiva, a lo que vienen aspirando es a conseguir el poder para implantar lo que la alcaldesa de Barcelona, señora Colau, viene intentando desde que fue nombrada regidora de la ciudad catalana. Como es evidente, de tal mezcolanza, de una diversidad de criterios semejante y del hecho de que los políticos catalanes que están al frente de este guirigay no parecen estar a la altura de sus responsabilidades, entregados a enfrentamientos inútiles, discusiones bizantinas y desacuerdos con el gobierno central del señor Pedro Sánchez, conducta que no conduce a nada positivo.


Sería muy difícil que, tanto Barcelona, como el resto de la comunidad, consiguieran que la normalidad se restableciera, la economía se recuperase y tanto la industria, como el turismo y el comercio pudieran recobrar todo lo que se ha perdido durante la pandemia del Covid 19 y el abandono, por parte de la Generalitat y del Parlamento catalán del deber de ocuparse, como sería su obligación, de los temas cotidianos que afectan más directamente a los catalanes, para enfrascarse en temas independentistas, de lucha entre las distintas facciones que aspiran a gobernar, y que se vienen dedicando, desde hace años, a aquello de ¡si serán galgos o serán podencos…! Mientras la riqueza, el poderío industrial y el prestigio de toda Cataluña, se ha ido perdiendo en favor de otras regiones, que han sabido aprovecharse del gran desconcierto que existe en tierras catalanas.


El grandísimo error en el que incurrieron las izquierdas catalanistas fue la elección de una activista, de tendencia evidente anarquista, especialista en intervenir contra los desahucios que se llevaban a cabo en Barcelona, la señora Ada Colau que, por otra parte, dejó claro que, como alcaldesa, decidiría si las leyes nacionales estaban de acuerdo con su ideología y, en el caso de que no, se las iba a saltar a la torera. No fue una amenaza baldía, sino que se ha ocupado, durante todo el tiempo que viene durando su mandato, en llevar a la práctica lo que anunció, de modo que desde intervenir en los precios de los alquileres hasta practicar la extorsión contra los propietarios de viviendas vacías, imponiéndoles tasas o favoreciendo a los okupas o perjudicando a los comerciantes catalanes, permitiendo que una banda de “manteros” se convirtiera, de hecho, en un conjunto de desaprensivos que, sin pagar impuestos ni atenerse a la legislación vigente, violaban, sin ningún rubor ni miramiento, el derecho de los comerciantes a ejercer su comercio, ubicándose en frente de sus negocios y ofreciendo las mercaderías precios inferiores. El hecho de que la justicia, lenta pero eficaz, haya fallado en contra de la mayoría de estas actuaciones ilegales de la alcaldesa, no quita que muchos ciudadanos a los que les repugna meterse en pleitos, decidieran pagar y no meterse en líos.


Como era de esperar, este desprecio por las leyes, esta fobia hacia el capitalismo, esta mala administración del poder que le otorgó la alcaldía de Barcelona, no ha tardado en producir sus efectos, especialmente entre los más vulnerables a las libertades que se les ofrecen y, sin duda alguna, a las que ellos mismos se atribuyen como consecuencia de una falta de autoridad que ponga orden y sancione cualquier delito o abuso cometido por delincuentes convencidos de que pueden actuar a su aire, destrozando y practicando actos de vandalismo, sin que las fuerzas del orden  puedan impedirlo. Ahora, tarde y, evidentemente, después de que la ciudad de Barcelona se haya convertido en una especie de “Dallas, ciudad sin ley”, de Howard Hawks, protagonizada por Joel McCrea; la señora Colau se da cuenta de que sembró vientos de libertad y rebeldía entre la juventud y ahora recoge sus resultados en forma de destrucción de bienes públicos, vandalismo en las calles, borracheras, agresiones hacia una policía incapaz de contener a semejante jauría debido a que, la propia señora alcaldesa, les ha prohibido que utilicen elementos disuasorios contra estos energúmenos que, a su vez, han decidido emplear la fuerza y el lanzamiento de objetos contundentes para desanimar a las fuerzas del orden, que se ven obligadas, vergonzosamente, a poner pies en polvorosa ante los ataques de una multitud enardecida a la que no pueden contener si no tienen los medios para ello.


Y que no nos vengan con culpabilizar a los padres de las conductas violentas de sus hijos, porque sería cometer una gran injusticia el querer que, unos padres a los que se les ha privado de toda autoridad para educar a sus hijos, que están inermes contra las amenazas que reciben y, en más de una ocasión, que son agredidos por sus propios hijos cuando pretenden corregirles, amenazarles con castigos o impedir que cometan las barrabasadas que acostumbran a realizar; además, y para más INRI, se les culpabilice del mal comportamiento de sus vástagos en sus botellones, uso de drogas, fanatismo de grupo y instinto destructivo, avalado por la certeza de que no va a haber represalia alguna por parte de las autoridades.


Lo que queremos los ciudadanos de Cataluña que nos explique la señora Colau, sería: ¿quién es que resarce a los comerciantes las pérdidas por los destrozos a sus locales? ¿Quién les repone el lucro cesante del tiempo que han de tener sus locales cerrados? ¿Qué se les hacer a los pocos detenidos que consigue encarcelas la policía? Y ¿qué piensan, de todo ello, los mandos de los mozos de escuadra y de la policía municipal, ante este escandaloso ridículo de verlos correr delante de una multitud enfebrecida que disfruta de la situación? Seguramente no se atreven a protestar porque, en esta región, a los políticos separatistas, como se ha podido comprobar a lo largo de todo este proceso soberanista, no hay quien se atreva a ponerle el collar de cascabeles porque, el que lo intentara, pronto debería buscarse otro trabajo, si es que tuviera la posibilidad y la ocasión de poderlo encontrar.


Y un comentario intrascendente relativo al, anteriormente “enfant terrible” de Podemos, el comunista que elevó a la izquierda desde su liderazgo en Podemos. Hablamos evidentemente de Pablo Iglesias, el que nos ha llevado a todos, con su comunismo trasnochado propio de un discípulo del dictador Maduro, al que, curiosamente, su nuevo look, su cortada de coleta parece que, como le sucedió a Sansón cuando Dalila le rapó su cabellera, se ha quedado sin fuerzas, sin aquel halo de redentor de la humanidad, reducido a un mortal más, intentando ganarse unas monedas en aquellos medios en los que se le permite continuar desbarrando, pero ya sin aquella fuerza, magnetismo y seguridad con la que se movía antes ante las cámaras.  Sic transit gloria mundi.


Sin duda alguna la grave situación en la que se encuentra Cataluña se verá agravada ante la inoperancia de un gobierno de la nación que no se atreve a intervenir ni, mucho menos, a tomar alguna decisión que pudiera perjudicar de alguna forma las “cordiales” relaciones de Sánchez con los miembros de la mesa de diálogo, en la que tiene puestas sus esperanzas para que, los PGE del año próximo, sin los cuales su estancia en el gobierno del país quedaría comprometida, puedan ser aprobados con los votos de los soberanistas catalanes y, muy probablemente, si se los unta convenientemente como suele ocurrir, con los de los señores del PNV vasco.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la incómoda sensación de que vamos directamente hacia un cambio de régimen, sin que quienes deberían echar su cuarto a espadas parezca que se enteren de nada, siguiendo en su abulia acostumbrada, mostrándose excesivamente prudentes ante el miedo a equivocarse, lo que no hace más que favorecer al gobierno, que es quien va llevando la iniciativa en todo el tiempo en el que se encuentra instalado en el poder. Desgraciadamente, el tiempo corre a favor de los que ostentan el poder y, mucho nos tememos que, si las cosas siguen tal como ahora, vamos a tener partido socialista para rato.


Hoy escogemos una frase de don Niceto Alcala Zamora sobre un tema importante: “Hay conciencias tan falsas que su remordimiento es sólo el engaño de sí mismas”.

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