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​«La tauromaquia agoniza en una unidad de cuidados paliativos»

Entrevista a Luis Gilpérez Fraile, histórico de la lucha animalista en España, escritor y vicepresidente de ASANDA
Ángel Padilla
miércoles, 8 de septiembre de 2021, 11:40 h (CET)

Luis Gilpérez Fraile es, sin duda, uno de los grandes expertos en antitaurinismo de España. Es autor de varios libros que han sido muy relevantes para la lucha animalista en España como el ensayo contra la tauromaquia, "La vergüenza nacional", o el sorprendente libro histórico sobre cómo la Iglesia Católica en muchas épocas se ha pronunciado en contra de la tauromaquia: "De interés para católicos taurinos", así como de varias obras de temática ecológica, montañera y de protección de los espacios naturales. 


Es vicepresidente de la asociación andaluza de protección de los animales ASANDA desde hace 30 años. Histórico de la lucha animalista en España, intentaremos recabar en esta entrevista su visión sobre en qué punto está el animalismo actual y en contraste con la posición en que estaba colocado hace tres décadas. Hoy, que cada vez más acorralada se ve la mal llamada "fiesta nacional" (puesto que la mayoría de los españoles están en contra de la tauromaquia), según las encuestas Gallup, no obstante ésta continúa, en una agonía que no parece tener visos de concluir en fenecimiento a corto plazo. Desentrañar estos misterios es el motivo, entre otros, de esta entrevista.


Foto para siglo xxi

Luis, sin duda eres puede que el mayor entendido en tauromaquia de este país. Estás en las filas de los que luchan contra la tauromaquia. Tú llevas toda tu vida denunciando la barbarie taurina. ¿Qué crees que ha avanzado en esta lucha, desde que comenzaste en ella?

Evidentemente llevo muchos años denunciando esa lacra junto con otros antitaurinos de cualquier sexo, y pretendo seguir haciéndolo mientras pueda, lo veo como una obligación moral. Los avances son notorios: de ser ignorados, cuando no despreciados, a estar muy presentes en la mala conciencia de los taurinos. Lo que anunciábamos se está cumpliendo, y “ellos” lo saben. De aquellos días en los que el antitaurinismo sufría el veto en cualquier medio de comunicación, al tiempo presente en el que diariamente podemos leer, ver y escuchar la opinión de la antes mayoría silenciada. La tauromaquia pasó de gozar de una muy buena salud a ingresar en planta para luego pasar a la UCI y ahora estar agonizando en una unidad de cuidados paliativos. Las agonías pueden ser muy largas, recuerda la de aquel dictador…


Resulta chocante que siendo la tauromaquia el objetivo más constante y focalizado a abatir del movimiento animalista, contra el que más se ha protestado y de las más diversas formas, y todavía sigue en pie, tan vivo, como ayer. ¿Qué crees que nos falta para poder tumbar esta aberración española?

¿Tan vivo como ayer? Ni mucho menos. Cuando los que prestan los cuidados paliativos cesen en su interesada labor, adiós tauromaquia. Hay muchos caminos que llevan a la desaparición de la tauromaquia, desde la falta de aficionados hasta la presión del antitaurinismo, pasando por políticos consecuentes y honrados. Allí donde lo taurino no recibe un euro de lo público, allí lo taurino desaparece. Y eso está pasando en cada vez más poblaciones.


Dicen los taurinos, obscenamente, que son los que más quieren al toro.

Ya, y los toros los que más quieren a los taurinos ¡¿no te jode?! También son los cazadores los que más quieren y cuidan a la Naturaleza, los piqueros los que más hacen por sus palomas, los domadores los que más respetan a sus “fieras”… y así hasta todo el que se enriquece (o ayuda a enriquecer) de cualquier actividad con maltrato animal. Esos son “los amores que matan”: yo me muero si te mueres.


¿Qué hay de cierto en los rumores (por lo parapetado y oscuro que es el mundo taurino no se han podido comprobar, que sepa) de maltratos al toro en el oscuro pasillo de chiqueros antes de salir a la plaza? Para mí, es absolutamente cierto esto, además es lógico: entra dentro de lo probable en las tareas en que se afanan para "lograr" un toro débil que pueda ser "toreable" y no logre ejecutar ni la más mísera misión de poder defenderse jamás.

Cualquiera que lea "Los cuernos" (Sedmay ediciones, Madrid 1975, de César del Arco, seudónimo de Manuel Benítez Salvatierra, el que fuera famoso crítico taurino, prologado por Mariví Romero, también conocida crítica taurina) no dirá que son rumores. Como el libro es difícil de conseguir, cualquier interesado puede acceder a una reseña del mismo en la web de Asanda. [Me permito publicarla completa porque es de mucho interés, en la cuestión taurina]:


LOS ARQUETIPOS DE LA FIESTA NAZIONAL

Por Luis Gilpérez Fraile


«Hemos sumado otro título "antitaurino" a nuestra colección: se trata de "Los cuernos" (Sedmay ediciones, Madrid 1975). Curiosamente su autor es César del Arco, seudónimo de Manuel Benítez Salvatierra, el que fuera famoso crítico taurino, prologado por Mariví Romero, también conocida crítica taurina.


»El libro describe los arquetipos de los distintos profesionales que intervienen en la Fiesta Nazional. Lamentable y prudentemente, en vez de utilizar nombres auténticos recurre a apodos ficticios, aunque con tantos pelos y señales que es fácil reconocer a los personajes reales que retrata. Pero sobre todo, lo que es absolutamente reconocible, cierto y auténtico, son los fraudes, sinvergonzonadas y marrullerías que describe, con más valor si cabe por venir la denuncia de quien viene: de un taurino confeso que goza de prestigio en tan oscuro mundo. Si lo que él denuncia lo denunciásemos nosotros, se nos acusaría, como poco, de exagerados cuentistas y fantásticos charlatanes, amén de indocumentados e ignorantes.


»He aquí algunas "perlas" que hemos entresacado del texto del indicado libro:


El arquetipo de crítico taurino: "Va a lo suyo y a llevarse lo del otro, si es posible... lee pocos periódicos y revistas y ningún libro, porque dice, y con razón, que para engañar toreros y hacerles cortes de manga al público, no hace falta literatura, sino cara... divide a los taurinos en dos bandos: los que pagan y los que no pagan. A los que pagan, los ensalza, los aplaude; a los que no pagan, los apalea... Organizó festivales para cierta entidad religiosa que atendía niños minusválidos. Se quedó con casi todo el dinero..."


El arquetipo de apoderado: Los toros estaban arreglados porque el ganadero no puso la más mínima pega a las exigencias del apoderado. Y además, éste se ocupó de drogar convenientemente a los seis bichos, que llegaron a la muleta casi dormidos, aparte de que el picador les dió lo suyo haciéndoles la carioca y tapándoles la salida. Los toros quedaron bien porque derribaron siempre, en razón a que los caballos, también arreglados, habían recibido el consabido pinchazo en los pulmones."


El arquetipo de ganadero: "Primero elegir sementales y vacas que no tuvieran muchos cuernos; luego estudiar un sistema de alimentación que no proporcionara a los toros excesivas fuerzas... el embarque de las corridas a las tres de la madrugada, después de dar de comer y beber a los toros. Así daban veinte o veinticinco kilos de más en la báscula... otro truco fue purgar a los toros en la mañana del día de su lidia para mermar aún más sus fuerzas... y lo del tablón -dejar caer una puerta de corredera sobre los riñones del animal- el saco y las inyecciones de droga."


El arquetipo de empresario: "triunfaba porque se había prestado a todo, siempre con su cuenta y razón. En su plaza se habían afeitado los toros en la mañana de la corrida, al despuntar el alba; se había usado el portalón, dejándolo caer en los riñones de los animales; se había inyectado morfina; se habían pinchado los pulmones de los caballos de los picadores para restarles fuerzas y lograr que los débiles toros, cargados de carnes fofas, derribaran en vez de caerse; se habían cambiado cuernos de toros lidiados, e incluso cabezas de reses que habían sido muertas como toros, cuando aún eran novillos. Y en esa maraña ilegal habían participado todos aquellos que estaban implicados en la suciedad de la fiesta nacional."


El arquetipo de torero: "Es un bandolero de la segunda mitad del siglo XX; como tantos, consiguió fortuna y con ella, consideración social, y, lo que es peor, olor de multitudes... designaba las ganaderías, con la condición de que habían de someterse a sus leyes. Mandaba afeitar a los toros, los ponía a régimen de comidas, los trucaba en el peso y montaba el espectáculo de acuerdo con su conveniencia. Llegó la cosa hasta cambiar la quijada de los toros en el desolladero, poniendo otras correspondientes a reses de cinco años... se había sacrificado desde marzo a octubre y tenía ganas de juerga, sin olvidar la droga... Tampoco le era suficiente la sodomía que a veces practicaba con rubios efebos... Aquello fue una orgía de sangre. Las gallinas fueron víctimas de una obligada y mortal prostitución."


El arquetipo de corrida: "Le habían afeitado los cuernos por la mañana en el cajón de curas, le habían soltado sobre los riñones el portalón no sin antes plantarle en el anca una inyección de diez centímetros cúbicos de morfina, mezclada con otro tanto de cañamón indiano... Un triste jamelgo salió al redondel y se dirigió al toro... Los pulmones del animal habían sido perforados por la mañana con una larga y fina aguja de hacer punto. Y el pobre tenía una fiebre tan alta, que reducía sus ya menguadas fuerzas. Era la historia de siempre. Le abarrenó a placer. La sangre fluía a borbotones del boquete abierto en el lomo... le estaba haciendo la carioca, o lo que es lo mismo, abriéndole un tremendo boquete".


»Y recordemos: todo esto lo ha dicho un crítico taurino: "No tengo que decir que cada hecho relatado, cada anécdota, cada circunstancia, las he tomado del muestrario de la vida. No hay, pues, imaginación ni fantasía sino -desgraciadamente- realidad viva, palpable." (Párrafo del propio libro).


»Pero dado que todo esto ya lo sabíamos, quizás lo más curioso de todo el libro sea su epílogo: el autor razona, que buena parte de todo esto la tienen las sociedades protectoras de animales extranjeras, que dicen que los taurinos son bárbaros y primitivos en vez de preocuparse de las guerras y el hambre en la infancia...


En tu libro "La vergüenza nacional" implicas a todos los poderes y entes culturales del país, en fin, de la humanidad. Todos tienen algo de culpa. Quizá la explicación a la dificultad de tumbar este engendro es que lo sostienen tantos a la vez. ¿No?

Más que implicar los señalo directamente con la pluma, que es mi dedo, desde el borbón al más humilde arenero. Y aportando pruebas y argumentos. Sufrí presiones (hasta intentaron que me echaran de mi trabajo en una editorial, de lo que guardo pruebas) pero ni denuncias ni querellas. Lo cual lamento.


¿Es posible encontrar y adquirir tu libro "La vergüenza nacional" en la actualidad?

Quizá en alguna librería de segunda mano. Se agotó en 1993.


El movimiento de defensa de los animales ha vivido situaciones muy diversas. Ha habido activismos fuertes como los de Tordesillas, Algemesí, algunas acciones que avanzan protestando contra las granjas de animales esclavos. Parece, por lo que se ve, que lo que avanza con más fuerza es el veganismo. El sentir vegano. Sólo hay que verlo en los supermercados y tiendas y en los anuncios de televisión. La sociedad avanza (aunque demasiado lentamente) hacia una vida sana y sin tener que matar animales. ¿Cómo asumir esa extraordinaria contradicción, que se sume cada vez más gente a no matar animales para comer, en cambio las torturas públicas a animales siguen tan vivas como siempre?

Una pregunta que si la contesto con brevedad podría malinterpretarse. Pero me arriesgo: ojo con convertir lo vegano en un negocio de intereses. Acabo de escribir un breve artículo para el próximo boletín de Asanda sobre “carne cultivada” (con ocasión de la puesta en marcha en Israel de la primera factoría). Y por ello he tenido que leer mucho al respecto. Y me ha sorprendido alguna reacción contraria (e injustificada, por la información disponible) de las actuales fábricas de productos alimentarios veganos. Y eso me lleva a contestar directamente la pregunta: la tortura pública de animales es un negocio antiguo: pan y circo.


Prosiguen las fiestas más variadas de martirios a animales en este país, la batalla de las ratas, la fiesta de los gansos que les arrancan la cabeza jinetes a caballo, caballos que atraviesan llamas y otros que son obligados a bajar de la montaña para entre cientos de tipos cortarles el pelo en forma violenta. ¿España jamás cambiará en ese deseo endémico de disfrutar con la burla y el maltrato público de los animales?

Es una pandemia mundial, desconozco cuál es el porcentaje para alcanzar la inmunidad de rebaño (aquí una sonrisa). Pero es evidente que el porcentaje de vacunados aumenta. Ya los gansos son colgados muertos antes de arrancarles las cabezas desde caballos o barcas. Cayó Todesillas, Manganeses, Cazalilla y muchas otras tradiciones que puedo enumerar de primera mano. Hay que seguir vacunando.


Y ahora el calentamiento global. La cricis climática. Y el humanos sigue creyendo (queriendo creer) que está en la más alta parte de una montaña imaginaria de poder y presunta inteligencia adelantada. La realidad es que el planeta va a arder en llamas y el humano, culpable, aún no lo asume!

Bueno, cuando alcanzo una cima, el fondo de una cueva o navego en mar abierto (ya sabes de mis aficiones) yo también podría creerme “poderoso”, pero cuando en esos mismos sitios encuentras basura, daños, desprecio por la Naturaleza, te das cuenta de lo miserables que somos. ¿Asumirlo? Si no se tropieza con la piedra, la piedra no existe.


¿Cuál es tu día a día ahora, sigues escribiendo?

Desde que me jubilé se me amontona el “trabajo”. Y es que ahora dedico mucho tiempo a “mis cosas”. Pero sí, sigo escribiendo, aunque sólo cosas cortas (como ésta) principalmente artículos para boletines y webs, denuncias (si eso es escribir) para intervenciones de Asanda y similares. El resto no te lo cuento, que luego lo difundes (aquí carcajada) pero te lo puedes imaginar conociendo mis aficiones.


¿Qué te gustaría que dijesen de ti, de la gente que luchó como tú, dentro de 50 años, si es que te gustaría que se dijera algo?

Que fui consecuente. Un piropo incierto.


¿Los animales tienen motivos para sentir algún tipo de esperanza?

Si te refieres a los no humanos, creo que más que los humanos.


¿Qué te ha hecho sentir más feliz en esta vida, y qué más desangelado?

Por supuesto en el ámbito animalista. Lo más feliz, cada una de las pequeñas victorias de Asanda en sus luchas a brazo partido contra la Administración Andaluza (la última, apenas la semana pasada). Lo que antes me dejaba más desangelado (ya me acostumbré) las traiciones de algunos hacia el animalismo. Sí, si me lo preguntas, en su mayoría políticos.

Comentarios
Oliver García C 17/sep/21    01:42 h.
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