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Opinión
Etiquetas:   Religión   Muerte   Iglesia  

​Los protagonistas de la historia de la Creación

No nos lancemos flechas
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
miércoles, 28 de abril de 2021, 02:55 h (CET)

La brisa acaricia mis mejillas moradas por el frío, pero en mi elección he sido yo, me salió del alma, como brota el agua de un manantial, como la risa de un padre cuando ve crecer a su primer hijo (el segundo no le sorprenderá), como la recuperación tras una larga y penosa enfermedad que pudo ser… mortal.


Yo peco de “libertad”, mi libertad, humana, pobre y comprometida también, con los débiles y sus múltiples problemas. No es que sea yo buena, pero no me gusta que me manden, respondo con un “no” a los machitos cuando ordenan cosas en determinados instantes que no me vienen bien, aunque estén macizos y tengan los ojos azules. Las cosas son cuando quiere esta mujer, servidora, de corazón. En serio.


No voy a la iglesia los domingos, no rezo por las noches desde tiempos inmemoriales, pero sí hablo con Dios, existen, me convencen y pienso que quererles no es para nada: encender velas de múltiples formas, escuchar misas cantadas, ponerse de rodillas, confesarse con el cura. No puede ser eso encontrarse con los protagonistas de esa gran novela que es la historia de la Creación: la venida de Jesús, la salvación. Quererles ya es conocerles, se puede hacer desde casa y sin cruces, no me gustan. Prefiero pinturas con reflejos de la luz del sol, cuadros de Jesús orando o bien del cielo sobre un mar de plata.


No, no es que sea yo un ángel, no lo soy.


Me caí, me di un golpe en la cabeza y casi me quedo sin sentido en una calle de Oleiros, pero me recuperé. Se acordaron de mí, estoy en el camino. No en el que me dicen que debo recorrer, sino en el que yo deseo pisar. No me tiran al barranco, no me arrojan piedras ni lanzan flechas, no separan mi cuerpo de mi alma enviándome la muerte súbita. Estoy en la senda que me lleva a la casa blanca y azul, en lo correcto.


Pero, por si cambiaran de opinión y me enviasen pronto la muerte, he encargado una cama nueva para la habitación pequeña, para velar a un difunto sin escuchar sus últimas quejas, un nuevo muerto que podría ser yo. Es una habitación limpia y recién pintada de azul, porque limpios queremos que nos vea el Señor, de dentro afuera y en todas partes.


Porque será lo que ellos quieran.

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