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>”Seguid…la santidad sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12: 14)
Octavi Pereña
lunes, 11 de enero de 2021, 11:56 h (CET)

Peridis en una de sus viñetas nos muestra al papa Francisco sentado en su trono conversando con uno de sus colaboradores que debe ser un experto en negocios inmobiliarios. De la boca del papa brota esta declaración. “No podemos parecer una empresa inmobiliaria”. El asesor financiero del papa le responde: “Es una fundación que gestiona donaciones”. Los labios infalibles del papa dicen: “La imagen, Carlos, la imagen”. Las inmatriculaciones, la apropiación indebida de bienes ajenos que se ha hecho legal con el consentimiento del Gobierno que no requiere justificación, corroe las entrañas de quienes las efectúan y afean a la Institución que debería caracterizarse por la transparencia de la santidad. El espíritu capitalista que recorre las alcantarillas de la Iglesia Católica que se quiere limpiar autoproclamándose “la Iglesia de los pobres” y que tanto empeño tiene en poner en sus labios la palabra “pobre”, se presenta públicamente con la imagen de lo que no es.

Según las palabras que <b>Peridis</b> pone en los labios del papa Francisco la Iglesia tiene que cuidar la imagen para presentarse ante la opinión pública bajo un aspecto agradable que inspire confianza. Aparentar ser lo que no se es se llama hipocresía.


La hipocresía es un pecado extendido globalmente y que se manifiesta sin tapujos. Se muestra en el día a día en las relaciones sociales. Sin enrojecer los políticos la exponen en sus intervenciones públicas. Que la hipocresía sea un pecado universalmente reconocido y aceptado como herramienta para alcanzar objetivos políticos, no acredita a la Iglesia católica la utilice para alcanzar sus objetivos terrenales. Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios debería quedar claramente delimitado en la Iglesia Católica. Si el reino de Cristo no es de este mundo como dejó claro Jesús ante Pilato, debería desentenderse de todo aquello que la hace tan terrenal. y priorizar todo aquello que la caracterice como representante del reino de Dios que se está formando en este mundo. Aparentar lo que no se es religiosamente hablando es abominación en los ojos de Dios al que dice servir: “No habitará dentro de mi casa al que hace fraude, el que habla mentira no se afirmará delante de mis ojos” (Salmo 101: 7).

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia en Roma refiriéndose a los judíos como pueblo de Dios, por el hecho de que lo que escribe ha quedado registrado en la Biblia sirve para instrucción del pueblo de Dios de todos los tiempos: “He aquí, tú tienes nombre de judío, y te poyas en la Ley y te glorias en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la Ley apruebas lo mejor, y confías con que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la Ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que enseñas que no se ha de robar, ¿robas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la Ley, ¿con la infracción de la Ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el Nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (Romanos 2: 17-24). Jesús que supervisa el comportamiento de su pueblo tiene algo que decir respecto a la hipocresía de quienes se dicen ser sus representantes. A pesar de que se refiere a los fariseos que presumían ser estrictos cumplidores de la Ley de Dios en el aspecto legal, pienso que es perfectamente legítimo hacer una lectura aplicada a los cristianos que son el pueblo de Dios por la resurrección de Jesús. El Señor pronuncia una serie de ayes dirigida a los religiosos profesionales con el propósito de denunciar su comportamiento incorrecto que tiene consecuencias negativas en las personas que instruyen.

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo” (vv.9, 10).

“Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren entrar” (v. 13).

“¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones, por esto recibiréis mayor condenación” (v. 14).

“¿Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (v. 15).

“¡Guías ciegos! que coláis el mosquito, y tragáis el camello” (v. 24).

”Así también vosotros, por fuera a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (v. 28).

“¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (v.33).

Con estos ayes y correcciones Jesús reprende a aquellos escribas y fariseos que públicamente se presentaban bajo la apariencia de piedad y santidad. El Señor descube lo que se escondía en su interior con un terrorífico ay: “¡Ay, escribas y fariseos hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados que por fuera, a la verdadse muestran hermosos mas por dentro están llenos de huesos y de toda inmundicia” (v.27). “El que formó el ojo no verá? (Salmo 94: 9)

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