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Julio Ortega Fraile
Julio Ortega Fraile
O que matan lobos porque los lobos se alimentan

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Los de Jarra y Pedal ya no saben ni qué contar para intentar seguir -legalmente, digo, que de forma delictiva continúan acabando con ellos- con sus matanzas de lobos. Ahora la "acusación" a uno es que el animal se comió a una cierva. Supongo que lo que realmente les indigna, además de que tener que cargárselos a escondidas tras tantos años liquidándolos sin preocuparse, es que a esa venada no la mataron ellos. A los sicarios (aunque estos lo hagan por diversión) les desagrada la competencia. 


Otras veces la "situación insostenible", tal y como la denominan en el titular, es que un gato feral cazó un pájaro, y mañana será que un pájaro se tragó un gusano. Todo eso, claro, para poder matar ellos gatos y pájaros con alguna justificación de la que tirar, aunque a cualquier persona con un mínimo de empatía y conocimiento les parezcan aberraciones atadas a la estupidez por un extremo y a la hipocresía por el otro. Es decir: coartadas propias de cazadores que lo que hacen es tratar de maquillar algunas de las causas que, para actos de este tipo, contempla la neurociencia, como una coordinación insuficiente entre el neocórtex racional y el hipotálamo emocional, bajo control del sistema límbico, reducción en el desarrollo de la corteza prefrontal, etc.


Ya, ya sé que estas afirmaciones se refieren en principio a humanos que matan a humanos, pero no olvidemos dos cosas: que la legalidad de ciertos asesinatos no marca diferencia en la violencia del asesino ni en el sufrimiento e inocencia de sus víctimas, y que en el historial de numerosos asesinos en serie los primeros de su lista eran animales. 


Por lo tanto y hablando de las excusas de los cazadores (que indudablemente matan en serie) resultan muy clarificadoras las conclusiones de la Psicóloga y Criminalista Candice Skrapec, cuando tras entrevistar a sujetos que terminaron con la vida de varios humanos citó estas actitudes y motivaciones comunes entre ellos:


  • Hablar de sus actos con absoluta naturalidad. ("Mirad qué guarro he matado hoy. Puede ser oro con esas navajas").
  • Se autojustifican. ("El hombre es cazador desde el principio de la Historia". "Si no cazamos los animales nos invadirían").
  • Sienten que poseen el poder y el control. (Esto se queda más en sus charlas de bar con frases del tipo: "Me costó dos perros y otro me lo dejó j*dido, pero al final le metí el cuchillo hasta el fondo").
  • Afirman sentirse vivos así. ("Soy cazador desde que nací". "La caza es mi vida". "Long life to hunting").


Al fin, con todo esto y más, lo insostenible no es que ese lobo matase a una cierva para alimentarse, lo sobrecogedor e inadmisible es que los cazadores sigan dejando muertos animales (y humanos en sus "accidentes") para divertirse y como consecuencia de sus graves taras y desequilibrios.

Artículos del autor

El domingo 20 de marzo en Madrid, los cazadores utilizaron al mundo rural para su propio y siniestro beneficio, que no es otro que continuar matando a todos los animales a los que asesinan legalmente. Con cinismo y desvergüenza, y para no dejar de darle rienda suelta con impunidad a su sociopatía, usaron los problemas reales de una gente como esos agricultores que tan a menudo denuncian las tropelías que los escopeteros perpetran en su entorno profesional y familiar.

Cuando el mundo de la caza pertrechado con sus herramientas, sean rifles adquiridos en armerías o perros comprados a criadores, se suma a esas reivindicaciones de apoyo a la España Vaciada del mismo modo que un proxeneta podría hacerlo a la defensa del pequeño comercio, ¿incluirán en ellas las ramas de árboles españoles donde los ahorcan cuando les son inservibles?

Dos cazadores, padre e hijo, disparaban en un camino junto a unas viviendas en Casarrubios del Monte. Un vecino les recriminó y el escopetero más joven le golpeó con la culata de su arma en la cara (ha perdido un ojo), encañonando después al herido y a su hijo mientras les amenazaba de muerte.

Asegura un cazador que ellos no se meten con nadie. Es decir, que todas las personas que matan o hieren en "accidentes", todos los animales a los que disparan y acuchillan en sus "lances", todos los perros "inservibles" para cazar que abandonan o liquidan, son nadie para ellos. Y usted, sr. Luis Planas Puchades, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, pide cuidar la caza asegurando que es un deporte como el fútbol.

Hace muy pocos días la página de escopeteros Jara y Sedal publicaba –con tono de hazaña- que J.A.B.S. había matado en la Sierra de Gredos el macho montés con el trofeo más grande de 2021. En el desarrollo de la “proeza cinegética” cuenta este adicto a terminar con vidas de seres inocentes que no tenía pensado ir a cazar ese domingo, pero le avisaron de que habían visto a ese animal después de dos años cuando ya pensaban que se había muerto.

Rompe el alma escuchar a niños decir que sus padres les pegan lo normal, pero no lo hace menos verles jugar con rifles o sonreír orgullosos junto al corcito al que acaban de reventarle las entrañas de un disparo. O de varios. Los niños no son propiedad de sus padres y educarlos en el uso de las armas o en el matar por pasatiempo debe tipificarse como delito.

- 300 millones de animales reventados a disparos y cuchilladas.

- 500 cadáveres de personas.

- 35.000 humanos heridos.

 
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