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Julio Ortega Fraile
Julio Ortega Fraile
No llamemos accidentes a los muertos humanos de la caza. No lo son

Estos fotogramas pertenecen a un vídeo rodado durante una montería. El cazador que se está más alejado observa que un jabalí cruza y dispara. Falla el tiro, el proyectil da contra el suelo y sale rebotado hacia los puestos donde se encuentran otros escopeteros pasándoles al lado. En la grabación se puede escuchar cómo silba junto a ellos, pero al final todavía se oye algo más aterrador: carcajadas.

Cada año mueren docenas de humanos y cientos de ellos resultan con heridas de distinta gravedad como consecuencia de los llamados “accidentes cinegéticos”. Contemplando las imágenes de un hecho del queen esta ocasión hay constancia gráfica y sabiendo que muchas, muchísimas veces más ocurre sin que existan pruebas excepto cuando ya lo son en forma de cadáveres, no queda otra que preguntarse si esos muertos o heridos deberían dejar de calificarse como accidentales para pasar a denominarlos la consecuencia pronosticable de armas en manos de personas que carecen de las capacidades cognitivas y físicas para empuñarlas, pero que van sobradas de ansia de llegar al bar con la bandeja de su pick up lo más cargada posible de cuerpos ensangrentados de animales inocentes para celebrar lo bien que se ha dado la mañana.

Los protagonistas de este vídeo siguen vivos a día de hoy. Esta vez el azar quiso que por fortuna ninguno de ellos ni tampoco el jabalí acabasen con una bala alojada en su interior, sin embargo siguen poseyendo rifles y conservando la naturaleza que les llevará a continuar saliendo a cazar, a hacerlo de ese modo tan temerario y a reírse después. Puede que en la próxima montería y en el próximo camino la jornada finalice con un furgón judicial abriendo su portón para meter dentro a un muerto.

Esa vez no habrá risas, pero lo volverán a llamar accidente fortuito y no, no lo habrá sido. La imprudencia, la negligencia y el déficit de aptitudes para utilizar armas mezclado con la prisa por apretar el gatillo no son patas para la casualidad sino el prólogo para lo previsible.

¿A qué estamos esperando para prohibir la caza, una actividad que no deja de generar sufrimiento y muerte en tantas especies, incluida la nuestra? Y mientras eso ocurre (que debería ser ya) ¿cuántas autopsias más hacen falta para que las pruebas psicotécnicas y médicas de los cazadores sean exámenes exhaustivos y no una suerte de trámite comercial que si no lo superas puedes repetirlo las veces que sea necesario? ¿O para que esos “accidentes” de caza se enjuicien en cualquier circunstancia por la vía penal?

La caza mata y son muertes injustificables, absurdas y evitables. Todas las que genera. Médicos que dais por aptos a los cazadores para portar armas, magistrados que juzgáis y políticos que legisláis, tened algo muy presente, porque ignorarlo detendrá la reflexión que os lleve a la ejemplaridad, pero no cortará las hemorragias que conducen a muertes que pudisteis impedir: al final del vídeo se escuchan carcajadas. Carcajadas, recordadlo. ¡Carcajadas!

Artículos del autor

Estas horas tan extrañas y complicadas, estos días cargados de tanta incertidumbre, temor y por supuesto esperanza, son al fin como la vida.

El domingo pasado ha habido dos nuevos muertos humanos por la caza (animales se contabilizan por cientos de miles), y en la fotografía aparece la noticia publicada de uno de los casos, el de Girona.La mayor parte de los medios de comunicación y también las instancias oficiales, la policía o el juzgado entre otras, hablan de "muertes accidentales" en estas situaciones, y me gustaría hacer un repaso a algunos términos en el diccionario de la RAE.ACCIDENTE: Suceso eventual o acción de que resulta daño involuntario para las personas o las cosas.Vale, asumo que el cazador no sale al monte con la intención de meterle un proyectil en el cráneo a otro escopetero o a un paseante y en ese sentido su acto es involuntario, pero sí lo hace con la de matar a un animal, por lo tanto su voluntad es disparar a un ser vivo y no puede haber un eximente sino como mucho un atenuante en el hecho de equivocarse, del mismo modo que la ley no exculpa a un conductor que ha tomado medicamentos que le producen somnolencia, se duerme al volante, provoca una colisión y muere alguien en ella.

Cuando te pasas toda tu maldita vida torturando y matando a seres inocentes debes entender que, muy de vez en cuando, uno de ellos acierte a defenderse y recibas una milésima parte del sufrimiento que tú les causas.Claro, que asistiéndote a ti, canalla indeseable, habrá monosabios y mozos de espadas para distraer al toro si te engancha, para recogerte y llevarte en volandas detrás de la barrera que transforma la cacareada lucha de igual a igual en una puta mentira taurina, tu valor en mierda perforada, el arte en cagarte encima del miedo cuando eres tú el jodido, la cultura en «¡corred por vuestra madre, corred que me muero!», la metáfora de la vida y la muerte en versos mortales para el toro y la ciencia, sin nada poesía y con mucho de medicina para salvar a su torturador, es decir: tú Y después la noticia de "una gravísima cogida" que al final son unos pocos puntos en tu cerebro, perdón, en tu ano quería decir (me confundió la similitud entre ambos) y a las 48 horas el alta médica, pero es que os encanta vender desde los medios afines tragedia humana cuando sólo hay maldad, farsa y un chorrete de betadine en tu esfinter apretado, asesino repugnante.Si es que hasta Gandhi -y mira que tenía flema- te habría soltado una buena hostia, matador.

Afirmáis que son invasoras pero algo apesta a Goebbels en esa aseveración porque ellas no eligieron venir aquí. Decid mejor prisioneras traídas a la fuerza para satisfacer de forma temporal la vanidad y estupidez (indisolubles) de ciertos individuos a los que lo mismo les da por enjaular en su salón un ave acostumbrada a volar en las selvas de otras de latitudes, que por comprarse un rottweiller para que les cuide el coche cuando se van de putas o irse de ellas, menores, a Camboya.

A finales del Siglo XIX el fisiólogo Charles-Édouard Brown-Séquard afirmó haber dado con un elixir que, entre otros efectos, aumentaba su hombría.

Morante es conocido por varias razones:

En su faceta ideológica por identificarse con un partido político de corte machista, xenófobo, homófobo, violento y fascista.

Valga (Pontevedra): Javier Bello, de 46 años, mata a su mujer María José Aboy, de 43, con un tiro de su escopeta de caza.

Francisco Serrano, juez en excedencia, ha sido el encargado desde Vox de solicitar los nombres completos de los trabajadores dedicados a la valoración de la violencia de género con el objeto de realizar una suerte de depuración por criterios ideológicos, por más que intenten disfrazar ese propósito, y aunque es innegable que hay personas afines a los suyos los conocemos lo suficiente como para no dudar del peligro real, comprobado y trágico que representan.

 
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