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Carmen Muñoz
Carmen Muñoz
​Hay un dicho que dice “abuelos trabajadores y sensatos, hijos permisivos y nietos egoístas e inútiles”. Esto es lo que tenemos en la actualidad. La generación de los nietos.

Un año más como de costumbre, como cada año, nos encontramos inmersos en unas fechas de celebración, unas fechas en las que celebramos la llegada del Hijo de Dios al mundo según la tradición cristiana, unos días en las que inexplicablemente parece que la gente se volviese más generosa, más caritativa, más servicial, más fraterna, en resumen mejores personas. Puede ser debido que el espíritu navideño se instala en los corazones y nos hace obrar de esa manera.

Esa forma de recibir a la navidad había sido así hasta este horrible año en el que todo se ha trastocado, no solo por el dichoso covid-19 sino por el nefasto gobierno que estamos sufriendo desde hace ya demasiado tiempo. Estas navidades son las más tristes y penosas que recuerdo a lo largo de mi vida, que no es corta, porque se ha perdido, a mi modo de ver, lo esencial, la fe, la esperanza, la alegría, la ilusión, la libertad, la justicia, la ética…

Al término de la catastrófica guerra civil que padecimos, España quedó hecha un erial, todo escaseaba, no teníamos recursos para casi nada, pero se tenía la fuerza necesaria para sacar al país adelante porque había ilusión por hacerlo. Con mucho trabajo y esfuerzo se logró rehacer la economía, la hambruna dio paso a los pequeños utilitarios coches Seat 600 y la clase media fue construyendo un tejido empresarial lo suficientemente amplio en el que descansaba gran parte la estabilidad económica y engrandecimiento del país.

El gobierno era una dictadura, si, pero una dictadura que se preocupó por levantar al país y por la mejora de todos los ciudadanos. Porque los niños tuvieran una educación excelente, verídica y universal en todas las asignaturas, era una educación en la que primaban los valores éticos y morales, el esfuerzo, la responsabilidad, el trabajo, la constancia, los buenos principios y todo ello encaminado a construir personas de provecho para la sociedad del futuro.

España creció con una estabilidad económica, se logró una vida cómoda, trabajos seguros, tuvimos una democracia y se situó en Europa y todo parecía fluir con normalidad, comodidad, beneficios y futuro.

Hay un dicho que dice “abuelos trabajadores y sensatos, hijos permisivos y nietos egoístas e inútiles”. Esto es lo que tenemos en la actualidad. La generación de los nietos.

Estamos en unas navidades muy tristes porque son las navidades de la negación a todo. Bajo el nombre de democracia, que hasta ahora disfrutábamos, vivimos en un régimen dictatorial otra vez, pero en esta ocasión con ocultismo, dividiendo en vez de sumar, mintiendo en vez de esclarecer, empobreciendo en vez de enriquecer, destruyendo en vez de construir y lo que con tanto esfuerzo e ilusión construyeron los abuelos, esta generación de nietos se están cargando.


Un gobierno que hace leyes con premeditación y alevosía, sin escuchar la voz ciudadana, ni a partidos de la oposición, ni a responsables del concepto de dicha ley, solo a un grupo de personas, que son minoría dentro del país, en las que se apoya el presidente para continuar en el poder y que él solo ha elegido, no el sufragio electoral, está destruyendo todo lo que durante décadas se había, creíamos, consolidado.

El excesivo y estúpido personalismo, orgullo, vanidad e ineptitud de la clase política actual que gobierna, el personalismo y orgullo de la oposición, la falta de arrojo en la monarquía nos están llevando a lo peor que podríamos imaginar hace unos años, la ruina social, ética y económica. Se está legislando a favor de la muerte en vez de la vida, véase aborto y eutanasia, una ley educativa en la que favorece a las clases pudientes en deterioro de las menos. La educación concertada es más igualitaria ya que pueden acceder a ella todos los padres que lo deseen para sus hijos. Igualmente es otro desatino suprimir la educación especial para niños con alguna discapacidad o disfunción. Estas criaturas no se pueden integrar en una clase común, necesitas ofertas adecuadas a sus necesidades. Otra aberración es suprimir el idioma español en España como vehicular. En ningún país del mundo ni se ha hecho ni se comprende. Así se ríen de nosotros a carcajadas en el extranjero y nos toman por idiotas, con toda razón. Imposible tomarnos en serio.

Han menoscabado la libertad pues están manipulados los medios de comunicación y el poder judicial porque el que se mueva no sale en la foto.

Lo razonable sería sumar en vez de restar, es decir, implantar las distintas lenguas, dialectos o como quieran llamarlos, en todos los centros escolares para que todos los españoles las pudieran aprender, si quisieran, al igual que los idiomas extranjeros, pero no suprimir el español porque eso es de subnormales. Ayudar a todo tipo de enseñanza, en la variedad y superación está el éxito y no reducirlo a una enseñanza pública que dicho sea de paso, deja mucho que desear, pues salvo el adoctrinamiento político, lo demás es demasiado mediocre. Dar más recursos a los cuidados paliativos y a las madres para sacar a sus hijos adelante, a la investigación para poder prevenir o al menos estar preparados para situaciones de pandemia como la que sufrimos, etc. etc..

Señores políticos, déjense de una puñetera vez de tanta demagogia y tanta maldad en beneficio solamente de ustedes, no destruyan lo que funcionaba bien, creen puestos de trabajo en vez de dar subvenciones para tener comprado el voto de los cientos de borregos que pretenden hacer con sus leyes educativas, ayuden a los empresarios y a la clase media trabajadora que son el sustento del país, dejen de engañar a los más desfavorecidos, prometiendo cosas que de sobra saben no podrán cumplir. Dejen de ser carroña política que los españoles no se merecen esto.

Conclusión: Con un rey sin arrojo, un gobierno carroñero y corrupto y una oposición pusilánime, este país se va derecho a la mi……

Que Dios nos bendiga a todos. ¡FELIZ NAVIDAD!

Artículos del autor

El español (cuyo origen es el latín) se puede considerar el tercer idioma más hablado del mundo y quizás sea el más rico como lenguaje en cuanto a fonética, palabras e interpretaciones. En su gramática se distinguen tres géneros, femenino, masculino y neutro.

No tenemos remedio. La falta de conocimientos, el desinterés por conocer la historia, el desencanto, la impericia, el no pensar a la hora del voto y hacerlo por impulsos y tantas cosas más, son las que han propiciado tener el peor gobierno en la peor época de nuestra democracia.

Me gusta empezar los escritos con algo un poco light para irme adentrando poco a poco en materia e hincar el diente en lo que más me atormente, me apasione o simplemente tenga ganas de escribir sobre ello.  En esta ocasión va a  ser diferente porque utilizando un símil taurino voy a entrar al trapo en pase de pecho y en redondo.

Hay varias generaciones, de las que parte de ellas están en el gobierno, que han nacido en una España tranquila, regenerada, sin sobresaltos políticos, en la que se ha ocultado de manera machacona la cruda realidad de un pasado reciente en la que la división, las envidias, el rencor, la represión política, la guerra con lo que supuso en todos los frentes, dio paso a una confraternidad moderada en la que se aparcaron las viejas rencillas de manera generosa, para poder florecer, progresar y traer una novicia democracia en la que todavía, ya bastante deteriorada, estamos disfrutando.

Que la juventud sea irresponsable hasta la saciedad no debe extrañarnos porque ya se encargaron los sucesivos gobiernos democráticos de ir empobreciendo al máximo el sistema educativo, por lo tanto, de esos polvos estos lodos. Ignorantes, irresponsables, irrespetuosos “¡un dechado de virtudes, vamos!”

La pandemia que sufrimos está sirviendo para poner negro sobre blanco y a cara descubierta la forma de actuar de todos en general y la del gobierno en particular.

Han sido muchos los pueblos que han pasado por la Península Ibérica desde la antigüedad, cada uno con su enseña identificativa, escudos, colores, formas varias etc. Fueron los árabes quienes introdujeron en la península la bandera tal como la conocemos, una tela fijada a un asta desde la que ondea perpendicularmente.

Voy a intentar exponer mis ideas sin alterarme demasiado, porque cada vez que me siento para transcribir lo que pienso, se me agria el carácter de tal forma que lo dejo para que no me salgan más canas de las que ya tengo.


 
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