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Ángel Pontones Moreno
Ángel Pontones Moreno
Arrojar gazpacho sobre un bodegón de verduras plantea un interesante diálogo deconstructivo

- Si queremos arrojar comida al arte, estaría bien documentarse primero por si el artista era celíaco. No es recomendable el tiramisú con impresionistas diabéticos. Tampoco recomendaría la nutella cerca de Las Tres Gracias de Rubens.


- Si lo que arrojamos son salsas, sería interesante contar con Estrellas Michelin como Dabiz Muñoz que manejen el tema de las emulsiones y las mezclas. Los pures deben tener la consistencia justa que deje traslúcida la imagen. El taboulé debe estar a temperatura ambiente y el pure de secreto ibérico debe quedar oculto en otro cuadro distinto, para que nadie se entere. No es bueno abusar del wasabi ni de la Sal Maldon si ya se cuenta con un tarro de Sopa Campbell. Conviene no arrojar al cristal carpaccio a palo seco, pues no marida con el vidrio, y aparte es una soberana estupidez.


- Arrojar gazpacho sobre un bodegón de verduras plantea un interesante diálogo deconstructivo, pues ambas partes del cristal coinciden en sus componentes. Si el guardia de Seguridad del recinto ha comido recientemente tempura (de verduras), es posible proseguir este diálogo, siempre que la presa que aquel haga sobre nuestro cuello, nos permite hablar.


- Conviene incorporar Maicena en "Los Relojes blandos" de Dalí para ayudarles a espesarse y coger consistencia. Por motivos igualmente compensatorios, no pasa nada por rociar de bicarbonato a “Saturno devorando a su hijo”.


- La "Mona Lisa" no necesariamente exige crema de cacahuete. Huyamos de la literalidad.


- Si queremos dar de comer al arte, existe algo llamado mecenazgo. Repito que no hay que tomarse las frases al pie de la letra. 

Artículos del autor

En el afán de agilizar el storming de ideas de los guionistas de estas plataformas maléficas en las que ahora vivimos el tiempo que no tenemos, se me ha ocurrido proporcionarles unas ideitas que he tenido esta tarde...

Hace unos días, me gustaría pensar que por una sanción del hombre más maquiavélico del planeta (Mark Zuckerberg), dejé de poder expresar emociones en la Red social llamada Caralibro. Es decir, desaparecieron todos los emojis quitando el azul original del like. Las fotos dejaron de encantarme, las opiniones de asombrarme o importarme, y las malas noticias de enfadarme.

Se llamaba Feng, aunque eso lo descubrí cuando él ya no estaba. Parecía satisfecho de lo que veía, y su mujer tenía siempre a mano la sonrisa que a él le costaba un poco más. Nunca me pregunté los tumbos que les llevaron aquí, y lo que debieron esforzarse para montar su negocio. 

Ministerio de Superioridad, 11:15 a.m de cualquier día: -¿Entonces yo soy no binario? -Eso es. Y yo máximo común divisor. Me gustan las disensiones. -Pues yo soy integral. De masa madre.

-Buenos días, soy el telescopio WEBB. -Y yo el origen del universo. En que puedo ayudarle?

-Usted nos dirá. -Quiero comprarme un piso. -Ese es el primer paso. Creérselo. ¿Por donde lo quiere? -Céntrico, pero me adapto.

En El Corte Inglés buscando el nuevo bestseller policiaco de la mujer del tiempo de Antena 3, me ayuda un vendedor muy simpático que es a su vez escritor de novela histórica visigótica, que al mismo tiempo que a mí, atiende a una chica que le comenta que tiene TOC y escribe novela romántica con el alias “Sagrario”.

 
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