España, afortunadamente, supo alejarse de dos guerras mundiales; por lo tanto, no tiene experiencia, aunque sea memorística, de aquella catástrofe humana, material y moral. Estamos seguros de que el pueblo español no es belicista; no obstante, esa falta de experiencia podría ser un inconveniente frente a aquellos que irresponsablemente alimentan las calderas del diablo, haciéndonos creer que todos piensan como ellos.
Los países europeos, por el contrario, sí la tuvieron, y suponemos que aunque no hay garantía de que las experiencias sean traspasables (de serlo no se habría reincidido en una segunda guerra mundial), confiamos en que algún poso didáctico habrá quedado, aunque sea en una proporción razonable de la sociedad.
Dicen que mientras el prudente se refugia ante el peligro el insensato sigue adelante y paga su imprudencia. No sabemos los pueblos, pero es evidente que la mayoría de los gobiernos de Europa actuales no ha sacado una lección útil de aquel desastre. De haberla obtenido no estarían tanteando una repetición.
Uno de los grandes problemas de los europeos es que han permitido que otros, que no han tenido las mismas experiencias, piensen por ellos. Si nos centramos en las guerras antedichas, EEUU apenas tuvo bajas (no llegó a los 600 mil muertos entre las dos guerras, de un total de 80 millones), y ninguna de ellas destrozó su territorio. De haber un conflicto no nuclear en el mundo se volvería a repetir la historia: EEUU apenas sufriría daños, su industria trabajaría a todo ritmo y su economía se recuperaría.
El pueblo español nunca se ha preocupado por la política internacional, pero esta sí se ha interesado por él. Por ejemplo, la admisión como aliado de un régimen que hasta entonces se había considerado enemigo; ello a cambio de unas bases y algo más.
Ese desinterés por la política internacional (si le hubieran preguntado por ella a un político, habría mirado pasmado) ha generado una idea de que todo lo que ahora sucede no tiene antecedentes. Pero no es cierto. Hay varios hitos que atraviesan el pasado y constituyen el presente: el fin de la IIGM, la hegemonía de EEUU, la guerra fría, el fin de la URSS y la ampliación de la OTAN, entre muchas otras cosas más.
Tan es así que mucha gente cree que las raíces del 5 por ciento son recientes, es decir, de 2022. Dado su desinterés olvidaron rápidamente lo de Yugoslavia, Afganistán, Irak (con movilizaciones mundiales por la paz), Sudán, Líbano, Libia, Siria, y un largo rosario de conflictos previamente diseñados.
¿Hay un corte radical entre aquellas guerras y estas? No. Se demostró que lo del fin de la Historia era una fantasía, pero quedó la inercia (tan es así que el Partido Demócrata ha designado de nuevo a un halcón, Jake Sullivan, para delinear la política exterior de su futuro candidato a la presidencia,). ¿Qué ha cambiado, entonces? Simplemente el tratamiento de los medios de comunicación oficiales.
En este devenir (80 años) han intervenido numerosos políticos. Los más determinantes son estadounidenses, dado que en todo este tiempo ha sido la nación hegemónica.
Pero entre ellos destaca uno porque supo ver con ojos propios la evolución (o involución) de las cosas. Nos referimos a George Kennan.
Nada más terminar la guerra delineó la política del entonces presidente, Truman. Veía en la URSS un enemigo que había que contener. En 1946 elaboró un informe conocido como el Telegrama Largo donde delineaba la estrategia de los Estados Unidos. La URSS debía ser contenida en todos aquellos puntos de importancia para los EEUU. No es ironía: dudamos que haya algún rincón en el mundo, por muy lejano que esté (Taiwán, por ejemplo) que escape a esta proyección. En definitiva, delineó el comenzó la Guerra fría (y del Plan Marchall). En 1946 se constituía la OTAN y en 1955, en respuesta, el Pacto de Varsovia.
A Truman le sucedió Eisenhower, que anticipó un peligro que el tiempo ha confirmado. El de la enormidad del gasto militar. Una de las causas de la gigantesca deuda de EEUU (38 millones de millones de dólares) es por este gasto. Mantener cerca de 800 bases en el mundo no se logra sin comprometer a la economía e incluso a la prosperidad. También anticipó otro peligro que resumió (Eisenhower) en la siguiente frase: "Debemos cuidarnos de la adquisición de influencia injustificada, tanto solicitada como no solicitada, del complejo militar industrial". Recordemos que este presidente era militar.
Pero lo que nos interesa es llegar a 1991, cuando desaparece la URSS. Digamos de pasada que esta entidad perdió 5 millones de kilómetros cuadrados (algo así como 5 Egiptos) y 140 millones de habitantes (de 290 a 149, la mitad).
Poco antes, en las negociaciones para la reunificación alemana y la retirada de las tropas soviéticas de la DDR, ¿qué se prometió?: pues que no se incorporaría a la OTAN a ninguno de los países de la Europa del Este incluidos en la órbita soviética. La promesa se la hizo Baker, Secretario de Estado de EEUU, a Gorbacho. Esta promesa, negada después, ha sido confirmada por la desclasificación de documentos tanto estadounidenses como soviéticos.
John Mearsheimer, uno de los principales geopolíticos de EEUU, decía en 2015: ¿Se imaginan dentro de 20 años a una China poderosa formando una alianza militar con Canadá y México, y trasladando las fuerzas militares chinas a suelo canadiense y mexicano, y nosotros quedándonos ahí y diciendo que no hay problema?”.
¿Se respetó la promesa? No. De 1999 a 2004 se incorporaron a dicha organización (OTAN) la República Checa, Hungría, Polonia Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania y Eslovaquia. No incluimos a los países surgidos por la desaparición de Yugoslavia en cuanto no pertenecían a la referida órbita.
¿Y qué dijo el hombre que había ideado la estrategia de la Guerra Fría y del Plan Marshall, y que no puede ser considerado un paloma? Esta fue su opinión:
“... expandir la OTAN sería el error más fatídico de la política estadounidense.... Se puede esperar que tal decisión inflame las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas;…restaurar la atmósfera de la guerra fría en las relaciones Este-Oeste e impulsar la política exterior rusa en direcciones que decididamente no son de nuestro agrado…".
Un año después, añadió:
“Creo que es el comienzo de una nueva guerra fría... Creo que los rusos reaccionarán gradualmente de manera bastante... Creo que es un error trágico. No había ninguna razón para esto en absoluto. Nadie estaba amenazando a nadie más. Esta expansión haría que los padres fundadores de este país se revolvieran en sus tumbas”.
En 2008 Bush afirmaba que EEUU apoyaba firmemente la integración de Ucrania y Georgia en la OTAN. Que ningún país podía vetar las decisiones de otro país. Cierto, salvo EEUU, que podía crear crisis internacionales como la de los misiles en Cuba, en 1962.
|