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El nieto de Belgrano y otra expedición al Paraguay

Había sido enviado en una malograda misión que buscaba imponer la voluntad de Buenos Aires en Paraguay, a principios de 1811
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
lunes, 7 de noviembre de 2022, 09:59 h (CET)

Casi un siglo más tarde de la expedición al Paraguay de Manuel Belgrano, su nieto Carlos Vega Belgrano fue responsable de enviar a un obstinado cronista que desnudó al Paraguay.


Un prócer argentino doctorado en Salamanca, Manuel Belgrano, había sido enviado en una malograda misión que buscaba imponer la voluntad de Buenos Aires en Paraguay, a principios de 1811. Las diversas interpretaciones de aquel episodio lo hicieron bastante conocido en la historiografía del Rio de la Plata, aunque no fue la última intervención de un Belgrano en Paraguay.


El nieto de Belgrano, casi un siglo después, se involucraría en un episodio de la historia política paraguaya enviando a un obstinado cronista que describiría como pocos la realidad del pais.

Carlos Manuel Silvano Vega Belgrano y Belgrano había nacido en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1858, hijo de Manuela Mónica Belgrano y Manuel Vega Belgrano, hija y sobrino nieto, respectivamente, del General Manuel Belgrano. Su padre, próspero comerciante, le había procurado una sólida formación intelectual en su país y luego en varias universidades europeas, de donde regresaría para dedicarse al periodismo dirigiendo un diario, “El Tiempo”.


En 1904, una violenta guerra civil sacudía al Paraguay cuando este diario argentino “El Tiempo” decidió enviar un corresponsal para informar a sus lectores de aquellos luctuosos sucesos. El cronista enviado era un aristócrata, hijo de padre inglés y madre española, nacido en Torrelavega, con aires de dandi y tormentoso pasado en España y París, Rafael Barret.


Barret, hoy reconocido como un gran escritor, a quien confesaron admirar Jorge Luis Borges, Augusto Roa Bastos y Eduardo Galeano, se convertiría en el más preciso testigo de la ominosa realidad social paraguaya de principios del siglo XX. Escritor hoy celebrado en Argentina, Uruguay y Paraguay, recordado en España también como referente del anarquismo, dejó unos textos que no por estar impregnados de rebeldía prescinden de belleza literaria.


Rafael Barret es la prueba de que la exigencia de la realidad puede también embellecer la prosa, y que el anarquismo también puede abordar los mitos populares y lenguas extrañas a él como el guaraní.


Barret describe al estado paraguayo impuesto por el colonialismo liberal en 1870, como moral y materialmente devastado, apenas las ruinas de un país, donde unas ocho mil leguas entregadas a propietarios extranjeros, arrendatarios y latifundistas, son explotadas por un sistema que descansa en la esclavitud, el tormento y asesinato. Puntualizaba que no había elegido selectivamente lo mas horrendo, sino lo mas frecuente, tampoco lo excepcional sino la regla.


Llamaba a los escépticos a visitar los yerbales y con sus propios ojos comprobar la verdad.

Apuntaba directamente a los responsables del estado paraguayo como los administradores de tal atrocidad, recordando que en primer día del año 1871, el presidente Cirilo Rivarola había dispuesto decreto mediante: “ Artículo 1º (…) Art. 2º. En todos los casos en que el peón precisase separarse de sus trabajos temporalmente deberá obtener (…) asentimiento por medio de una constancia firmada por el patrón o capataces del establecimiento.


Art. 3º. El peón que abandone su trabajo sin este requisito será conducido preso al establecimiento, si así lo pidiere el patrón, cargándosele en cuenta los gastos de remisión y demás que por tal estado origine”.


Los peones eran arreados por cierta suma que gastan en el acto o dejan a su familia, para luego firmar ante un juez un contrato que ese anticipo será reembolsado con trabajo. Según testimonia Barret, “Una vez arreado a la selva, el peón queda prisionero los doce o quince años que, como máximo, resistirá a las labores y a las penalidades que le aguardan. Es un esclavo que se vendió a sí mismo. Nada le salvará. Se ha calculado de tal modo el anticipo, con relación a los salarios y a los precios de los víveres y de las ropas en el yerbal, que el peón, aunque reviente, será siempre deudor de los patrones. Si trata de huir se le caza. Si no se logra traerle vivo, se le mata”.


“Así se hacía en tiempos de Rivarola. Así se hace hoy. Es sabido que el Estado perdió sus yerbales. El territorio paraguayo se repartió entre los amigos del gobierno y después la Industrial se fue quedando con casi todo. El Estado llegó al extremo de regalar ciento cincuenta leguas a un personaje influyente. Fue aquella una época interesante de venta y arriendo de tierras y de compra de agrimensores y de jueces. Pero no nos importan por el momento las costumbres políticas de esta nación, sino lo referente a la esclavitud en los yerbales”.


Rafael Barret echó raíces en Paraguay, formando familia con Panchita Maíz, nieta de un controvertido personaje de la historia paraguaya, Fidel Maíz. Sus denuncias de la realidad social, como ya lo habrá adivinado el lector, no le resultaron gratuitas, fue encarcelado y atormentado y aunque su ciudadanía británica le permitió atenuar esos rigores, no olvidó denunciar al “imperio invisible” como bautizó al sub imperialismo que Inglaterra ejercía sobre Paraguay mediante Buenos Aires.


En el breve lapso que Barret pasó en Paraguay, gobernado por el Partido Liberal, la cantidad de presidentes que nominalmente gobernaron el país supera a los años. En los quince años que van de 1905 a 1920, el Paraguay tuvo dieciséis presidentes. Lo que ínterin se cambiaban gobierno ocurría, en un ruinoso e ignoto país, el mundo hoy lo conoce gracias al corresponsal de “El Tiempo”.


Valga recordar esta otra expedición gestada por un Belgrano a Paraguay, que supo enviar en 1904 a un formidable emisario, tan brillante como atrevido, que fue capaz de escribir y describir: “Nada hay, pues, que esperar de un Estado que restablece la esclavitud, con ella lucra y vende la justicia al menudeo”. LAW

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