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Opinión
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Decires insustituibles

Primacía de lo existencial en sus detalles más perentorios
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de agosto de 2022, 10:51 h (CET)

Una de las experiencias radicales, quizá hablando en propiedad sea la única, sea ese rescoldo personal imposible de sustituir. Las demás vienen a representar la suma de varias, pero no nuevas experiencias registradas. Al menos, ese protagonismo es el punto de partida de cuantos relatos vengan a describirse en la evolución de los humanos. El dominio de los colectivismos no contrapone los suficientes argumentos, el colectivo carece de la personalidad propia como tal ente constitutivo. El individuo es vulnerable con carencias innumerables, con el mencionado rescoldo como candente demostración de su entidad. Sus variadas manifestaciones no pueden ser suplantadas por entidades de nuevo cuño.


Allá por donde dirijamos la atención comprobaremos la escasa consistencia de las pretendidas certidumbres; el verdadero fondo de las cosas es muy profundo, nunca completamos la recogida de datos. Nadie dispone de ese recurso poderoso de llegar al conocimiento supremo. Eso demuestra a su vez el carácter espontáneo y peculiar de las percepciones individuales. La IMPRECISIÓN es constitutiva del engranaje mental de las personas. Las dudas no desaparecen del panorama discursivo con las respectivas consecuencias de transmitir esa imprecisión a las expresiones. Lo que vienen a decir suelen ser aproximaciones, sometidas además a las maneras receptivas de los interlocutores.


Para entendernos es imprescindible poner atención en los medios disponibles para comunicarse en diferentes niveles. No será factible mientras no enlacemos de manera adecuada los pensamientos propios. Ese punto de partida es primordial para la elección posterior del LENGUAJE apropiado, desde los gestos a las palabras y a las posturas adoptadas en cada situación. El inconveniente surge de inmediato porque cada sujeto emite sus mensajes modelados según sus cualidades, generalmente con escaso conocimiento de las particularidades ajenas. Dificultoso entramado este de la transmisión de los mensajes entre las personas, en una tarea a la vez imprescindible e inacabada.


Asistimos a diario al conocimiento de múltiples detalles relacionados con las realidades inmediatas. De la ligereza de la sucesión de opiniones emitidas sin fundamento, mejor ni les hacemos mención. Pero aun con los trabajos científicos, pequeños estudios parciales son presentados, con rumbosos adjetivos impropios de aplicación rigurosa. Con las creencias, los argumentos desaparecen frente a las fuerzas impositivas. La distorsión expresiva demuestra su relación con el desarreglo mental subyacente. Las consecuencias están a la vista, interpretamos las actuaciones con un desfase notable y los comportamientos nacen viciados por esas carencias comunicativas; las adaptaciones no se vislumbran.


Determinadas ideas o conceptos ocupan asiduamente los espacios de comunicación. Dicha proliferación de mensajes no equivale a su puesta en práctica, viene a descubrirnos la diferencia del decir al hacer e incluso al sentir. En ese parloteo suelen confundirse los argumentos, transformando al mensaje en un ente irreconocible. De esa manera, con respecto al AMOR qué no se habrá dicho reiteradamente; pese a cualquier intento, todavía no se han precisado las definiciones en su honor. Los sentimientos circulan muy cercanos a los diferentes egoísmos, convirtiéndose en pretensiones de alcances complejos. La dispersión de las estéticas y las éticas controvertidas no contribuyen a precisarlo.


Cuando se contraponen los criterios bien elaborados a las vivencias relacionadas con las necesidades básicas en las ocupaciones corrientes, es previsible hacia donde se inclinarán las expresiones de esa gente. En sus maneras de hablar predominan las inquietudes lógicas de una PRIMACÍA de lo existencial en sus detalles más perentorios. No se trata de los olvidos de otros rangos, sino de su dedicación prioritaria. Por eso, las críticas a sus inclinaciones no han de basarse en teorías alejadas de sus preocupaciones. Por otro lado, será lógica una cierta confrontación con las intenciones dialécticas procedentes de esferas mejor acomodadas. Ese diálogo sólo será pertinente mientras se atenga a esas vivencias básicas.


Enfrascados en los parloteos diarios, en los grandes medios de comunicación como en los pequeños grupos, llama poderosamente la atención la impresión dominante de una evidente ausencia de los razonamientos; como si la emisión de frases, intercambios y escuchas fueran ajenos al pensamiento elaborado. Lo denomino sesgo IRRACIONAL porque no se toleran en esos trances los mínimos reflejos de la criba mental. Su capacidad tóxica de cara a la comunidad es notoria, tanto más en cuanto a la mayor difusión de sus mensajes. Se convierten en un medio contaminado alejado del ciudadano medio, que se presenta desprotegido ante esas realidades bien extendidas, aunque carentes de argumentos razonados.


Para decir las cosas, en los momentos actuales es posible que todo de igual, no se establecen diferencias sensibles; es decir, valga la redundancia, vamos logrando ese espacio indeterminado en el cual no se destacan valores. Muy a pesar de esas tendencias incontroladas, en la barca individual no se tolera más de una autoridad, la del TIMONEL, y ese es quien dirige el rumbo. De entrada, puede renunciar a su posición y dejarse arrumbar por esos impulsos sin contenidos consistentes. Por el contrario, dispone de múltiples opciones para expresar sus sentimientos, comunicando a los demás sus valoraciones con el mejor ánimo de compartir experiencias saludables sin imposiciones.

Al hilo de lo referido, se enturbian también otros campos del conocimiento de norme trascendencia para la convivencia en sociedad.


Los supuestos criterios indiferentes sólo favorecen las actitudes caprichosas y en su peor expresión las agresiones tumultuosas. Lo comprobamos en lo referente a la CALIDAD de los comportamientos, ratificada a diario en cada evento. Ya no sabemos decir casi nada de la moral, ese resumen de las mejores ideas alcanzadas con el razonamiento en el conjunto de la sociedad. Como consecuencia, de la ética apenas sacamos a relucir las impresiones individuales aisladas. No somos capaces de pronunciar las palabras adecuadas para abrirnos a conductas congruentes.


En estas tesituras confusas a fuer de libérrimas, desligadas de inquietudes existenciales, es comprensible el incremento de las posturas CONFORMISTAS con ese fondo, aunque sea por impotencia o por la desidia ante el intuido como enorme esfuerzo corrector. Entran en la rueda de aquellas maneras de pronunciarse, quedando mudos ante otras perspectivas, quizá soñadas, pero silenciadas en el fragor de los voceríos intempestivos.


Insistiremos en la búsqueda de aquellos espacios donde puedan surgir los brotes espontáneos del ánimo impoluto, aún cargado de franqueza, INCONFORMISTA radical ante la serie de imposiciones. Ese rescoldo interior fragua la potencia de los manantiales, aún no entraron las maquinaciones y disponen de la frescura discursiva.

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