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La chulería extradeportiva de la dirección del F.C.Barcelona

Miguel Massanet
jueves, 22 de octubre de 2015, 06:11 h (CET)
Decir que el C.F.Barcelona tiene un gran equipo no es más que expresar una obviedad. Que el historial deportivo del equipo que fundó el gran Joan Gamper, curiosamente un distinguido deportista de nacionalidad suiza, que fue el fundador de dos equipos de fútbol: el Barcelona y el Fussballclub Zürich; puede que sea uno de los más brillantes no sólo de Europa sino del mundo; es algo que difícilmente se puede discutir. Sin embargo, dejando por descontado que, en el aspecto deportivo, el Barcelona ha conseguido casi todo lo que puede acaparar en premios un club de fútbol.; en el aspecto extradeportivo su trayectoria, sin duda, tiene más oscuros que claros.

En cuanto se refiere al terreno extradeportivo, a aquel que hace referencia a sus directivas y al enfoque que se le ha querido dar a una organización deportiva de gran calado en toda Catalunya; intentando y consiguiendo involucrarlo en la política local, en lo que han sido las ambiciones de tipo nacionalista de los catalanes o, al menos, a una parte importante de ellos; especialmente y con más implicación, durante los últimos años; de tal manera que los políticos, los burgueses nacionalistas catalanes y, en consecuencia, los que han desempeñado puestos importantes dentro de la Junta del club, se han aprovechado de la hinchada azul grana para manipularla; convencerla de que el resto de España estaba en contra del club; de que, desde el Estado español, se ha comprado a los árbitros, se han manipulado resultados o se ha conspirado para que, jugadores a los que aspiraba el club catalán, fueran contratados por otros clubes, en especial, el despreciado y odiado Real Madrid, de la capital del Reino.

Nadie duda de que, en la actualidad, el C.F.Barcelona se haya convertido, en virtud de la concomitancia de sus dirigentes y los del nacionalismo más extremo, en una lanzadera del separatismo catalán, que trata de convertir a Catalunya en un estado independiente de España, para cuyo fin están dispuestos a utilizar el prestigio deportivo del club catalán, para intentar hacer propaganda de las aspiraciones del pueblo catalán, no todo por supuesto, pero si del más activo y revolucionario; como se ha desprendido de los resultados de los comicios autonómicos recientemente celebrados (27S), en los que los partidos secesionistas no han sobrepasado el 47% de los votos. Sus dirigentes se han contagiado de la postura intransigente de los políticos como Mas, Junqueras y el resto de los dirigentes de los partidos secesionistas, adoptando la pose de mata hombres, de sobrados y de raza superior que, a su pobre entender, les viene a autorizar para atreverse contra todo lo que les molesta, les contraría o les impide salirse con la suya; viendo en cualquier actuación, medida disciplinaria, amonestación o aplicación de las normas por las que se rigen las competiciones nacionales o internacionales, una ataque directo, una intención maliciosa o una discriminación intolerable, dirigida a obstaculizar el “derecho” de los catalanes a manifestarse libremente, exhibir banderas ilegales y proferir gritos en contra de la nación a la que pertenecen, o amenazar a sus adversarios con plena indemnidad, libertad, osadía y falta de deportividad; cuando el respeto por estas reglas son la base de todo deporte que, según los principios del barón de Coubertain, deberían regir en cualquier manifestación deportiva, por encima de toda otra consideración de carácter político.

Como sucede en toda Catalunya, de una manera incomprensible, sin que las autoridades intervengan para impedirlo, si no es que lo fomentan bajo mano; en esta comunidad ya apenas se puede ver la bandera nacional española en unos pocos edificios públicos y, aún en estos casos, porque se les ha obligado bajo amenazas a que la exhiban al lado de la bandera catalana, la de las cuatro barra y no la llamada “estelada”, que es la que se ha convertido en la imagen del independentismo del pueblo catalán. Sin embargo, permitido y alentado desde la Generalitat, son miles las banderas esteladas que cuelgan de las casas, apartamentos, balcones, azoteas, postes, y demás lugares de las calles y plazas de las ciudades y pueblos catalanes que, los que nos consideramos españoles nos vemos obligados a tragar ante la negligencia de quienes tendrían la obligación de exigir que se retiraran inmediatamente por ser la expresión ilegal de una pretensión que no cabe dentro de lo previsto en la Constitución española.

Lo que sucede es que, tanto se han venido creyendo algunos catalanes que les está permitido actuar desobedeciendo las leyes españolas; esquivando el acatamiento de las sentencias de los tribunales; que tan impunemente vociferan en las calles sus ultrajes a España, a la Constitución a los símbolos nacionales y a todo lo que puedan relacionar con el resto de España, incluidos los españoles que no comulgan con sus idea xenófobas, que ya no hay nadie que los pueda parar. Tan convencidos están los directivos del “Barça”, que han llegado a creerse que “todo el monte es orégano” y ya no se conforman con reírse de las instituciones españolas, sino que piensan que son capaces de poner a parir a las instituciones europeas, como la UEFA, perdiéndoles el respeto. Un titular de La Vanguardia de Barcelona hacía referencia a las sanciones que dicho organismo le ha venido aplicando, 40.000 euros, ahora por segunda vez, por la exhibición, en sendos partidos de Champions ( una competición europea), de las famosas esteladas durante un evento apolítico y de carácter deportivo, del siguiente modo: “El Barça se harta de la UEFA” y, al siguiente día, con otro del siguiente tenor: “Desobediencia anti-UEFA”, ahondando en la herida y, como acostumbran a hacer en España, amenazando con incumplir las normas de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol a la que pertenecen y tienen el compromiso de cumplir con su reglamento.

Como he repetido en otras ocasiones: nada hay más necio que darse de golpes contra el espolón. Lo normal es herirse o salir malparado que, con toda seguridad, es lo que acabará sucediendo con los listillos nacionalistas de la directiva azul grana. Porque de lo que probablemente no quieren darse cuenta es de que, la insistencia en reincidir en la misma infracción, la acumulación de las sanciones, lo único a lo que conduce es a que, ante tanta reincidencia, la falta vaya adquiriendo la naturaleza de una insubordinación que, naturalmente, puede conllevar sanciones de mayor gravedad, tales como el cierre del campo, el pago de multas millonarias o la inhabilitación de los dirigente del club Barcelona para ocupar sus cargos como directivos de la entidad.

Y es que, señores, les conmino a que vean la foto que ilustra el artículo al que me he referido hablando de su titular, del día 21 de los corrientes, en el que aparecen, en franca camaradería y riéndose de sus “astutas” actividades contrarias a la legislación española y comunitaria, los Jinetes del Apocalipsis catalán: Junqueras, Artur Mas y el presidente del C.F.Barcelona, señor Bartomeu. Una curiosidad: dos de ellos Mas y Bartomeu han tenido que sentarse en el banquillo por causas distintas pero, si la una es por desobediencia, malversación de caudales públicos etc. la otra está relacionada con el oscuro caso Neymar, donde parece que Hacienda tiene algo que decir.

O así es como, cuando escuchamos a los fans del Barcelona hablar de que si se separaran de España y no pudieran jugar en la liga “nacional”, serían acogidos en algunas de las ligas nacionales de otros países como Francia o Italia; pensamos que no parece que estén ganándose amigos en Europa, cuando ya empiezan por indisponerse con uno de los órganos futbolísticos más importantes de la UE. Yo, si fuera directivo del Barça, comenzaría a hacer plegarias a la Virgen de Montserrat para que el separatismo catalán, como sucederá, acabe en agua de borrajas porque, si no, lo probable es que tengan que conformarse con jugar en la liga catalana en contra del Sabadell o del F.C. Begues. Lo verdaderamente inexplicable de este tema es que ocurra en un Estado como el español, con medios legales para acabar, de una vez, con esta despiporreante situación, propia de una república bananera, que sólo se puede entender en un país en el que parece que no existe quien gobierne y que estamos en el camino de caer en las manos de partidos y partidillos cuyo único objetivo consiste en crear el caos previo a la desintegración de España. ¿Qué piensan hacer aquellos que tienen el deber de evitarlo? Pues, hasta ahora…nada.
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