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​Una fiscalidad abusiva, como sistema recaudatorio contra la propiedad privada

Resulta penoso que se estén dando, por parte de los gobernantes, señales inequívocas de pretender convertirse en un sanedrín autoritario
Miguel Massanet
jueves, 21 de octubre de 2021, 09:33 h (CET)

“A lo que más temo es al poder con impunidad. Le temo al abuso del poder y al poder de abusar”, 

-Isabel Allende-


Sin duda, hemos entrado en lo que se podría calificar como el momento clave de la legislatura socialista, encabezada por el aspirante a dictador, señor Pedro Sánchez. Ya no hay dudas sobre el hecho de que se ha anclado en el poder y no tiene la menor intención de abandonarlo. Su proyecto de ir engrasando su maquinaria de propaganda, de intensificar todos aquellos mediosa su alcance, que son muchos, para blindar cada una de las instituciones que pueden serle útiles en el momento en que deba enfrentarse a unas nuevas elecciones, si es que antes no ha podido cambiar la Constitución o puentearla si fuera preciso, para saltarse la democracia y valerse de sus apoyos comunistas para dar un golpe de Estado incruento para, poder implantar su dictadura de izquierdas, colocando en los puestos clave a personal adicto que sabe que en el momento adecuado van a servirle de apoyo, si fuere necesario.


Sus objetivos van encarrilados a implantar, en el Estado español, un sistema recaudatorio que le permita poner en práctica aquellos proyectos, macro proyectos, cuyos costes económicos se pueden considerar inalcanzables, irrealizables y faraónicos, fuera de las posibilidades de una España que todavía sigue restañándose las heridas del Covid 19 y de sus terribles consecuencias económicas, que han dado al traste con cientos y  miles de empresas, industrias y comercios, especialmente en el caso de autónomos y Pymes, que todavía siguen coleando en sectores tan esenciales como son el turismo, los fabricantes de automóviles, los pequeños comercios y el resto de los autónomos y, como consecuencia de otros factores de los que forman parte los costes de fabricación, recolección y venta de las mercancías, como el precio de la energía, la elevación de la fiscalidad y las trabas administrativas, que constituyen un freno para su supervivencia, competitividad, expansión y contratación de nuevo personal.


Pero, cuando hablamos de fiscalidad tenemos que tener en cuenta que, en España, como en otras muchas naciones, tenemos dos clases básicas de impuestos, aparte de tasas y contribuciones especiales. Fundamentalmente tenemos los impuestos directos, como son:  sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF); Impuesto sobre Sociedades (IS); Impuesto sobre la Renta de No Residentes; Impuesto sobre el Patrimonio; Impuesto sobre Donaciones y Sucesiones y, por otra parte: el impuesto indirecto por excelencia, el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y, menos importante, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos jurídicos documentados.  


Parecen bastantes y todos ellos motivo de importantes gravámenes que recaen sobreaquellos sujetos pasivos a los que corresponden. Pero no olvidemos que, el sistema autonómico, permite que los gobiernos locales implanten, a su vez, sus propios impuestos o recargos sobre las bases de algunos de los directos enumerados, lo que supone un encarecimiento añadido al importe básico estatal y, por si fuera poco, existen las tasas e impuestos autonómicos y municipales que, por lo que afectan al patrimonio de quienes deben satisfacerlos, constituyen una parte no despreciable a desembolsar. Los municipales más corrientes son los siguientes: IAE: Impuesto de actividades económicas; IBI: Impuesto sobre bienes inmuebles; IVTM: Impuesto sobre vehículos de tracción mecánica (impuesto de circulación);IIVTNU: Impuesto sobre el incremento del valor de los terrenos urbanos (plusvalía); ICIO: Impuestos sobre construcciones, instalaciones y obrasy, elImpuesto sobre gastos suntuarios (cotos de caza y pesca).


Pero los más cándidos podrían pensar que pagando los impuestos, tasas y contribuciones mencionados ya, el ciudadano, quedaría libre de cualquier otro dispendio de tipo fiscal. !¡Grave error ¡, porque las fauces de la Hacienda pública son insaciables y si a ello añadimos el hecho de que está en las manos de socialistas y comunistas, ya se puede esperar cualquier barrabasada, ignominia o desvergüenza. En efecto, porque si uno pensara que, con tal cantidad de gravámenes por parte del Estado y Comunidades, ya habría contribuido con creces a sus obligaciones como miembro de la sociedad, estaría equivocado, en babia y pecaría de inocente o pardillo. Porque, según el criterio de quienes defienden la carga fiscal desorbitada, hay que seguir exprimiendo el bolsillo del ciudadano cuando hay que arreglar carreteras, cuando ustedes ponen gasolina en el depósito de su coche, cuando paga su recibo del gas o de la luz, cuando  (ya se viene anunciando que va a suceder) vayan ustedes circulando por una autovía (quitaron el peaje de las autopistas, que sólo pagaban sus usuarios, convirtiéndolas en un caos circulatorio debido a la imprevisión e incapacidad de aquellos que tenían la misión de regular el transito una vez suprimidas las cabinas de peaje), una nueva manera de “incentivar” la compra de automóviles.


Pero es que, en su afán de atacar la propiedad privada, el ahorro, la prudencia de evitar el despilfarro, el derecho a crearse un fondo de pensiones (ya se ve en el horizonte la debacle de las pensiones) lo que van haciendo estos señores que nos gobiernan, es ir rebajando los incentivos que antes desgravaban estas prácticas de ahorro privado suprimiendo, como ya se ha anunciado, la desgravación para planes de pensiones de 2.000 euros a 1500 euros. Cuando en ayuntamientos, como el de Barcelona, regido por una ex activista contraria a los desahucios, la señora Colau, se toman la libertad de gravar los pisos vacíos con un impuesto especial sin que, como marca la Constitución, se haya realizado un expediente de declaración de utilidad pública y abonada la correspondiente indemnización a la propiedad, por privarla de un derecho, inherente a la misma,consistente en poder disponer del piso en cuanto elegir el mantenerlo desocupado, alquilarlo libremente y, por el precio fijado por la oferta y demanda, venderlo o gravarlo, un derecho que pudiera quedar seriamente perjudicado, en el caso de verse obligado por el municipio a alquilar el inmueble en cuestión.


No paran en barras cuando lo que vienen intentando es atacar a la comunidad de Madrid, por aplicar los impuestos municipales más bajos y no cargar, a los herederos del fallecido, el impuesto de sucesiones, otro de los absurdos inventados por comunistas y socialistas, para gravar un bien que ya fue gravado al ser adquirido por su propietario y que, como castigo a su ahorro, cuando pasa a sus hijos o a su esposa, se les obliga de nuevo a engrosar las arcas del Estado, simplemente, por afán recaudatorio. Y un ejemplo más de intervencionismo en contra de quienes disponen de un vehículo privado a los que, en Barcelona, parece que, pese a pagar impuesto de matriculación, de circulación, de aparcamiento (no hay calle en la que sea posible aparcar sin pagar estacionamiento o acudir a un garaje privado o público), la gasolina a precios estratosféricos gracias a los recargos estatales, etc., resulta que cada vez es más imposible circular, debido a que la señora alcaldesa ha decidido poner carril bicis en las principales calles de la ciudad, estrechando los carriles para vehículos, de modo que se forman auténticos cuellos de botella en los momentos en los que la circulación se hace más intensa.


No es que esta circunstancia adversa a la circulación rodada de coches, camiones o motos, sea casual o fruto de un error de apreciación técnica, sino que, en la mente contestataria de la señora Colau, existe el prejuicio de que hay que atacar cualquier signo que pueda dar la sensación de riqueza, uno de los absurdos más lamentables, debido a que la circulación de coches en horas punta es, masivamente, debida a personas trabajadoras que salen del lugar en el que prestan sus servicios para ir a comer, a otro trabajo o a sus respectivos domicilios. 


Esta es la Barcelona de hoy, una sombra de aquella de los JJ. OO de 1992, pletórica de luces, restaurantes, hoteles y centros de diversión que la situaban entre una de las mejores ciudades del mundo. Hoy resulta penoso circular por ella, debido al caos circulatorio; a las improvisaciones del Ayuntamiento, creando zonas en las esquinas para ampliar las terrazas de los bares, sin tener en cuenta los problemas circulatorios que ello entraña para los vehículos que transitan por aquellas calles; al abandono en el que se encuentran muchas de sus vías y a la suciedad y abandono que se aprecia por todas partes, en una ciudad cuya ambición es aumentar la presencia de turistas que gasten generosamente su dinero durante su estancia en ella.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, resulta penoso, extremadamente desagradable, peligrosamente contrario al espíritu democrático de un país y, amenazante para la convivencia de sus ciudadanos, que se estén dando, por parte de los gobernantes, señales inequívocas de pretender convertirse en un sanedrín autoritario, que prescinda en sus decisiones de la oposición y se dedique a imponer, con el apoyo de sus socios independentistas y comunistas, una serie de leyes anticonstitucionales, contrarias al sistema de gobierno apoyado en la Carta Magna y, como es práctica sabida de los dictadores de hispano-américa, utilicen el poder para empobrecer al país sin que, como ocurre es sus propias naciones, la pobreza deje de ser su principal carencia.


La frase que escogemos hoy se la debemos a don Esteban Echeverría y es la siguiente: “Miserables aquellos que vacilan cuando la tiranía se ceba en las entrañas de la patria”.

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