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Caretas de Dalí y monos rojos. Dos detalles que nos faltan para asemejarnos a los protagonistas de la serie. La resistencia y crítica social ya la tenemos
Alberto Fandos
lunes, 13 de septiembre de 2021, 08:22 h (CET)

Caretas de Dalí y monos rojos. Dos detalles que nos faltan para asemejarnos a los protagonistas de La Casa de Papel. La resistencia y crítica social ya la tenemos.


El coleccionista de crisis, Pedro Sánchez, intenta ponerse en la ingeniosa mente del profesor - artífice y patrono de la trama en la serie - para abordarlas, saltarlas u obviarlas. Merecidas por torpeza o suscitadas por la oposición, empujan con un mero paso en falso a unos leones del Congreso hambrientos de jarana.


Los ansiados billetes en forma de fondos europeos ya llegan. Aunque gran parte podría quedarse por el camino. Sus utópicos requisitos pensados para grandes corporaciones dificultan la participación de autónomos y pymes. Solo estas suponen el 99,8% de las empresas en España, representan la mitad del PIB y cerca del 70% del empleo empresarial total. Una gestión eficaz será determinante para el futuro español. Reincidir en la tónica de concesión de presupuestos anteriores que todavía yacen estériles sería catastrófico y un regalo para la toxicidad opositora.


Esa necesaria transformación choca con los recortes en educación, principal fuente de riqueza. Varias autonomías deciden acabar con esos refuerzos educativos que se inyectaron en tiempos de pandemia para asegurar el desarrollo lectivo. Menesteres que ya eran indispensables antes y que mostraban algo de esperanza tras una década de paulatina desinversión - que no gasto -. El mensaje es claro: un refuerzo puntual a un sistema educativo que ya era perfecto. Todas ellas, por cierto, gobernadas por el PP. Los 8 mil docentes de los que ha prescindido Ayuso contrastan con los 5 mil que ha contratado la Generalitat Valenciana. Una lástima.


Mientras tanto, las caretas del Consejo General del Poder Judicial continúan siendo las mismas mil días después. El último grito de Casado para no descolgarse del poder y la garantía de poseerlo incluso cuando el pueblo no te lo da. Control desde la sombra. Gobierno encubierto. Un gesto que constata la politización judicial. Asimismo, un mínimo ápice de ética ciudadana de aquellos aseguran dominar y comprender las leyes sería suficiente para forzar una negociación parlamentaria y consagrar un nuevo consejo. Acostumbrados a constantes gobernanzas en funciones, prescindir de un cargo caduco parece improbable.


Lo que tampoco cambia es la factura de la luz. La venta al mismo precio de las empresas generadoras independientemente del tipo de energía, sumada al incremento de más de un 100% en un año del impuesto de emisión de CO2 en Europa por el acuerdo medioambiental 2030 lo condicionan. El valor lo marca la energía más cara que - actualmente por las nubes y máximo consumidor de CO2 - es el gas natural. Ignorando la búsqueda de cómos y porqués, el consumidor reclama, simple y tajantemente, justicia social. No importa qué hagan para solucionarlo, pero háganlo ya. Complejo pero vital. Difícil ver a una ciudadanía obligada a vivir en la oscuridad.


Es curioso. A los de Sánchez les cuesta trabajo ser sociales y obreros; los de Casado intentar ser populares con su instaurado ‘noísmo’; los de Arrimadas siguen sin convencer los ciudadanos según las encuestas; y Podemos, por mucho espíritu que ponga, no puede. Excepcionalmente y siguiendo el origen latino de su apelativo, Vox disfruta de la misma voz que siempre sin apenas necesidad de abrir la boca. No está demostrado que suba el pan - o la luz - cuando lo hace, pero lo que sí se multiplica es la crispación, polarización e irracionalidad. Vincular la inmigración ilegal con las agresiones homófobas es digno de reflexión popular. Deplorable.

Vayan repartiendo caretas de Dalí...

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