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Alberto Fandos
Alberto Fandos
El lance Mbappé deja más en evidencia a gran parte del mal llamado "periodismo" deportivo que a la propia gestión del omnipotente Florentino

Dúdenlo. El caso Kylian Mbappé ya es una mancha más a los valores periodísticos. Y, por tendencia y por desgracia, no será la última. Desde hace unos años, el futbolista francés ha sido, junto con el adiós de Messi al Barcelona, uno de los temas estrella de la farándula deportiva. El debate, el fichaje por el Real Madrid tras numerosas intentonas del presidente Florentino Pérez.


Periodistas - o mejor dicho, alarmistas - deportivos insaciables de audiencia y visibilidad que juraban y perjuraban conocer la verdad absoluta sobre el futbolista, cuya máxima expresión era la discreción. El abuso de palabras vacías en búsqueda del sensacionalismo barato se unía con el afán por ser los primeros en contar la noticia. Noticia que, en ocasiones, ni existía. Contenido que apenas aporta valor y solo despierta sentimientos.


El lance Mbappé deja más en evidencia a gran parte del mal llamado "periodismo" deportivo que a la propia gestión del omnipotente Florentino. La frivolización del deporte, especialmente del fútbol masculino. Un cóctel envenenado convertido en espectáculo. Llegados a este punto, incluso el propio show generado en torno a una cuestión sería asumible si los hechos fueran reales, veraces y contrastados. Decir al público lo que quiere oír no es excusa.


Errar es humano. Pero si el contraste de los hechos es demasiado trabajo para algunos periodistas, mínimo, deben relatar el porqué de sus informaciones y disculparse si fuera necesario. La dignificación del periodismo debería ser una prioridad en este país de boquilla fácil. Especialmente, en una sociedad donde el acceso a internet hace que las posibilidades - que no capacidades - de difusión informativa se igualen en términos universales. Los canales de comunicación emergentes como las redes sociales así lo permiten. Y hacerlo al instante, minuto a minuto, en directo. La tentación de lanzar un tuit que confunde los hechos comprobados con la opinión.


Periodistas y ciudadanía. Sin duda, el único remedio capaz de hacer frente a la epidemia informativa. Unos desde dentro y otros desde fuera. Los primeros denunciando a aquellos que atentan contra sus valores; los segundos, optando con pensamiento crítico por otras fuentes informativas que conduzcan la banalidad al aislamiento.


Sucesos como este demuestran que hay programas que honran a su nombre y que el periodismo no puede ser ejercido por cualquiera. Ni por todo ser con teléfono en mano. La labor periodística sí necesita un traspaso, y no Mbappé.

Artículos del autor

En la trampa del cinismo político. En poner el foco allá donde quieren que alumbremos y no donde debemos iluminar. La desesperación por una cita médica que parecía no llegar nunca vía sanidad pública, me empujó hacia la acera de enfrente. Vallada, exclusiva y aparentemente mejorada, te invitaba a eliminar cualquier tipo de traba burocrática a golpe de talonario. Bienvenida sanidad privada. Fácil, legítimo, pero, en el fondo, también peligroso.

Todo plan estratégico tiene un objetivo. Y es ahí donde debemos colocar el foco para atar cabos en la guerra del Partido Popular. Para sorpresa de nadie, el de Pablo Casado es la Moncloa. Como cualquier otro político voraz e insaciable de poder, todo sacrificio sería poco para lograr su ansiado propósito. La instauración del noísmo por antonomasia hacia el gobierno y un discurso cada vez más al borde del precipicio derecho lo constatan.

De los jóvenes hacia la política. Pero probablemente consentida. Jugar a la abstención juvenil se ha convertido en una estrategia electoralista políticamente eficaz, a la par que peligrosa para el futuro del país. No son pocos los que se resisten, aunque su voto sea por oposición, más que por ilusión. Con el miedo escondiendo a la convicción. O fuertes arraigos o rechazo total.

Dicen que la vida es una serie de sorpresas. Imprevistas, predecibles o incluso premeditadas, nos marcan un camino confuso a causa de vaivenes sociopolíticos. Curtidos en sorpresas infames, las positivas nos conducen al escepticismo. Fascinación por ser los primeros en recibir las ayudas europeas, a la par que consternación por la posible incapacidad de ejecución de los mismos. No se extrañen, somos reincidentes. 

La vida hecha juego. Avaricia, empatía, oportunidades y estrategia. Cuatro términos que caracterizan la exitosa serie de televisión, El Juego del Calamar. Avaricia: de riqueza y poder. Empatía: la que intentó transmitir en vano la iglesia con el videoclip del cantante C. Tangana. Oportunidades: igualdad de condiciones paralelas. Estrategia: la que decimos tener pero raramente cumplimos.

Es curioso. Gran parte del futuro, dicen, depende de nosotros, pero los focos casi siempre apuntan hacia otra dirección. Apenas algunos macrobotellones nos dan, por desgracia e irresponsabilidad, cierto protagonismo. Una imprudente disciplina para adornar el currículum. Y para dejar patente la desconexión y desilusión venidera. Permítanme que me incluya.

Los ansiados billetes en forma de fondos europeos ya llegan. Aunque gran parte podría quedarse por el camino. Sus utópicos requisitos pensados para grandes corporaciones dificultan la participación de autónomos y pymes. Solo estas suponen el 99,8% de las empresas en España, representan la mitad del PIB y cerca del 70% del empleo empresarial total. Una gestión eficaz será determinante para el futuro español.

 
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