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Opinión
Etiquetas:   Momento de reflexión   Adolescencia   Grupos   Religión  

El peligro del grupo

Para bien o para mal la pertenencia a un grupo es evidente. Educar bien a los hijos es la gran responsabilidad de los padres, de ello depende su futuro feliz
Octavi Pereña
viernes, 20 de agosto de 2021, 12:41 h (CET)

El comportamiento es contagioso entre los adolescentes. El buen hacer de los compañeros configura el grupo. Asimismo le da  forma la mala conducta. La influencia que los adolescentes se ejercen mutuamente es muy fuerte. Las consecuencias de pertenecer a un grupo, para bien o para mal, es evidente. Para no ser expulsados de la pandilla se abandonan las propias convicciones y se aceptan las que se establecen. En la adolescencia las convicciones no están claramente  definidas. Los adolescentes necesitan ser guiados por los padres, no por las redes sociales y otras influencias ajenas, castigando o premiando, según sea su comportamiento. “Instruye al niño en su camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él” (Proverbios 22: 6).


La influencia que mutuamente se hacen los adolescentes es muy fuerte y  con mucha frecuencia indeseable. Los comportamientos incorrectos de los adolescentes son muchos, por ello es tan importante que los chicos y las chicas que se inician en el camino de independizarse sepan elegir el grupo. A menudo es demasiado tarde para enderezar el arbolito que se le ha permitido crecer torcido cuando el tronco ha perdido flexibilidad. Llegada esta situación, si se intenta enderezarlo lo que se consigue es que se rompa. Cuando la influencia del grupo ha enraizado profundamente en el alma es muy difícil reparar el mal causado. Para evitar llegar a este extremo, que sea el grupo que marque el comportamiento de sus componentes es necesario prevenir el mal. La prevención se llama educación: que tiene el objetivo de formar personas capaces de autogobernarse para no ser dirigidas por los otros. La tiranía del grupo atrapa a los adolescentes de personalidad débil. Por esto, una sana formación religiosa debe ser la base de una buena educación. Aquí se presenta un dilema: ¿Quién es el responsable de impartir una formación religiosa sana?


Hoy sigue estando sobre la mesa el problema que no se termina de solucionar: Religión en la escuela, sí o no. La solución de este problema se plantea mal porque se busca el interés partidista y no el bienestar del niño. La iglesia, sea cual sea su nombre o el estado, sea cual sea su color político, ambas persiguen controlar la educación infantil porque saben que los niños educados bajo su influencia, cuando sean mayores no abandonarán las enseñanzas recibidas durante la etapa escolar: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él”. No debe olvidarse esta verdad.


Por inferencia nos hemos referido a que sean los padres quienes, por declaración divina,  deben impartir una sana instrucción religiosa para que sus hijos crezcan fuertes y cuando empiecen a volar no caigan en las redes de la tiranía del grupo. Moisés, dirigiéndose al pueblo, dijo: ” Estas son las palabras que yo te mando hoy, y estarán en tu corazón y las enseñarás diligentemente a tus hijos…” (Éxodo 6: 4-9). El Señor le manda a Moisés que diga al pueblo que enseñe a sus hijos la palabra revelada: “Para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho el Señor, el Dios de tus padres” (Éxodo 6:3). La formación religiosa de los hijos basada en la verdad de la Palabra de Dios sirve para que los que beben en su fuente les vaya bien en la tierra en que habitan.


Debido que tratamos el tema de la influencia que el grupo ejerce en quienes forman parte de él., la Biblia tiene algo que decir para que los hijos no se dejen atrapar por él y les “vaya bien” su andadura por este mundo. Avisa de lo  peligroso que pueden ser determinados grupos: “Hijo mío, si los pecadores te quieren engañar, no lo consientas. Si dicen: ven  con nosotros, pongamos asechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente, los tragaremos vivos como el sepulcro, y enteros, y enteros como los que caen en un abismo, hallaremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestra casas de despojos, echa tu suerte entre  nosotros, tengamos todos una bolsa, hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas, porque sus pies corren hacia el mal, y van presurosos a derramar sangre. Porque en vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave, pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas, y a sus almas tienden lazo. Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores” (Proverbios1: 10-19).


Este texto describe de manera excelente las pandillas callejeras que tanto estrago produce a personas y a mobiliario público y tanto dispendio al erario municipal. La influencia que mutuamente  ejercen los adolescentes a menudo son muy contagiosas: Aprenden a beber sin control, drogarse hasta  perder la autoestima, los chicos a ser agresivos con las chicas y con las personas que no son de su gusto, a practicar comportamientos ilegales que son perjudiciales para sí mismos  y muy dolorosas para sus familias.


Antes que los hijos se vean atrapados en las redes de los grupos nocivos, los padres deben instruir a sus hijos en los caminos del Señor para su bien, para que puedan andar por este mundo tan repleto de trampas estratégicamente colocadas para atrapar a los incautos.


Los padres que invierten en el Señor Jesús son un gozo para ellos y un seguro para la felicidad de sus hijos.

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