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España ve con preocupación el festival independentista de Cataluña

“Nadie debería ser nombrado para una posición directiva si su visión se enfoca sobre las debilidades, en vez de sobre las fortalezas de las personas”. Peter Drucker
Miguel Massanet
viernes, 25 de junio de 2021, 08:21 h (CET)

Salvo en el gobierno del señor Pedro Sánchez y en todos aquellos grupos políticos que le bailan el agua para seguir pintando algo en un país en el que no tienen otra utilidad que la de votar siempre a favor de las propuestas gubernamentales del PSOE, ¿creen ustedes que hay alguien que haya sido capaz de ver en el nacionalismo catalán el más mínimo signo, atisbo o asomo de  haber bajado el tono de sus reclamaciones; algún periodista de la prensa soberanista catalana que haya rebajado sus críticas o mejorado su lenguaje insultante y barriobajero respecto a todo lo que haga referencia a España, a los verdaderos españoles, a los partidos de derechas o a aquellos que incluso se han mostrado propicios a la concesión de los indultos, pensando erróneamente que, con ello, los independentistas se conformarían y rebajarían el listón de sus exigencias?


Les puedo asegurar que hoy, si leen el panfleto independentista del grupo Godó, La Vanguardia, podrán apreciar que en los escritos de sus colaboradores, no se nota en absoluto que, con la libertad de los presos de Can Brians, se haya producido un mínimo de distensión, un ápice de relajamiento en la tensión contra el Estado español o unas palabras amables que pudieran hacernos pensar que, el argumento que esgrime el señor Presidente del gobierno de que los indultos iban a facilitar un  mejor entendimiento entre Cataluña y España o que, con ello, se iban a calmar las pretensiones de los independentistas; se darán cuenta de que nada de todo ello ha ocurrido. El señor presidente de la Generalitat ya dijo ayer que las perspectivas siguen siendo las mismas y que confía que las conversaciones que tendrán lugar en la “mesa de diálogo” sirvan para ir avanzando en la idea de una Cataluña republicana y en busca de una nueva consulta o referéndum en Cataluña sobre la cuestión de la autodeterminación de esta comunidad.


Y si alguien tuviese dudas acerca de la certeza de lo que estoy explicando, no tiene más que leer el artículo que hoy, 24 de junio, ha escrito el periodista de La Vanguardia, señor Josep Martí Blanch, en el cual no duda en emplear expresiones tan “cariñosas” y relajantes como “para que el cabestro popular siga embistiendo ante cualquier movimiento”. Claro que cuando se ve la catadura moral de estos personajes, su bilis en contra del resto de España, su falta de respeto por las ideas de los demás y su evidente e incontenible cerrazón intelectual, que les impide observar con objetividad lo que está sucediendo al país catalán en el que, con sus aspiraciones soberanistas lo único que ha conseguido ha sido su empobrecimiento, la antipatía del resto de los españoles y el que su economía haya marcado mínimos, como nunca en muchos años había sucedido, con la huida de más de siete mil empresas hacia otras provincias o naciones en las que no se les obliga a convertirse en súbditos de la Generalitat catalana.


No entendemos en qué es en lo que se basa el señor Pedro Sánchez para intentar que nos traguemos que, con el indulto de estos delincuentes catalanes va a conseguir que renuncien a sus aspiraciones políticas. si no es que, un nuevo engaño ya se está gestando en los despachos de Ferraz, mediante el cual parece que se les va a conceder a los catalanes la aprobación de un nuevo estatuto en el que se vuelvan a incluir aquellos artículos que fueron modificados o suprimidos por ser considerados anticonstitucionales. 


Volvemos a aquello de la judicialización de la Justicia y, a lo que es peor, a un nuevo intento de colar por la puerta trasera la posibilidad de que los catalanes soberanistas acaben de suprimir cualquier vestigio de la legislación patria para imponernos, a los españoles que residimos en esta región, el uso exclusivo de la lengua catalana o que nuestros tributos se queden exclusivamente para la Hacienda oriunda.


Y nosotros, en nuestra perplejidad, nos preguntamos:  ¿Qué hay de la igualdad entre todos los españoles?, ¿qué ocurre con la distribución parcial, desproporcionada y, evidentemente, politizada de los recursos del país y, en estos momentos, de las ayudas que se van a recibir desde Europa? Ya sabemos que el señor Pedro Sánchez se ha constituido en el “albacea” de todos ellos, con facultad para darles el destino que a él le parezca más adecuado. El confiar en que, desde la UE, se le vaya a rectificar o a pedir cuentas al señor Sánchez, visto lo visto y lo que se ha cocido en el Consejo de Europa, pocas esperanzas podremos tener de que se vaya a producir. Estamos a la espera de lo que acabe decidiendo el tribunal de Estrasburgo y, la verdad, las esperanzas de que, de dicho organismo, salga algo bueno para España, no hablo de para los socialistas, es evidentes que cada vez parece menos probable.


Por mucho que intentemos darle vueltas a lo que ha sucedido en España estos días, no vemos la manera de encontrar motivo alguno para alegrarse, aunque es evidente que, desde la propia CEOE y su vendido presidente, están intentado buscar justificaciones para su apoyo descarado y escenificado con aplausos, a las palabras de traición a España pronunciadas por el señor Garamendi, que ya pude llorar con lágrimas de cocodrilo lo que quiera, pero la verdad es que ha dejado a la nación española a los pies de los independentistas, para satisfacer el egoísmo de aquellos empresarios para los cuales “poderoso caballero es don dinero” y carecen del más mínimo sentimiento patriótico. 


Como ya les ha sucedido en otras ocasiones, por ejemplo con la II República, van a llevar en el castigo la penitencia, porque lo que se ha hecho por los socialistas puede que no tarde en volverse contra ellos mismos y, de paso, en contra de todos aquellos que han apoyado semejante insensatez en aras de conseguir beneficios inmediatos que, si la cuestión económica, como ya se anuncia por algunos, llega a convertirse en insegura y llegara otra crisis o el coronavirus iniciara una quinta etapa, puede que todo ello se convirtiera en agua de borrajas. 


Y hete aquí que, los propios socialistas, empiezan a sentirse preocupados por el hecho de que los salidos de la cárcel y todos aquellos que han creado la parafernalia de festejarlos como héroes, estén sacando pecho, burlándose de los magistrados españoles, augurándoles fracasos sonados desde los tribunales europeos, afirmándose en la necesidad de continuar su lucha por la independencia, burlándose de los mismos que les han concedido los indultos y reclamando algo imposible como es que se les conceda la amnistía total, algo que evidentemente no permite nuestra legislación. 


Pero es que, el principal avalador de esta conducta, quien la viene fomentando desde Frerraz y aquel que fía su continuidad al frente del Gobierno en el apoyo de los de ERC y demás partidos de izquierdas, es el propio Pedro Sánchez que, lo que intenta ahora es acabar definitivamente con el PP y con VOX, su principal obstáculo para que pudiera emprender la reforma de la Constitución que precisaría para convertir, a nuestro país, en un estado de tipo federal. lo que serviría para legitimar la autonomía plena de la comunidad catalana o, lo que es lo mismo, una independencia de hecho.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el convencimiento de que todo lo que se está tramando tiene un componente evidente de anticonstitucionalidad porque, lo que sucede es que la postura de Sánchez de apoyar a los separatistas catalanes, mantener una mesa de diálogo con ellos, impedir que los partidos constitucionalistas opinen o puedan formar parte de quienes tienen opciones de hacerse oír y de poder opinar cuando, de lo que se trata, es de un  tema tan trascendental como es un cambio de régimen, o el hablar sobre la disgregación de la nación o el poder intervenir en temas de política internacional, en los que se está jugando el ser de nuestra nación. 


Y una referencia a la monarquía. Hemos defendido al Rey en cuantas cuestiones ha necesitado el apoyo del pueblo, aunque en mi caso no soy monárquico, pero su comportamiento dejándose humillar, cediendo a las presiones que se le hacen y permitiendo, sin rechistar, quela unidad de España esté puesta en peligro, no nos parece que sea lo que le corresponde hacer a un monarca que respete sus derechos y su figura de jefe del Estado español. No olvidemos que sigue siendo el jefe supremo del Ejército de la nación española y, si llegara el caso, tiene la obligación de impedir que España se divida a causa de la intervención de las fuerzas disgregadoras que hoy se han hecho con el poder. Si, como su bisabuelo, lo único que sabe hacer es doblegarse y huir cuando se vea apurado, en este caso deberemos pensar que no tiene derecho a ostentar la Jefatura del Estado español.  Y Baltasar de Gracián, el gran literato español, nos da una lección con sus palabras: “Los sueños no te llevarán a ninguna parte, una buena patada en los pantalones te llevará muy lejos.”

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