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​Pedro Sánchez, su erótica del poder y sus errores

La derecha sigue en su inoperancia, discutiendo sobre el sexo de los ángeles
Miguel Massanet
martes, 15 de junio de 2021, 10:58 h (CET)

Cataluña, señores, puede ser, a la vez, el soporte y  la penicilina política para que Pedro Sánchez se mantenga durante toda esta legislatura en el poder, llevando a término su política de descomposición de los valores tradicionales de la nación española, su objetivo de darles a los catalanes la independencia, que llevan años solicitando o permitiendo, a este renaciente comunismo importado de Hispano América, que influya en su gobernación, implantando una serie de cambios y medidas de tipo progresista con destacadas influencias anarquistas, que conduzcan a nuestra nación hacia uno más de estos estados en que, el pueblo, engañado por quienes han sabido manejar la demagogia como arma, para conseguir adeptos entre aquellos que se dejan convencer por los espejismos de promesas irrealizables, movidos por su ignorancia, buena fe, rencores y deseos de revancha, que de todo esto hay en la viña del Señor. Y, por otra parte, a la mínima de que se le tuerzan sus planes,  en que la política de la UE sufra problemas económicos importantes, en que el desempleo en España no remita o que las empresas, debido a la política equivocada en cuestiones laborales, haga que los empresarios reduzcan la contratación de personal, disminuya la recaudación de impuestos debido, precisamente, a los aumentos irracionales que el Gobierno piensa establecer que, como ocurre siempre que las izquierdas incurren en semejante procedimiento, lo que en realidad se consigue es que muchos empresarios abandonen el negocio, otras empresas recurran a la digilitación de su producción y otras, las multinacionales y más poderosas, suelen optar por abandonar el país para ubicarse en otras naciones menos exigentes en materia impositiva y más permisivas en temas de contratación y demás, laborales.


Estos días hemos constatado como el Gobierno, en pleno, del señor Pedro Sánchez, ha dejado en estand by todo el resto de asuntos que preocupan a los españoles para centrarse, como tema único, en descalificar, torpedear, criminalizar y satanizar a todos aquellos ciudadanos que acudan a la magna concentración de hoy que ha tenido lugar en la plaza de Colón madrileña. No tomó en serio ninguna de las manifestaciones violentas que los terroristas de Cataluña organizaron para protestar contra el procesamiento de aquellos que fueron inductores de un intento de revolución en contra de la unidad de la nación española; no lo hizo tampoco en el País Vasco cuando se impidió violentamente que un partido político con representación parlamentaria, el tercero en número de escaños, VOX, fue atacado, apedreado, insultado, amenazado y vilipendiado, mientras la policía permanecía impasible viendo los hechos y sin participar; pero si ha puesto a todos los ministros, sin  excepción, a cargar contra el PP, VOX, Ciudadanos y las organizaciones de Díaz y  Sabater que, en realidad, han sido quienes convocaron estas protesta, en contra de los indultos que el Gobierno va a conceder,  inminentemente, a los reos de sedición y malversación de caudales públicos internados en las cárceles catalanas.


Lo más doloroso, curioso, lamentable y odioso es que, precisamente,  sean aquellos que llevan atentando en contra del bienestar de los españoles, de sus libertades, de su derecho a la propiedad, de la economía del país, de la producción y la competitividad de nuestras empresas, a las que se las grava con importantes impuestos, los culpables de semejantes atropellos, a la vez que intentan limitar su derecho a que puedan amoldar su plantilla a las necesidades de cada momento de su producción, de modo que puedan flexibilizar la contratación y despidos de los mismos, precisamente para garantizar la supervivencia de la empresa y del resto de la plantilla. Y, en consecuencia, creo que puede ser ilustrativo conocer algunas de las cosas que, quienes ostentan el poder, han estado diciendo durante estos últimos tiempos, respeto a temas importantes que nos afectan a todos.


La señora Carmen Calvo, con motivo de los indultos ha manifestado lo siguiente: “Pido al PP que no se enfrente a Cataluña”. ¿A qué Cataluña se refiere la vicepresidenta, a la que intenta la independencia de España o se refiere a la que sigue siendo mayoritaria que, según las informaciones de los datos de la propia Generalitat, representa más del 52% de catalanes, que no quiere la independencia?, entonces ¿quién se enfrenta a Cataluña. intentando indultar a los responsables de sedición, según sentencia del TS? Puestos a hacer las cosas como es debido, ¿Por qué el Gobierno no ha consultado a todos los españoles, y no sólo a unos miles de ciudadanos catalanes que no representan la mayoría de todos ellos, como ha reconocido el propio señor Junqueras, en la carta que dirigió al señor Sánchez? Como es costumbre de esta señora, se olvida de su formación jurídica para decir una sandez detrás de otra, siempre inspiradas en atacar, con odio, al partido de la oposición.


No es la panfletaria La Vanguardia la que menos se dedica a poner verdes a los populares, gracias al elenco de colaboradores que se han puesto a las órdenes de la causa separatista, incluida la dirección, acompañada de esta pléyade de directores adjuntos (algo que no entendemos, si todos parecen cortados con el mismo patrón nacionalista y anti PP). Resulta cómico que el señor Luis B. García afirme en su columna que, “entre la militancia (socialista), aunque hay quien duda, la mayoría acepta la decisión de Sánchez”. ¿Quién le ha comunicado a este señor semejante noticia, acaso tiene un oráculo que ha realizado una encuesta sobre este tema o, simplemente, porque sabía que un artículo en estos términos sería del agrado de la dirección? Un poco de seriedad y más inteligencia a la hora de mentir.


Otro de estos directores del medio que, últimamente parece que no duran demasiado en el cargo, el señor Marius Carol, que en su columna cita a un libro “El ingenio de Charles Degaulle” del que hace una cita militar “La derecha es rutinaria, no quiere cambiar nada y no entiende nada…”  de lo que saca la conclusión de que, “la actual derecha española no acaba de entender que el país necesita calma, empatía y sensatez”. Muy bien, señor Carol, y puestos a analizar la actual situación de Cataluña, de la que parece estar tan enterado, ¿por qué no les hace la misma reflexión a los partidos separatistas, un nido de serpientes que no consiguen ponerse de acuerdo nunca y que, cuando consiguen amarrar algunos hilos, lo más probable será que no vaya a pasar demasiado tiempo sin que, de nuevo, vuelvan a las andadas? Es muy temerario hablar de que quienes están equivocados, en cuanto al tema catalán, sean las derechas y no los culpables de que Cataluña se haya levantado en contra de la  Constitución y del resto de España, a la que, al parecer culpan de lo que sucede en su tierra, sin percatarse de que, precisamente, esta actitud contraria a la nación española es la que ha creado en el resto de españoles la idea de que son un pueblo intratable y levantisco que debería haber entrado en razón hace ya mucho tiempo y si, ello no ha tenido lugar, ha sido debido a la debilidad de gobiernos como el de Zapatero, Rajoy y, ahora, el peor de todos, el del señor Sánchez. Y es que, según este señor, los equivocados son lo defensores de la Constitución y él, un simple ciudadano más, se atreve a criticar a quienes la defienden.


Convendría recordarles a todos estos señores y a quienes están emperrados en que haya un diálogo para solucionar un tema que no tiene otra solución, que el acatar las leyes españolas es algo imprescindible y que, todos los intentos anteriores, en los que Cataluña ha intentado aprovechar una circunstancia adversa al gobierno de la nación, la solución se ha conseguido mediante las armas y, en muchas ocasiones, ha sido el pueblo catalán quien ha tenido que sufrir en sus economía, trabajo, nivel de vida y libertades, las consecuencia de una mala praxis de sus propios gobernantes. Empezando por la guerra de sucesión al trono de España, (Felipe V) en la que los catalanes se pusieron de parte del perdedor y tuvieron que enfrentarse a sus propis actos, con las consecuencias previsibles. Y una última alusión a un periodista, habitualmente más contenido, el señor Antoni Puigvert que, también en La Vanguardia, habla de “abandonar el vicio del conflicto para alcanzar la virtud de la colaboración “, una idea irreprochable si se refiriera a que el tema de la independencia debía ser abandonado para entrar en una nueva etapa de relaciones con el Estado, propia de los intereses de una comunidad autónoma. No parece que sea así, cuando se habla de “magnanimidad”, lo que parece que la parte que le corresponde al Estado es pasar por alto una insurrección precedida por una multitud de actos de desobediencia a las leyes estatales para, en virtud de renunciar a su facultad de mantener la unidad de España se haya juzgado, no por el Gobierno, sino por los tribunales a unos señores que abiertamente se levantaron contra la Constitución y España. Y no renuncio a comentar lo que el periodista colaborador del mismo rotativo, el señor Daniel Fernández, destaca en su artículo: “La derecha de raíz democristiana incuba un huevo de la serpiente que no ve (cómo que un huevo vaya a ver nada si tiene la cáscara que le impide hacerlo) como un problema sino como una forma de llegar al poder… Y muchos creen que pueden alimentar el cocodrilo (ahora ha cambiado de bestia, ahora hablamos de un cocodrilo) y luego domesticarlo, cuando abandone la bañera de casa”.


Suponemos que este señor intenta amedrentar a la sociedad con la serpiente, transformada en cocodrilo, amenazando con una derecha guerrera que está dispuesta a incumplir las leyes, algo en lo que parece que no se ha fijado bien es en que, precisamente ese huevo maldito al que alude, es el que el señor Pedro Sánchez quien está alimentando al reeptil para que, cuando salga el cocodrilo de la dictadura, esté en condiciones de dominar España. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos maravillamos de que, en ocasiones los más notables informadores parezcan meros esclavos de sus directores. Y hoy la frase final se la debemos a Joseph Pulitzer y dice así: “Con el tiempo una prensa mercenaria, demagógica, corrupta y cínica crea un público vil como ella misma.

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