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​Cosas que políticos y gobernantes no debieran hacer ni decir

“El hombre prudente no se vale jamás de la palabra para el sarcasmo o la difamación” Benjamín Franklin
Miguel Massanet
sábado, 10 de abril de 2021, 13:54 h (CET)

De un libro de anécdotas históricas he entresacado la siguiente: ”Hablando el marqués de Comares con un regidor de Córdoba, le dijo: Los romanos tenían su república rica y sus casas pobres. Los regidores, en España, quieren tener hartas sus casas y las repúblicas hambrientas” , sin duda alguna un pensamiento que puede tener la misma validez hoy en día que en el Siglo XVI, época en la que tuvo lugar dicha conversación, sólo que los gobernantes y políticos actuales visten de forma distinta, emplean un lenguaje menos refinado, disponen de mejores medios para comunicarse, relacionarse o para hacer la guerra pero, en cuanto a anteponer sus intereses particulares, sus ambiciones, sus pasiones o sus ansias de poder a lo que debiera ser ocuparse, en primer lugar, de la nación a la que gobiernan, de sus ciudadanos o del nivel de vida del que gozan las gentes que dependen de ellos, se puede afirmar que parece que no ha transcurrido el tiempo ya que, la mayoría de ellos, los de antes y los de ahora, parece que tienen la misma propensión a actuar de forma egoísta e interesada sin que les preocupe, ni poco ni mucho, que aquellos que los votaron, consigan las mejoras que les prometieron cuando les pidieron que los eligieran para que los gobernasen. La desvergüenza y la ausencia de una moral y ética que frenen sus bajos instintos los hacen indiferentes a todo lo que no sea asegurar el mantenerse en el poder y conseguir enriquecerse en el cargo.


Y es que, señores, no pasa día, ni semana que no tengamos que lamentar algún hecho, circunstancia, declaración o decisión que no afecte de una manera negativa a los españoles y a nuestra nación, tanto en lo que respeta a las personas como a la economía doméstica y a la general de toda España, debido a que las conveniencias políticas, electorales o partidistas de quienes están al frente de nuestras instituciones nacionales, autonómicas o municipales,  los arrastren a tomar decisiones que, por lo  común, afecten de forma negativa a los intereses de los ciudadanos, mediante  el establecimiento de más impuestos, tasas, obligaciones o recortes de sus derechos particulares cuando no, como está sucediendo con la gestión que se hace del Covid 19, no se cometan imperdonables torpezas, retrasos en la toma de decisiones, discriminaciones en función de quienes sean las comunidades a las que deban ayudar o, incluso, favoritismos en cuanto a quienes debieran ser los primeros en recibir las vacunas y los que, por estar menos amenazados por la pandemia, lo deban ser con posterioridad.


Y en este sentido no debiera suceder que, en Vallecas, un partido legal, democrático, cumplidor y defensor de la Constitución, que fue el tercer partido más votado en las pasadas legislativas y con una holgada presencia parlamentaria, como es VOX, se haya visto obstaculizado, amenazado, atacado a pedradas y botellazos por una multitud de salvajes energúmenos, cuando efectuaban un acto de propaganda electoral en la circunscripción vallecana. Poca policía, con órdenes del señor Marlaska de no actuar con violencia y con la consigna de mantener una distancia totalmente insuficiente de 18 pasos entre los de VOX y la turba de atacantes que, por supuesto nunca fue respetada por los agresores. Los mismos policías han denunciado que el número de agentes fue insuficiente y que fueron arrollados en muchos momentos por los cafres terroristas con los que se enfrentaban.


Y aquí, como viene sucediendo con demasiada frecuencia, nos encontramos con este personaje, que se está empezando a convertir en una amenaza pública para el pueblo español, el juez Grande Marlasca, que parece dispuesto a convertirse en el defensor de quienes se toman la libertad de hacerse dueños de las calles y de obstaculizar cualquier acto legal de las derechas, riéndoles las gracias y escurriendo el bulto cada vez que se le pide que tome medidas contundentes, como ha pasado en Cataluña con las algaradas con destrozos en toda Barcelona con motivo de la detención de un sujeto reincidente, el rapero Pablo Hasel que, por el hecho de ser un artista, ya se había creído que puede decir cualquier barbaridad, insulto, calumnia o injuria sin que la Justicia pueda actuar en su contra, como es lo que ha sucedido. Pues el señor Grande Marlasca, ministro de Interior, ni en Madrid ni en Barcelona, pese a los destrozos causados por la plebe enfurecida, no ha permitido que la policía actuase con contundencia como estaba indicado ante una situación descontrolada que amenazaba la tranquilidad y las propiedades de los comerciantes de la zona afectada. Y el señor ministro, pese a que acaba de sufrir la bofetada más impresionante por parte de la sentencia del TS, respecto a la destitución arbitraria que hizo del coronel Pérez de los Cobos, en la que se reprocha las causas, las formas y la ilegalidad cometida al sancionar a un militar por cumplir con su deber de mantener el secreto al que estaba obligado por Ley.


Una ministra, la señora Calviño, a principios de este año nos habló de cuentos de hadas para España y su futuro que para ella era de una recuperación de la economía para mediados del corriente ejercicio. Modestamente escribimos un artículo en el que dudábamos que todo fuese tan positivo, tanto en cuanto a la epidemia como por lo que respeta a nuestra situación, como país, como a las posibilidades de conseguir una mejora tan espectacular en cuanto a la recuperación de puestos de trabajo. Contrariamente a lo previsto, no ha pasado más que un trimestre y la señora ministra de Trabajo, Yolanda Díaz ya ha tenido que prorrogar los ERTES porque no había manera de absorber de nuevo a los trabajadores suspendidos de empleo. Pero es que, por añadidura, la misma Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) ha revisado a la baja la previsión de crecimiento del Gobierno para el 2021 del 8’2% al 6’6%, entre otros motivos porque la llegada que, con grandes aspavientos, nos anunció el señor Pedro Sánchez, de las cuantiosas ayudas de los fondos europeos no han llegado tal y como se esperaba, con lo que el incremento del PIB que se había previsto será sólo de ¡’6 puntos en lugar de los 2’7 calculados en noviembre pasado. La señora ministra se verá obligada a desdecirse de sus declaraciones optimistas, para rebajar sus previsiones macroeconómicas.


No queremos concluir este comentario sin referirnos a este diario catalán de los señores Godó, La Vanguardia, que sigue demostrando estar de parte del separatismo y que no deja de hablar de la “extrema derecha” cuando se refiere a VOX, como si los señores propietarios o socios del rotativo fueran todos unos pobrecitos parias muertos de hambre. No parece que, al comentarista de lo ocurrido en Vallecas, le impresione demasiado el que en la reyerta cayeran heridos 25 miembros de la policía porque, tanto en los dibujos del señor Batllori ( otro que tal las pinta), como en el texto del periodista, lo que se quiere dar a entender, más que la actuación de unos vándalos de la extrema izquierda, agrediendo sin motivo alguno a unos señores que hacían uso de su derecho de reunión y manifestación de forma pacífica, parece que se pretende acusar al señor  Abascal de intentar romper el cerco que se le hacía a su formación,  procurando que se mantuvieran los 18 pasos que la policía había fijado como distancia que debía existir entre los dos grupos de manifestantes y acosadores. Menos mal que reconocen que el dispositivo policial no contaba con suficientes elementos para poder oponerse a la multitud que pretendía agredir a los señores de VOX.


Seguramente es lo que les interesa a los soberanistas catalanes, entre los que se encuentran los señores de La Vanguardia, que la policía desempeñe un papel meramente testimonial para que no se diga que no actúa, pero siempre con las órdenes de que no se muestre violenta, no hiera a nadie y, si reciben los ataques de los revoltosos se lo tomen con paciencia que ¡para esto se les paga! Y, mientras, el Consejo de Estado presidido por la señora Fernández de la Vega le propina un coscorrón al Gobierno, en relación a su pasividad a la hora de tomar las opciones legislativas que pudieran suplir esta medida extrema del estado de  alarma que, como se ha demostrado en el caso del coronavirus, ha resultado insuficiente y, todavía mucho más, si se ha puesto en práctica con una maniobra de dudosa legalidad, derivando la responsabilidad de su aplicación a cada una de las comunidades autónomas cuando debería haber sido el propio Gobierno quien tuviera la responsabilidad y el deber de haber legislado para toda España.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, llega el momento de considerar qué posibilidades hay en España para que todo esto que está sucediendo, como si fuese una terrible pesadilla, llegue un momento en que haya alguien que tenga la inteligencia, el valor y la firme decisión de tomar al toro por los cuernos y empezar a encauzar el movimiento que sea capaz de acabar con el comunismo que ya está asomando la cabeza con la intención de asentarse definitivamente en nuestra nación. Y, por si alguien sigue dudando de lo que se trama en Cataluña, le daremos un detalle: el señor Sindic de Greuxas (Defensor del Pueblo) ha encomendado a las administraciones catalanas “investigar la posible presencia de la extrema derecha en los cuerpos policiales”. Parece que a este señor tan preocupado por los efectos “dañinos” de que en el cuerpo policial pudiera haber algún miembro de VOX, le tiene muy preocupado, esta mera posibilidad, no fuera que armase una revolución entre sus compañeros. Pero lo curioso del caso es, sin embargo, no parece tener la más mínima preocupación por si hubiera alguno de los agentes que perteneciera a los CDR, a la extrema izquierda o los a los  anarquistas revolucionarios  quienes, pese a usar métodos más contundentes en sus manifestaciones públicas, a criterio del señor Sindic, no resultan tan peligrosos como los “ogros” de Vox. Y como colofón, una frase de Buda: “No creas nada, no importa donde lo leas o quien lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común.”                                                                                                                         

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