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La habilidad de Pedro Sánchez para ponerse medallas y rechazar responsabilidades

“Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados”, Mark Twain
Miguel Massanet
jueves, 8 de abril de 2021, 15:35 h (CET)

Todos sabemos que el régimen comunista desde, el bolchevismo de la Unión Soviética hasta el del recientemente implantado del neocomunismo de los países latino-americanos, han venido utilizando el método del engaño, la mentira, la tergiversación junto a la descalificación sistemática de quienes se oponen a este sistema político, que no ha conseguido más que fracasos en todos aquellos países en los que ha estado gobernando con la agravante de que, una vez instalado en el poder, suprime todo rastro de democracia para convertirse en un sistema de gobierno absolutista y totalitario en el que, los derechos de los ciudadanos, desaparecen para convertirlos en meros sujetos de deberes, obligaciones y simples lacayos del poder, sin derecho a protesta o reclamación ante los tiranos dictadores que los gobiernan.


En España, por desgracia, ya llevamos unos años en los que la democracia de la que nos dotamos los españoles, para dar el salto de la dictadura del franquismo al sistema de partidos y al régimen de monarquía parlamentaria, mediante los puntos recogidos en nuestra Constitución de 1978, ha ido cediendo ante la aparición de un partido nacido de la revolución del 15M, de origen y con el apoyo de la tiranía de Maduro en Venezuela, dirigida por Pablo Iglesias y alentada desde el extranjero por quienes tienen el poder económico y la influencia para intentar derrocar el actual sistema de gobierno del que veníamos gozando, con la malévola intención de efectuar un cambio de régimen, de tipo revolucionario, que le permita al comunismo internacional establecer una cabeza de puente en nuestra nación, desde donde intentar asaltar al resto de la UE.


Claro que, un programa tan ambicioso puede resultar difícil de poner en marcha hasta para un sujeto tan resabiado y carente de escrúpulos éticos y morales como es el señor Pedro Sánchez, para quién el decir la verdad, el actuar con honestidad política, el preocuparse por todo aquello que pudiera favorecer a la nación o el gobernar para todos los españoles, constituye la antítesis de lo que está dispuesto a hacer, por consistir lo contrario de lo que, precisamente, forma parte de sus planes para una nueva España, dividida, socializada, de economía centralizada, de libertades cívicas recortadas y de supeditación del individuo y sus derechos ( incluido en primer lugar el de propiedad) a los planes estatales y a las conveniencias políticas de los gobernantes, aunque ello pudiera conducir indefectiblemente a una situación de desplome económico y de caída en picado de nuestro sistema productivo.


El señor Sánchez ha encontrado en la crisis sanitaria de la Covid 19 un inesperado aliado que le ha permitido adelantar sus planes de tener controlada a toda la nación, bajo la excusa de tener más libertad para luchar contra la pandemia. El medio ha sido declarar el “estado de alarma”. Pero no como debería haber sido y como, sin duda alguna, lo previó el legislador cuando estableció este sistema, no olvidemos que limitado en el tiempo y extraordinario, con el añadido de la correspondiente vigilancia de la cámara baja, circunstancias que no se han tenido en cuenta en la forma, poco ortodoxa, con la que se ha venido aplicando por el gobierno del señor Sánchez poco amigo de hacer caso de estas “minucias” de tipo legal. Se ha pasado por el arco del triunfo la renovación, cada quince días, de la declaración y consiguiente permiso del Parlamento para promulgar un estado de alarma hasta el mes de mayo. Se ha decidido a apartarse de la responsabilidad de responder por las medidas tomadas por el ejecutivo delegando en las CC.AA, o sea, el tomar las decisiones respecto a lo que afecte a la incidencia del virus en cada comunidad, lo que ha supuesto que no ha existido unidad alguna en cuanto a las distintas formas de enfocar las medidas para luchar contra la pandemia y esto la ha permitido, al gobierno de la nación, criticar a los responsables de las autonomías que estaban dirigidas por los partidos de la oposición, mientras ha favorecido, descaradamente, a los que estaban bajo las órdenes de los partidos que apoyan al actual gobierno.


Sánchez y el cerebro gris del PSOE, el señor Redondo, decidieron poner en apuros a la comunidad madrileña, de las pocas que se han resistido a caer en manos de la izquierda, algo que no han podido digerir, mediante una batería de intentos de moción de censura en Murcia, Castilla y León y, según se estaba gestando en secreto, contra la comunidad madrileña. Fracasaron estrepitosamente, aunque Ciudadanos de la señora Arrimadas se prestó a una de estas jugadas sucias que demuestran la catadura y miseria de algunas personas a las que la ambición les hace desbarrar, algo que, con toda seguridad les va a hacer perder votos en Madrid, con la posibilidad de que no alcancen el porcentaje necesario para tener grupo propio en la comunidad. La señora Ayuso les madrugó y con una diligencia propia de una estadista consagrada decidió convocar, por los pelos, unas nuevas elecciones para el día 4 de mayo, lo que desbarató por completo la estrategia de los socialistas, que habían contado con el factor sorpresa para sacar adelante sus proyectos.


Sánchez no le iba a perdonar a Ayuso su fracaso y, desde aquel día, toda la maquinaria del Gobierno, del PSOE y de la prensa que le es adicta, unida a las TV y las Radios dominadas por ellos, la mayoría de las que existen en el país, se han lanzado a una campaña sin cuartel en contra de la señora Ayuso, su gobierno, su labor respecto a la Covid 19 y su propia persona. Por si faltara algo, el señor Pablo Iglesias, que se dio cuenta que desde su cargo de vicepresidente no consiguió su propósito de desgastar a su propio gobierno, decidió presentarse de candidato a la presidencia de la comunidad madrileña, constituyéndose en tercero en discordia, con posibilidades de perjudicar más al candidato Gabilondo que a la señora Ayuso, que ha tenido la ocasión de presentar estas elecciones como un enfrentamiento claro entre conservadores y comunistas lo que, a nuestro entender, la puede favorecer mucho en el resultado de las votaciones.


Otra vez Redondo y Sánchez, en tándem de conspiradores de la Moncloa, han decidido jugar sucio y se han lanzado, desde la propia Moncloa, algo que la comisión electoral debería estudiar si está permitido que, institucionalmente, un jefe de gobierno puede hacer campaña a favor de un aspirante a dirigir una autonomía. Pero, una vez más, ha decidido aprovechar la ocasión de que van a llegar desde Europa una nueva tanda de vacunas para el coronavirus, algo en lo que él no ha tenido parte alguna ya que se distribuyen de acuerdo con un plan de reparto determinado en todas las autonomías, para hacer una de sus raras comparecencias, ante los españoles, para colgarse la medalla de que, por fin, los españoles puedan vacunarse. No lo ha hecho cuando las vacunas se retrasaban ni cuando dijo, hace un año, que la pandemia se había acabado y luego fue falso. Ahora habla de que un 75% de los españoles estarán vacunados para agosto, sin acordarse de que hace poco dijo que lo estarían para mayo, fecha en la que acaba el plazo legal para mantener el estado de alarma. Sigue mintiendo y no le importa porque sabe que los españoles ya se han acostumbrado a que lo haga, si con ello se fastidia a las derechas.


No obstante, se le olvida a nuestro presidente el hecho de que, gracias a la dejadez y retraso de su gobierno, a los errores de su equipo de “expertos”, un equipo que luego resultó que no existía, han muerto en nuestra nación más de 90.000 contagiados del virus y que su gestión ha sido valorada, en Europa, como la peor de todas las que se han llevado a cabo por los distintos gobiernos, de las naciones de la CE. Su colaborador directo en la función de tener engañados a los españoles durante todo el tiempo que hemos estado padeciendo los embates de la pandemia, el señor Fernando Simó, ha dado muestras de su cara dura, de su inutilidad, de su adicción incondicional al gobierno y de su desvergüenza por decir un día una cosa y, al día siguiente, todo lo contrario; sin que ello le afectase lo más mínimo y sin que el gobierno tuviera el buen sentido de relevarle de su cargo por inútil e incapaz para la misión que se le encomendó.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, lo que venimos constatando es que el señor Sánchez se ha venido aprovechando del estado de alarma para gobernar por medio de decretos leyes lo que priva a los ciudadanos de la posible criba por parte del Parlamento previa a la publicación de cualquier ley. Por otra parte ya es un insulto a la inteligencia del pueblo español la forma completamente absurda que tiene de solamente presentarse en aquellos casos en los que puede dar una buena noticia, veraz o inventada o, en el caso de que la noticia sea mala o no le favorezca y pueda perjudicar a su imagen pública, la ruindad y la desvergüenza de dejar que sean los dirigentes de las comunidades los que respondan de ellas, mientras él se mantiene alejado evitando sus responsabilidades como presidente del Gobierno. Y una frase interesante de Jaume Perich: “Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco”. Una verdad como un templo.

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