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​¿Hasta cuándo España deberá someterse a la humillación separatista?

El término democracia ha dejado de tener sentido en Cataluña
Miguel Massanet
martes, 6 de abril de 2021, 02:48 h (CET)

Cómo de enrarecido estaría el ambiente, dentro del Parlament catalán, que el secretario segundo de dicha institución tuvo que plantear a la cámara que no admita a trámite propuestas de resolución contra la monarquía española y a favor de la autodeterminación. Un miembro de Juntos Podemos, el señor Cuevillas, dejó asombrados al resto de componentes de la institución al pronunciar dichas palabras que, con toda seguridad, no esperaban escuchar de un componente de la mesa. Y es que el grado de sectarismo, de inconsciencia, de osadía y de temeridad que se está observando, dentro del independentismo catalán, está llegando a un punto en el que podríamos llegar a pensar que, si no de derecho de hecho, el Gobierno de la nación está permitiendo, con su falta de reacción ante tales comportamientos, que el Parlament y la Generalitat estén actuando como si realmente Cataluña ya estuviera separada del Estado español y pudiera disponer libremente de su independencia.

Y es que en la máxima institución catalana, su parlamento, se habla con entera impunidad de la república catalana como si tuviesen al alcance de la mano la posibilidad de que, España y su gobierno, estuvieran dispuestos a ceder ante sus peticiones de soberanía, algo que, por supuesto, nunca va a suceder por mucho que nuestro actual gobierno, presidido por el señor Sánchez, parezca que está dispuesto a hacerlo posible con su actitud complaciente, condescendiente y permisiva en relación a estas provocaciones, por otra parte, inadmisibles en cualquier nación celosa de su unidad y de su Estado de derecho que, evidentemente, deben ser conservados intactos ante cualquier intento de alterarlos ilegalmente. Lo que sucede es que nuestro presidente, don Pedro Sánchez, del PSOE, se encuentra inmovilizado políticamente, convertido en un mero títere, supeditado al chantaje de los separatistas, de estos que siguen las directrices de quienes desde la sombra están subvencionando, orientando, maquinando y activando la revolución soberanista de Cataluña, como pudieran ser personajes tan tenebrosos como el señor Jorge Soros, propietario de una inmensa fortuna o, ya en tierras catalanas el avalador, mecenas y mentor del señor Puigdemont, el catalán multimillonario y, sin embargo manipulador, activista, y revolucionario separatista, don Jaume Roures Llop, propietario de la empresa Mediapro y accionista de Imagina Media Audiovisual.

La realidad es que, a pesar de que a personajes como Puigdemont, Cuixart, Torra, Aragonés, Borrás etc. se les llene la boca hablando de la democracia en Cataluña, de sus derechos “democráticos” a pedir la independencia, a su referencia a una, por supuesto imaginaria, mayoría democrática que querría la independencia de los catalanes ( algo incierto, por supuesto) o de la “opresión “antidemocrática” que el resto de España ejerce sobre el pueblo catalán; la realidad es que su concepto de lo que es una democracia resulta peculiar, sui generis, autoritario, parcial y, como no, excluyente. Todo aquel que no participe de su idea de que Cataluña es una nación independiente, automáticamente queda señalado como un enemigo, un adversario al que hay que destruir, alguien al que se le han de negar todos sus derechos políticos y que, por supuesto le está vedado formar parte de cualquiera de las instituciones administrativas, municipales, jurisdiccionales, políticas, comunitarias etc. No se le debe reconocer cualquier tipo de derecho, incluido el pan y el agua.

Veamos el comportamiento, que estos individuos del separatismo catalán (los vascos igual de lo mismo), han tenido con un partido convertido en chivo expiatorio tanto por las izquierdas, que lo califican de “partido de extrema derecha”, como por parte de los de derechas que, como siempre viene ocurriendo, parece que tienen que adherirse a las descalificaciones que hace la izquierda, celosos de que otro partido con el que comparten ideología les pueda birlar los votos. VOX, digan lo que digan las izquierdas y, aún más, por haberse constituido en uno de los objetivos del ataque directo de las izquierdas, lo que ya constituye un tanto a favor de los del partido de Abascal, a diferencia de los comunistas bolivarianos del señor Iglesias y la señora Montoro, o de los de ERC como es este sujeto zafio, inculto e impresentable, que tiene por apellido Rufián, que no deja de decir una estupidez tras de otra, con la particularidad de que tanto en el Parlamento de la nación como en aquellas comisiones a las que acude, parece que quienes presiden los actos son incapaces de llamarlo al orden y expulsarlo, sin más contemplaciones, cuando lo único que hace es insultar, calumniar y aprovecharse del tiempo que se le asigna para hacer preguntas inconvenientes, irrelevantes, retorcidas y a las que él siempre se las arregla para dar la respuesta que le interesa recibir y no la que le da su interlocutor.

La izquierda ya se ha ingeniado para pintar a VOX como el monstruo intransigente, absolutista y ultraderechista olvidándose de que todo lo que defiende este partido en esencia es lo mismo que se defiende desde la derecha, sólo que más directamente, sin disimulos, sin miedo a decirlo, con la entereza y firmeza que debe tener quien defienda algo en lo que se cree. Unidas Podemos, por ejemplo, y sus directivos no se han escondido de que van en contra de la Constitución y nadie los califica por ello de indeseables y antidemocráticos. El señor Iglesias apoya, sin ningún disimulo, a los catalanes que piden la independencia y vota a su favor y nadie ha pedido que se declare ilegal su partido por ir en contra de la unidad de España y lo mismo pasa con el partido heredero de ETA, Bildu, un partido claramente revolucionario que ha apoyado a ETA y que sigue homenajeando a quienes formaron parte de ella, como asesinos de aquella banda criminal. Es más, los socialistas en el País Vasco tienen alianzas con Bildu y gobiernan con ellos en lugar de con el PP o cualquiera de los partidos que no son sospechosos de querer romper España.

Pues, los señores de VOX, que obtuvieron un buen resultado en las últimas elecciones autonómicas catalanas donde sacaron 243.000 votos y dos escaños, los mismos que el PP, C,s y la CUP, parece que sean los apestados y que quienes los votaron no fueran catalanes con los mismos derechos de voto que cualesquiera otros que votaron a Convergencia o a los socialistas , por ejemplo, y a ninguno de ellos se le ha calificado de poco democrático; sin embargo, vean la reacción de todos los partidos independentistas de izquierdas catalanes que integran el nuevo parlamento. Un acuerdo para aislar la actuación de los parlamentarios de VOX, a los que se los están boicoteando sin que, contra esta tan “democrática” postura nadie levante su voz, incluidos los partidos de derechas. Una situación absurda, antidemocrática y que demuestra el absoluto desprecio de los independentistas por lo que es la democracia que, por lo visto, sólo la admiten cuando a ellos les interesa para apoyar sus ideales separatistas, pero no aceptan la que sería de todo el pueblo español respeto a si Cataluña es o no España. Seguramente, si se produjera semejante referéndum, la gran mayoría, un alto porcentaje por supuesto, reafirmaría la unidad de España, con las excepciones de una parte de Cataluña, menos de la mitad de sus votantes, y otra, del país vasco a los que se sumarían, no por convicción sino por estrategia para romper España y sacar provecho de ello, los comunistas bolivarianos del grupo de Unidas Podemos y los del señor Garzón, otro que cada vez pinta menos en la política nacional.

Creo, señores, que está llegando el momento en el que los que seguimos siendo y queriendo ser españoles, los que no encontramos acomodo en la situación de nuestro país en la actualidad, nos planteemos que puede que sea necesario reaccionar y apretar a nuestros representantes para que dejen los paños calientes y tomen conciencia de la realidad de lo que es esta burda imagen de aquella España de libertades, bienestar, trabajo y prosperidad de la que gozamos antes de que el señor Rajoy arrojara la toalla y se dejara arrastrar por una serie de miembros del partido con ideas progresistas, que fueron los que le llevaron al desastre de la moción de censura, y se dejó paso a esta horda de izquierdistas, atrabiliarios, revanchistas, de ideas fijas y nulo sentido de la realidad y de lo que necesitaba y era conveniente para España que, por supuesto, no era permitir que los catalanes continuaran ninguneando a la nación española y a su Constitución, algo que nos ha llevado a la situación vergonzosa de ir claudicando una y otra vez, como ha hecho el actual Gobierno, cada vez que los vascos o los catalanes han amenazado con dejar de apoyar este frágil equilibrio que existe hoy en nuestro parlamento, lo que propicia que los grupos pequeños, que apenas cuentan desde la perspectiva electoral de la nación española, se hayan convertido de facto en quienes llevan la batuta de la política española y ¡así nos va!

Y así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, creemos que es preciso que tanto lo que quede de Ciudadanos como el PP y VOX se dejen de rencillas entre ellos y tomen la decisión de formar un bloque, ya sea cada uno de ellos de forma independiente o formando una gran coalición, que sería lo deseable, y se decidan a enfrentar, sin complejos ni miedos, al desafío que está presentando esta gran izquierda que, precisamente, tiene sus puntos débiles en sus deseos egoístas de constituirse en quienes sean lo que se hagan con el poder absoluto sobre la nación.

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