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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Dignidad   Reflexiones  

Dignidad acosada

​Las cuestiones planteadas se suceden en un dinamismo complejo
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 25 de marzo de 2021, 13:12 h (CET)

Ahora que proliferan los expertos, se regodea el observador ante la sucesión de manifestaciones despendoladas. Y si menciono el regodeo es por no llorar ante la insensatez repetitiva. Es gracioso aquello de la verdad te hará libre. No aclara si era suficiente con decirla, sentirla o practicarla. Para esta época de muchas verdades, tampoco precisaba a cual de ellas se refería. Algo similar nos ocurre con la idea de libertad. Mientras, la rueda gira sin detenerse revolviendo las palabras, dejando en el aire el anhelo perseguidor de la INTERPRETACIÓN de la vida. A ver quien llega a cogerlo al vuelo. Decir, decir, es una cosa; su asimilación impresiona por el grado de libertad conferido a cada individuo.

La ardua labor de conocerse por dentro y en relación con lo de fuera, aboca a mucha gente a la rutinaria indiferencia sobre estos asuntos. Esa rutina desvirtúa las cualidades personales. Dentro de los grupos sociales provoca la desconsideración hacia las personas. Cuando se trata de anhelos particulares, sentimientos, emociones, maneras de entender las cosas, inteligencias diversas; convendremos en la enorme dificultad para la TRADUCCIÓN de ese sentido individual, el propio, y no digamos si pretendemos traducir al prójimo. Por eso sufrimos ante los empeños pertinaces de suplantar a las personas a base de ideologías, criterios económicos o simple ejercicio de las fuerzas empoderadas.

Las luces se alternan con las sombras, a no ser que todo sea un sueño cargado de contrastes. En cuanto se implanta la certeza en nuestra mente, sucumben los fundamentos; también aparecen estos en medio de la mayor desorientación. Intuimos el RASGO titilante que nos identifica, un tanto escurridizo cuando tratamos de borrarlo o describirlo. Deambulamos con una sensación de entes enmascarados actuando en el escenario existencial, entre verdades evanescentes o falsedades reales. Es una cuestión de experimentación propia:

LA PROPIA MÁSCARA

Mírate las manos...

…Quieren hacer el mejor dibujo.

Mírate los ojos…

…Desean ver maravillas.

Mírate la lengua…

…Se regodea con las croquetas.

Mientras…

Te observan ojos curiosos.

Te trampean los revoltosos.

Te agasajan los melindrosos.

Te animan quienes te quieren.

La respuesta brota…

Con el periscopio enhiesto

Ante los cambios de ambientes,

Entre tormentas e infortunios,

Con figuraciones y satisfacciones.

Persiguiendo…

La estrella propia

Refulgente y acompañada.

Cuesta descubrir

La propia máscara,
Esa que nos representa

Con el bullir

De las ideas.

La dignidad de uno constituye un racimo con diferentes colgaduras simultáneas, de mayor realce según el enfoque de sus actividades, de alguna manera dependiente también de la relación con los demás. A lo largo del tiempo, esas aptitudes sufren recortes adaptados al espacio de su actividad, por decaimiento del propio pensamiento, porque apenas se aprecia realidad activa en su entorno; perdiendo lustre dicho racimo. Es la imagen visible del retroceso hacia la VEJEZ, momento culminante de ese acoso a la dignidad de ese individuo. Pocos escapan a ese descuido, empieza por el propio individuo y familiares, pero se acentúa desde los coetáneos a los gestores públicos.

El sesgo populista implantó sus reales en los modernos ámbitos de la sociedad; a base de señuelos engañosos provocan la distracción de grandes mayorías, arrastradas emocionalmente hacia comportamientos gregarios, alejados por lo tanto del discernimiento reflexivo. Las movidas generadas adquieren formatos de la única corrección aceptable. Al albur de sus promotores se desarrollan perfiles ambientales CAPRICHOSOS sin el menor respeto por las inquietudes particulares. Sus oleadas arrollan cualquier actitud disonante, que acaba siendo presentada como una atrevida inconveniencia aun sin ser escuchada; poniendo así a prueba las expresiones enraizadas en las personas.

Suele decirse que el artista persigue la libertad expresiva. Yo diría, para vivir con buenas cuotas de libertad es necesario ser artista; a una mayor aspiración, se incrementa el requerimiento artístico. Gracián escribió, “no se vive si no se sabe”. En la inopia se vegeta. Ahora bien, eso de saber es cuestionable por sus múltiples circunstancias. La vida expone una serie de ARISTAS como realidades palpables; hemos de enfrentarnos a ellas con la disposición personal elegida. Son las necesidades básicas, afectos, mentalidades contradictorias, anhelos, fantasías, sufrimientos y misterios. En verdad, la navegación en ese ambiente exige una finura artística sin parangón.

Las cuestiones planteadas se suceden en un dinamismo complejo. Al tiempo de las dificultades, parecen coexistir un sinfín de recursos, a la espera del abordaje por cada protagonista. Cuando surgen discusiones fuertes decimos que conviene establecer puentes como forma de encontrar soluciones. Aún en las condiciones más favorables, tropezamos con limitaciones evidentes, con frecuencia las notamos como insoslayables. Nos vemos acosados también por la AMBIVALENCIA de los puentes, no hay tanta distancia de pasar a la otra orilla a tirarse desde arriba; quedando la resolución a merced de las valoraciones personales.

El mejor uso de los recursos disponibles, con las cualidades bien administradas es el bagaje para afrontar las acechanzas. La respuesta DIGNA exige el testimonio de unos comportamientos entroncados con la sociedad y con el mundo; sopesará la actitud negligente con la franqueza colaboradora; ahí radica su meollo.

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