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Engañar a los diplomáticos: ¿Más fácil de decir que de hacer?

¿Obama desea utilizar nuestra voluntad de diálogo como medio de convencer a otros de presionar más a los iraníes?
Michael Rubin
miércoles, 5 de noviembre de 2014, 08:10 h (CET)
He escrito un libro (cuya edición rústica verá la luz el mes que viene) que examina la forma en que los regímenes disfuncionales engañan y persuaden a unos diplomáticos estadounidenses que, con demasiada frecuencia, creen a pies juntillas en las sutilezas que quieren escuchar, al tiempo que ignoran voluntariamente la totalidad de las pruebas de que las cosas no son como parecen. De hecho, una de las mayores ironías de la diplomacia con regímenes disfuncionales es la validez de la valoración que hace la opinión pœblica norteamericana del carácter deshonesto de regímenes disfuncionales como los de Irán, Corea del Norte o Rusia, pero los diplomáticos restan importancia a tales nociones por sencillas y creen saber lo que más conviene. Rara vez lo saben.

¿Pero se limita tal fracaso de la valoración precisa del personaje a las interacciones con las autoridades representantes de regímenes disfuncionales? Con vistas a las presidenciales norteamericanas de 2008, el curtido diplomático Dennis Ross hizo de enlace de la campaña Obama con la comunidad judía. Si bien la cabecera israelí oficiosa del centroizquierda Haaretz habrá olvidado hace tiempo este artículo, su perfil de Ross en aquella época arroja luz sobre la errónea valoración del Presidente Barack Obama y su actitud hacia Israel. He aquí lo que dijo Ross por entonces:

Estando en Florida hace unas semanas, me parecía que había muchas más dudas del senador Obama de las que percibo hoy entre los presentes. Las dudas que ahora se plantean demuestran que la gente empieza a decidir lo que quiere por sí misma, y que desea ser escuchada. Me parece que hay un deseo de entender la naturaleza de su relación con Israel, cómo abordaría el tema de Irán y lo que piensa del proceso de paz.

¿La respuesta a tales dudas, proferida por Ross para tranquilizar las inquietudes de los judíos con respecto a la posición de Obama?

¿Obama desea utilizar nuestra voluntad de diálogo como medio de convencer a otros de presionar más a los iraníes? Impedir que Irán adquiera armas nucleares es una prioridad muy urgente para él, no sólo porque represente tamaña amenaza para Israel, sino porque representa tamaña amenaza para Estados Unidos.

A tenor de la cuestión de Israel, hablo de lo que vi durante su visita a Israel, como vi su interpretación de la relación con Israel - que describía como compromiso sincero. Se fija en Israel y nos considera dos países de valores comunes. Pero también se fija en Israel y percibe que cualquier amenaza para Israel resulta también ser una amenaza para Estados Unidos. De manera que tenemos intereses comunes, porque terminamos abocados a las mismas amenazas.

Claramente Ross entendió al revés a Obama. Ni la administración Eisenhower fue tan hostil a Israel. Desde el momento de la victoria, Obama se ha mostrado m‡s contrario a Israel que a regímenes disfuncionales como Irán, Venezuela, Rusia o dictaduras como la Autoridad Palestina, donde el secretario Majmoud Abbás va a cumplir su décimo año en el poder de una legislatura de cuatro años. Ciertamente, había multitud de pruebas de que Obama no era ningœn amante de Israel.

La pregunta, en el contexto del incidente del micrófono traidor y de los comentarios anónimos del "cagón", es ¿cómo pudo equivocarse tanto Ross con Obama? ¿Fue la ambición ciega del diplomático - que presenta a Obama como algo que no es para lograr un ascenso, puede que incluso la secretaria de Estado - o sencillamente Obama hizo una puesta en escena frente a los íntimos muy preocupados por la seguridad de Israel? Sea como fuere, debería ser motivo de reflexión que un diplomático consumado se equivocara tanto con Obama. El ejemplo es Ross, pero el problema está más extendido Puede que resida en la personalidad misma de los diplomáticos estadounidenses de renombre que con regularidad tienen la verdad delante, descartan su reconocimiento por ser sencillo y lo reemplazan con una fantasía saneada.

Teniendo en cuenta tales precedentes, es una pena que se conceda a los diplomáticos el beneficio de la duda cuando ostentan trayectorias que no plasman la realidad, y la realidad es demasiado sencilla para ser creída.
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