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Opinión
Etiquetas:   Religión   Cristianismo   Dios  

Falsos pastores

La prosperidad de las naciones en gran parte depende de las enseñanzas que imparten los dirigentes religiosos
Octavi Pereña
sábado, 7 de marzo de 2020, 10:28 h (CET)

Las viñetas de <b>El Roto</b> son punzantes. La que comento, en la parte alta se encuentra el triángulo con el ojo en su interior que significa la omnipresencia de Dios. En la parte interior del triángulo el siguiente texto: “En público exhiben la Biblia, pero hacía tiempo que habían sustituido el triángulo por el Pentágono”. Debajo un esbozo del edificio del Pentágono con un ojo en su interior que, a mi entender significa la omnipresencia de Estados Unidos que habiendo abandonado la Biblia pretende dominar el mundo con el poder de las armas.

<b>El Roto</b>, en otra viñeta denuncia la codicia de las religiones, concretamente la de la Iglesia católica. En el Nombre de Dios que la Biblia define: “Es amor” (1 Juan 4: 8), se han cometido y se siguen cometiendo muchos desmanes que hacen que sean infinidad de personas condenan a Dios y le culpan de las muchas fechorías que se hacen en su Nombre. En esta viñeta, de entre una espesa nube negra que creo significa la corrupción que se da en la Iglesia católica emerge una figura refulgente como el oro pulido que representa a Dios. El texto que acompaña el dibujo es muy explícito: “He oído que la Iglesia está inscribiendo todo a su nombre. ¡Incluyendo mí reino! ¡Y por aquí no paso!” <b>El Roto</b> censura con firmeza las escandalosas inmatriculaciones de bienes y propiedades a nombre de la Iglesia. Actitud que escandaliza a muchos. El comportamiento de los hombres que en el nombre de Dios que se encarna en su Hijo en la persona de Jesús, que nació en un pesebre que tuvo como colchón un puñado de paja, trastorna a muchos y lo más grave es que los indignados culpan a Dios de los desaguisados que cometen quienes tienen su Nombre a flor de labios y que en las solemnidades lo asfixian con el olor del incienso que desprenden los incensarios manipulados por las manos finas y delicadas de obispos y cardenales. Quienes perjudican a las personas con su comportamiento nada evangélico, no sé si se han fijado en estas palabras de Jesús que los censuran con dureza: “Imposible es que no vengan tropiezos, mas, ¡ay de aquel por quienes vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojara al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos” (Lucas 17: 1,2).

La Iglesia católica con la colaboración de los poderes temporales puede realizar las inmatriculaciones con total impunidad al disponer de cobertura legal. La codicia eclesiástica tienen la reprobación de Jesús: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6: 19-21).

Una advertencia muy significativa que Jesús comparte con sus oyentes cuyo eco llega hasta nuestros días: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis, ¿acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? (Mateo 7: 15, 16).

Jesús no gozaba de las simpatías de los dirigentes religiosos. Le odiaban a muerte. Esperaban la oportunidad de deshacerse de Él legalmente. La ocasión se les presentó cuando en la parodia de juicio se declaró “Hijo de Dios”, haciéndose con ello igual a Dios. Le acusaron de blasfemo y por lo tanto reo de muerte. Lluís Xirinacs, el cura que se hizo famoso durante la Transición por sus sentadas ante la puerta de la prisión Modelo de Barcelona, dijo: “Jesús fue condenado a muerte por los judíos oportunistas”. Esta afirmación solamente es verdadera en parte. El motivo principal de su muerte en manos de los judíos con la connivencia de las autoridades romanas, fue que tenían que cumplirse las Escrituras que tenía que morir en la cruz para salvación del pueblo de Dios.

No nos alejemos de los falsos pastores. El profeta Ezequiel dedica el capítulo 34 de su libro a relatar con mucha dureza los daños que los falsos pastores hacen en las ovejas del Señor. Si el lector está interesado en el tema le recomiendo que lea el texto íntegro. En él se menciona que de la descendencia del gran rey de Israel David nacerá Jesús, el Buen Pastor, que da su vida por las ovejas. David el antepasado de Jesús según la carne dice del Buen Pastor: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará. En lugares de delicados me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su Nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23: 1-4). Los falsos pastores cubiertos con pieles de oveja no pueden dañar a las ovejas del Señor porque la vara y el cayado del Buen Pastor les infunden aliento. Además, dice Jesús: “nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:28).

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