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Hace no tanto, conocer gente en internet en España implicaba entrar en sitios muy abiertos, mezclados, ruidosos. Uno publicaba algo, contestaba a varios perfiles al mismo tiempo y esperaba que, entre mucho filtro manual, apareciera alguien con quien realmente hubiera sintonía. Ese modelo se fue desgastando. No porque desapareciera la necesidad de conectar, sino porque cambió la paciencia del usuario.
El uso creciente de entornos digitales por parte de menores ha vuelto a situar en primer plano los riesgos asociados a la interacción en línea. Entre ellos, el 'grooming', una forma de manipulación con fines sexuales hacia menores a través de internet, continúa siendo una de las expresiones más complejas y silenciosas de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes.
Las estafas en internet no dejan de evolucionar, y en 2026 una de las amenazas más comunes y difíciles de detectar son las aplicaciones falsas. Estas apps suelen parecer inofensivas: juegos, utilidades, herramientas educativas o incluso supuestas soluciones de seguridad. Sin embargo, detrás de una interfaz atractiva, muchas esconden riesgos graves para la privacidad y la seguridad.
El acceso a internet está transformando el comportamiento en España en áreas como la comunicación, la formación y el entretenimiento. Las personas utilizan a diario plataformas sociales, servicios de video y juegos en línea, impulsadas por sólidas redes de fibra y servicios digitales avanzados.
La Ley de Servicios de Atención al Cliente aprobada por el Congreso de los Diputados no protege a los mayores frente a la exclusión digital, aunque supone un pequeño avance, según un análisis de la asociación EmancipaTIC. Las dificultades para realizar trámites digitales aumentan con la edad, pero son frecuentes a partir de los 50 años en ámbitos como la sanidad. Un 25,6% de los encuestados ha tenido dificultades o problemas al pedir cita médica en un centro sanitario.
Los ciberdelincuentes comienzan el 2026 con nuevas herramientas mejoradas por la inteligencia artificial, la automatización y las técnicas más sofisticadas para engañar. A medida que las personas dependen más de los servicios digitales, los dispositivos inteligentes y las comunicaciones online, las amenazas que enfrentan los usuarios a diario siguen creciendo en escala y complejidad.
El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) renueva la campaña ‘Experiencia Sénior’ (#ExperienciaSénior) con el objetivo de promover el uso seguro de Internet entre este colectivo. Esta campaña constituye un espacio dedicado a ofrecer las últimas novedades en ciberseguridad. La nueva sección web, ha sido actualizada con recursos formativos sobre cómo disfrutar de la tecnología de forma segura.
La tecnología ha transformado nuestra vida cotidiana con una rapidez que a veces resulta difícil de asimilar. En teoría, debería estar al servicio de las personas, facilitarnos la comunicación y mejorar nuestra calidad de vida. Sin embargo, demasiadas veces ocurre lo contrario, la tecnología se convierte en un espacio donde reina el abuso, la intromisión y la falta de protección.
Los españoles ocupan el décimo puesto a nivel mundial en conocimientos sobre ciberseguridad y privacidad en internet, según un estudio. Los españoles destacan en la creación de contraseñas seguras (96%) y saben qué datos compartir con sus aplicaciones a través de los permisos de las aplicaciones (90%) y cómo lidiar con servicios de streaming sospechosos (89%), pero solo el 6% de ellos puede identificar los problemas de privacidad que plantea el uso de la IA en el trabajo.
Desde hace décadas casi todo el mundo habla mal de la televisión, supongo que antes sería de la radio, pero la televisión es un instrumento, como el famoso cuchillo de Aristóteles. Al ser un instrumento, esa teoría de Aristóteles, un hierro en forma alargada, se puede hacer con él un cuchillo para comer, un cuchillo largo o espada, o un cuchillo engarzado en un palo de madera o lanza, o un cuchillo pequeño como bisturí, o un cuchillo encorvado como arado.
En los últimos años, la transformación digital ha hecho que todo usuario conectado genere datos de forma continua, ofreciendo a las marcas la oportunidad de personalizar experiencias. Pero, también aparece el reto de cómo gestionarlos con ética y transparencia.
La digitalización avanza a gran velocidad y alcanza todos los ámbitos de la vida cotidiana. Cada vez realizamos más gestiones, consultas y actividades a través de Internet, y pocos sectores o generaciones escapan a esta transformación. En este contexto, los sénior no son una excepción, ya que su presencia en el entorno digital es cada vez mayor. La mayoría consume Youtube (97%) y Facebook es su red social favorita (89%).
Imaginemos que estamos en el año 2000. El Internet de alta velocidad y los dispositivos funcionales son algo poco común. Los ordenadores no son baratos y los teléfonos móviles con Internet no son más que un sueño. En solo 5 años, el panorama cambia. Los dispositivos conectados se vuelven más accesibles. Conectarse a Internet no es difícil. Ahora los usuarios empiezan a interesarse por las nuevas posibilidades que ofrece la red. Incluyendo las citas en Internet.
La distinción entre la vida pública y privada se vuelve cada vez más difusa. Es mucho lo que está en juego para los usuarios de Internet. Dependen de ella para el activismo político, la libertad periodística y la disidencia digital. Sin acceso, no pueden comunicarse, investigar ni comprometerse con la actualidad. El auge de las herramientas digitales aumenta la necesidad de más autonomía y privacidad.
En un momento en el que estamos cada vez más inmersos en territorios de dominación, empedrados por el imperio de la frialdad de las autopistas tecnológicas, nos conviene despertar, porque cuando las personas no se tratan entre sí como seres con corazón, sino como meras expresiones interesadas, en lugar de propiciar el encuentro, para que se promueva el hermanamiento y la paz entre pulsos distintos, lo que suele activarse es la polarización y el extremismo.
El 95% de los internautas entre 16 y 75 años —lo que equivale a casi 34 millones de personas— utiliza servicios de contenido audiovisual a través de internet para TV. Así se desprende del Estudio de Televisión Conectada 2025, que ha presentado hoy IAB Spain, la asociación de publicidad, marketing y comunicación digital en España.
Una encuesta revela que hasta el 80% de los españoles utiliza su móvil mientras va a la oficina, y dos tercios (66%) está conectada a internet. Aunque 6 de cada 10 españoles llaman o envían mensajes, el 53% escucha música o un pódcast y el 49% consulta las redes sociales para aprovechar el tiempo. Casi nadie piensa en el aumento de las amenazas online y en los ataques de "shoulder surfing".
La televisión conectada (Connected TV, CTV) ha consolidado su posición como uno de los canales más eficaces dentro del ecosistema publicitario digital. Según un estudio, el 95% de la población española entre 16 y 75 años consume contenidos en CTV, lo que supone 32,7 millones de usuarios activos. Además, el tiempo medio diario dedicado ha aumentado a 156 minutos, consolidando su relevancia como medio de entretenimiento y, por tanto, como soporte publicitario.
Resulta común oír que comprender la realidad es un esfuerzo inútil: la existencia, pese a los avances de la ciencia y de la tecnología, continúa siendo un misterio. Razón no le falta (al poeta y al artista pues subliman). Sin embargo, en la vida cotidiana entender razones y descentralizar discursos, incluyo los de los políticos, no vendría mal a nadie.
La forma en la que navegamos y extraemos información de internet está experimentando un cambio significativo que están liderando las generaciones más jóvenes. Tradicionalmente dominado por Google, el panorama de las búsquedas en línea está siendo redefinido por los miembros de la Generación Z y los Millennials, quienes están optando por buscar respuestas en plataformas de RRSS e inteligencia artificial para satisfacer sus necesidades de información.
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