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Mario López
Opiniones de un paisano
Mario López
En la guerra de las oligarquías el pueblo es la ovejita lucera que cascabelea en las urnas
Pues estudiando la historia de los Estados Unidos, como el que juega a la rayuela (y que me perdone Julio Cortázar), he hallado la explicación al éxito de Donald Trump. Lo que está ocurriendo hoy en día en ese país es lo que le ha venido ocurriendo desde que alguien decidió arrojar las latas de té a las aguas del puerto de Boston con la sana intención de tocarle los cojones al imperio británico. Al igual que lo que se ha dado en llamar la guerra civil de la Unión contra la Confederación, que en realidad fue la guerra del algodón entre los industriales del norte y los agricultores del sur, la crisis de la que se habla actualmente no es otra cosa que la guerra entre la oligarquía financiera y la oligarquía industrial, la economía especulativa contra la economía productiva.

Y en esta última batalla electoral ganó la oligarquía industrial, Donald Trump el constructor. El pueblo es, hoy igual que ayer, la ovejita lucera que cascabelea en las urnas y, todo lo más, parte de la provisión de los ejércitos oligárquicos: mano de obra, carne de cañón y capital subyacente.

La oligarquía financiera es un grupo de familias que juegan al Casino con el dinero de los que aún trabajan, enriqueciéndose a manos llenas con un dinero que se ha dado en llamar fiduciario, es decir, anotaciones contables o deuda. Su sumo pontífice es Wall Street, no crea ningún tipo de bien de consumo, no revierte ningún rédito a la economía productiva y es un monstruo devorador de puestos de trabajo; su líder político en las últimas elecciones presidenciales se llamaba Hillary Clinton.

La oligarquía industrial es un grupo de familias que practican el capitalismo industrial de toda la vida (desde la creación de los telares en Massachusetts). Invierten sus dineros en obra civil, edificación... y crean puestos de trabajo. Consiguen amasar grandes fortunas a costa del trabajo de sus asalariados. Su candidato en las últimas elecciones presidenciales es Donald Trump. Y ganó, ganó porque los norteamericanos prefieren que les gobierne alguien que les suba a un andamio a otro que les sumerja en el abismo de la inexistencia, de la exclusión social.

Artículos del autor

Un mal día te levantaste con los oídos taponados. Desde hacía tiempo se fue acumulando el cerumen en tus pabellones auditivos sin que tú le prestaras la menor atención e, inexorablemente, aquella execración (alentada por tu propia indiferencia) acabó dejándote medio sordo.
La zapatiesta del PSOE, que amenaza cronificarse, tiene en Zapatero a un buen aliado.
La sofística empezó bien, pero acabo mal; como casi todo lo bueno que se pone en manos del común. Eurípides habla de “la sabiduría práctica del buen gobierno”.
Me pregunto por qué la muerte de Rita Barberá ha tenido un impacto tan formidable en los medios.
Desde un principio supimos que nos la habían colado de rigodón, pero no sabíamos cómo. Han tenido que pasar veintiún años para que la televisión pública “descalificara” el documento gráfico que nos lo aclarara.
Así que todo es una farsa. Le llamaban antisistema, populista, fascista bolivariano, el podemita americano, pero era y es multimillonario.
He perdido toda mi fe en el sistema democrático. Me acabo de enterar de que hay diputados del PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos que se pajearon en los urinarios del colegio.
Clamé al cielo, y no me oyó. Más, si sus puertas me cierra, de mis pasos en la Tierra, responda el cielo, no yo. Esto puede llegar a pensar el soberano pueblo de perseverar en su actitud sorda los dirigentes del PP y PSOE.
 
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