| Críticas de cine |
| Por Gonzalo García Velasco |
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| | | "Avatar": Égloga new-age | | | Gonzalo G. Velasco | | “A veces todo tiene que cambiar para que todo siga igual”. Esta sobadísima frase es la que mejor describe el espíritu de Avatar, la última entrega del catálogo de delirios megalómanos y despiporrantes que, desde siempre, ha sido la filmografía de James Cameron. Y lo describe mejor que cualquier otra porque, en efecto, Avatar supone una evolución tecnológica notoria (que no revolución), pero no por ello sus colorinches, sus imágenes en tres dimensiones, y sus efectos especiales cuentan nada nuevo. Más bien al contrario. Todo lo que Avatar puede llegar a deslumbrar en una sala de cine a quienes sean fácilmente sugestionables por sonidos e imágenes tridimensionales en movimiento, resulta inversamente proporcional a la capacidad de sorpresa de la película en lo que a narrativa se refiere. Y por desgracia para el público, es justo el ámbito narrativo el que en estos momentos se encuentra necesitado de mayor audacia, sustancia, riesgo e imaginación. | | |
| | Avatar: progresismo retrógrado | | | Isaac Bigio | | Esta película, la más cara de todos los tiempos, acaba de ganar el Globo de oro al mejor drama y al mejor director. Avatar tiene un alto contenido político y científico. Su director, James Cameron, vuelve a presentar la visión ‘progresista’ del establishment norteamericano, la misma que se caracteriza por su feminismo y por darles mucho peso a las heroínas y en que cuestiona a las corporaciones y a los militaristas. Además, muestra por primera vez lo que podría ser la flora y la fauna del sistema solar más próximo al nuestro. Todo esto último con una gran imaginación y basada en ciertas probabilidades reales. | | |
| | UP: Riesgo y gloria | | | Gonzalo G. Velasco | | En estos tiempos que corren donde todo son remakes de películas muy recientes o, incluso peor, films de nuevo cuño que van de originales cuando en realidad no son más que collages inconfesos de otras tantas películas, da gusto encontrarse, justo cuando las teorías de Marx parecen vivir su segunda juventud, con una maravilla animada como Up, que demuestra que el artero sistema de producción capitalista puede, si se lo propone, no sólo crear auténticas obras de arte dentro del mercado de consumo de masas, sino también empaparlas de una humanidad y un contenido que para si quisieran el resto de los sistemas supuestamente más humanos y profundos. | | |
| | Joy Division, el documental | | | Gabriel Ruiz-Ortega | | Joy Division, la legendaria banda inglesa de Manchester, se ha visto favorecida en el imaginario de las nuevas generaciones gracias a las muy buenas películas que esta indirectamente ha inspirado, como 24 HOUR PARTY PEOPLE, de Michael Winterbottom, y CONTROL, de Anton Corbijn. Fácil estas dos podrían entre las mejores treinta películas de la década. En lo personal, me inclino por la primera, por sus insuperables cimas de recursos narrativos que intercalan la ficción con el documental. | | |
| | “La vida interior de Martin Frost”, de Paul Auster | | | Gabriel Ruiz-Ortega | | Paul Auster, el más europeo de los narradores norteamericanos contemporáneos, no necesita de más presentación. Este columnista ha leído todos sus libros, siendo su preferido EL PALACIO DE LA LUNA, novela que no duda recomendar con entusiasmo, ubicada, sin exageración alguna, en el rubro de aquellos escritos con el poder de cambiar determinadas vidas. | | |
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