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La indigestión de vips nos produce hartazgo

“La vida es un largo proceso de cansancio cada vez mayor.” Samuel Butler II
Miguel Massanet
lunes, 21 de noviembre de 2016, 00:00 h (CET)
Es evidente que existe un público fiel, interesado, morboso y, evidentemente numeroso, dispuesto a soportar el intenso y repetitivo bombardeo de determinadas informaciones de los medios de comunicación, sobre temas que parecen resistirse a perder actualidad, posiblemente porque aquellos que están interesados en mantenerlos vivos no tengan otros mejores con los que seguir manteniendo el interés de la audiencia, que es la que los mantiene en su puesto de trabajo. Debo confesar la admiración que siento ante todos estos periodistas que, micrófono en ristre y con un fotógrafo a sus espaldas, se esfuerzan con una tenacidad digna del mayor elogio, en obtener declaraciones de famosos, no tan famosos o estos personajes que, sin serlo, consiguen en ocasiones su minuto de gloria por haber estado en el lugar adecuado, en el momento preciso en el que se ha producido un evento noticiable.

Y es que, el sujeto en cuestión, tiene el encargo de conseguir, sea como sea, una información que más tarde será publicada por la TV, la radio o la prensa, si es posible, bajó el título de: exclusiva. Una pregunta, sin respuesta del interlocutor; la segunda que sigue la misma suerte y la tercera y la cuarta y así hasta diez o doce. Finalmente, ante el recalcitrante silencio del presunto interrogado, el esforzado reportero, sin perder la buena educación, le da las gracias al mudo y se retira más o menos mosqueado, por el foro. Lo curioso es que cuando, en la emisora o cadena de TV se da la noticia, siempre se habla de las declaraciones “conseguidas” en las que, el personaje en cuestión, ha dicho, ha negado o ha confirmado algo, seguramente por telepatía, ya que el individuo no ha dicho ni “mu”, como si el reportero no fuera más que un moscón al que se debe espantar de un manotazo.

Pero, de lo que queremos hablar, es de estos programas que, gracias a que, a algún espabilado productor, con buenas relaciones con las cadenas televisivas, se da de bruces con un tema que consigue el beneplácito del “respetable” y, como se dice ahora, se convierte de la noche a la mañana en “viral”, algo que viene a querer decir que se trata de algo que triunfa y es capaz de arrastrar a las masas y a enriquecer, en muy poco tiempo, a quienes han tenido la suerte de tropezarse con él. Por ejemplo, llevamos meses ¡qué digo!, años, teniendo que soportar, día sí y otro también, en las TV y los programas de prensa rosa, lo que le está sucediendo al torero Ortega Cano, su peripecia carcelaria, lo que piensa, lo que hace, y las estupideces que dice su hija, la impresentable niña pija, sus novios y sus devaneos propios de niña malcriada, así como las peripecias con las drogas de su hijo, una información que constituye un filón inagotable para los periodistas, que no paran de tener noticias de él ya que, tan pronto cae en el consumo masivo de droga como dice que se ha curado y, eso, una y otra vez, hasta convertirse en un tema cansino y aburrido.

¿Qué decir del folletón de la cupletista de moda, su familia y sus trapicheos, sus devaneos sentimentales, su laberinto de juicios y acusaciones que la llevan, junto a su amante, a cumplir condena en una cárcel por un período de dos años? Resulta desmoralizante y, por supuesto demostrativo de lo que, en este país se respetan las leyes, el hecho que debiera de ser considerado insólito de que, una señora que ha delinquido, que ha defraudado al fisco y que se ha aprovechado del dinero público como consecuencia de las estafas cometidas por su pareja, resulte que, a la vista de muchas personas a las que no sé cómo calificar, ha sido “víctima” de la sociedad, “injustamente” encarcelada y jaleada cada vez que ha gozado de un permiso carcelaria; lo mismo que, si en lugar de ser una delincuente que paga su deuda con la justicia, se tratara de una princesa de cuento, mantenida encerrada en la torre del castillo por el ogro que la raptó.

Sí señores, así somos y, mucho me temo, que esto nos puede llevar a entender el comportamiento de la ciudadanía española, cuando acude a las urnas a votar. Aquí, a diferencia de países como Alemania o Francia, no se vota valorando las opciones y los pros y contras de cada una de ellas; no señores, aquí el que vota o, al menos una parte importante de los votantes, lo hacen por simpatía, antipatía, odio, rencor o manía contra los que encabezan el resto de las candidaturas de los competidores. Tanto da si, el anterior gobierno, lo hizo bien o mal, si la situación del país es mejor que la que dejó el anterior partido gobernante o si, el votar por unos u otros puede traernos problemas con las naciones de nuestro entorno ¡Yo voto a quien quiero y que se chinchen aquellos a quienes pueda perjudicar! Incluso, si el perjudicado resulta ser él mismo porque, para él, vale la pena perder posición y dinero si, con ello, se consigue arruinar a ¡aquel asqueroso capitalista! Así somos y, mucho nos tememos que, así seguiremos siendo.

Volviendo al meollo de la cuestión. De un tiempo a esta parte existe una verdadera intoxicación de programas dedicados a la cocina. No se trata, simplemente, de que un cocinero enseñe recetas para las amas/os de casa, lo que se podría considerar como normal; no, la realidad es que, las cadenas televisivas españolas, han encontrado la gallina de los huevos de oro con estos programas, rápidamente absorbidos por los más conocidos productores, en los que presenta a una serie de concursantes, mayores, niños, vip, etc. que bajo el denominador común de Chef, Master chef etc. han conseguido la máxima popularidad, a pesar de que, algunos de los más famosos de estos concursos, más parecen estar dirigidos por el inquisidor Torquemada que por simples cocineros expertos en la materia.

En el caso de la TV1, el programa que dirigen, a la par, dos Chef y una señora que supongo que será una Chef, se puede decir que los concursantes, no sólo deben procurar hacerlo lo mejor posible, competir con el resto y luchar contra el tiempo, sino que, por añadidura, deben soportar al tratamiento brutal, desconsiderado, de mala educación y, evidentemente, inapropiado en un espectáculo público que se supone que puede ser presenciado por personas mayores y niños, que pudieran considerar como algo impropio el que, unos jueces, en lugar de juzgar con ecuanimidad la calidad de los trabajos de los concursantes, se dediquen a destrozarlos con un martillo y un cincel o a proferir calificaciones ofensivas, merecedoras de una respuesta más contundente por parte de los sufridos concursantes. Se ha denunciado esta circunstancia sin que, por parte de los responsables del programa, se haya tomado medida alguna para impedir que, los tres energúmenos que actúan de jurado, sigan en su labor de verdugos en lugar de actuar con educación, algo que parece que todavía, con todos sus conocimientos culinarios, no han sido capaces de aprender.

Lo mismo que hemos denunciado, con anterioridad, la falta de iniciativa o de vis creativa de los encargados de los programas de entretenimiento en las distintas TV, que ha hecho que les haya sido más práctico imitarse los unos a los otros, como en su tiempo sucedió con la Operación Triunfo y ahora con los programas culinarios y relacionados con ellos, que ha proliferado más que setas en las horas de mayor audiencia de las cadenas televisivas. Lo cierto es que, aunque el número de cadenas de TV ha aumentado, de modo que hay muchas posibilidades de escoger, si vas a mirarlo bien, las materias que se suelen tratar en cada una de ellas, se pueden circunscribir a unas pocas como podrían ser: temas de política; concursos; películas o series, generalmente de temas repetitivos como policiacas, series infumables de niñatos y jovencitas insoportables, viejas series seguramente alquiladas a precio de saldo y las mentadas producciones de concursos: de canto, de cocina, o de tipo preguntas y respuestas. De todo este fangal se salva la serie americana Big Bang, una serie de una indudable calidad y perfectamente interpretada por un elenco de buenos actores que se lucen en cada episodio.

Para aquellos que buscamos algo más en el medio televisivo, existen pequeños oasis de cultura, documentales que nos ayudan a pasar unas horas de entretenimiento, que consiguen que no evadamos, durante algún tiempo, del agobio de la política o de todos estos concursos que acaban, por repetitivos e inacabables, en convertirse en algo aburrido y pesado. Ya no hablo de los programas basuras de la 5ª o la 4ª, sobre los cuales es mejor no opinar, porque no se merecen que, una persona normal, pierda el tiempo en querer calificar a la serie de personajes, todos ellos impresentables, amorales, rastreros e indignos de ocupar un espacio dentro de las televisiones nacionales.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, queremos denunciar esta basura que emiten las televisiones nacionales, especialmente en el caso de la TV1, debido a que, si en el resto de TV, por ser privadas, si sus directivos quieren darles un determinado enfoque más vulgar, grosero o de carácter más libre, en definitiva, se están jugando sus propios dineros y los de los que los patrocinan; algo que no es el caso de la cadena pública, que viene arrastrando desde hace años pérdidas importantes y que, al parecer, mantiene especiales relaciones con determinadas productoras, que parece que se aprovechan de ello para conseguir productivos contratos, en ocasiones, no compensados por la calidad del material recibido. Somos todos los españoles los que contribuimos con nuestros impuestos al sostenimiento del ente público para que el nepotismo, el clientelismo o determinadas tendencias políticas que mandan en la cadena, sean quienes dirijan el destino de la cadena estatal. O así opinamos nosotros.
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