Problemillas en nuestra sociedad no faltan y la falta de entendimiento sobre lo que es el matrimonio lleva a muchas parejas a situaciones penosas con cierta frecuencia. El ambiente social, la escasa moralidad, el egoísmo frecuente llevan a muchas situaciones límite. Porque si hay algo triste es que el matrimonio se convierta en cosa de dos, pero distantes.
Parece elemental, pero el hecho de que en muchas mentalidades no quepa la idea de “toda una vida”, lleva a que el matrimonio no exista; no es lo que la Iglesia nos enseña, lo que la naturaleza misma del hombre y la mujer enseñan. El ambiente materialista en que estamos instalados olvida el espíritu y lleva al yo, al egoísmo. Me caso porque necesito una compañía, que me comprendan, por tener placeres…
Por eso nos advierten de que “Si en vez de amor hay solo compañerismo, aprecio, intereses mutuos, todo esfuerzo se nos hace costoso. El matrimonio se convierte en una cuesta muy empinada. Todo se ve con ojos demasiado ‘objetivos’ y se vive, en vez de una historia de amor, una simple relación entre dos personas”. Si lo pensamos un poco esto ocurre con demasiada frecuencia, y termina en divisiones penosas, en rupturas por cualquier desavenencia.
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