Estamos esperando el nacimiento del Mesías, del Salvador, el que tenía que venir al mundo para librar al hombre de su pecado. Con este Mesías cambió radicalmente la existencia humana, el hombre experimentó su liberación y el mundo se hizo más humano, más fraterno. Llevamos más de dos mil años en los cuales millones y millones de personas, ricos y pobres, ignorantes y sabios, reyes o plebeyos, han considerado a este Mesías, Cristo Jesús, como a su Dios y Salvador y muchos han dado su vida y han sido mártires por mantener esa fe. No esperemos que los políticos mejoren el mundo a no ser que crean en la Divinidad de Cristo Jesús y vivan de acuerdo con sus valores, que no son solo para este mundo, "MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO". Y este DIOS no es un Dios lejano, está vivo y presente en la DIVINA EUCARISTÍA y sigue esperando paciente que acudamos a él para darnos su paz y transformar nuestra vida. No podemos alterar esta situación: PRIMERO ES DIOS Y LUEGO EL HOMBRE. No es una fábula, soy un anciano de 89 años, y esa fe cambió radicalmente mi vida, pero insisto, si no ponemos a Dios en primer lugar, todo lo demás es vano e inútil.
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