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Universitarios a la sopa boba

Venancio Rodríguez Sanz, Zaragoza
Lectores
miércoles, 11 de septiembre de 2024, 11:53 h (CET)

Tenía un cliente que mientras se sacaba la carrera de económicas, para ganarse unas pelas para pagarse los estudios y sus gastos, organizaba viajes en bus a una discoteca de Fraga. Seguro que en más de una ocasión has oído la expresión «Carpe Diem». Se trata de una frase que el poeta latino Horacio reflejó en el primer libro de las Odas: «Carpe diem, quam minimim credula postero», que se traduce como: «Aprovecha el día de hoy; confía lo menos posible en el mañana». Por lo tanto, es una invitación a vivir el presente y disfrutar el momento ya que el futuro es incierto y nadie sabe lo que le va a deparar. Ahorrar no sirve de nada, al menos que quieras sentarte a ver como tus ahorros se los lleva la inflación en el mejor de los casos. Las frases, refranes y proverbios no funcionan en todos los contextos. Siempre puedes encontrar otro que lo contradice. Por ejemplo: “Hay que mirar al cielo, pero con los pies en la tierra. El carpe Diem está haciendo estragos entre la juventud porque, dinero que pillan, dinero que funden. A no ser que quieras que la mamá te lave los calzoncillos toda la vida, tendrás que ir pensando en ahorrar. Bien es verdad que la inflación podría acabar con tus expectativas. Para evitar esto podrías invertir o emprender un negocio, por modesto que sea. Ya sabemos que ello conlleva un riesgo, pero el contacto con el mundo laboral es la forma más rápida de hacerte un hombre. En EE.UU y Alemania, mientras acaban la carrera, la gente se busca la vida como lo hizo mi cliente.

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Hoy, en Cantabria, hay convocada una huelga en la educación pública. La secundaré por principios, porque la reivindicación es justa –hace 17 años que nuestros sueldos no se actualizan con el IPC, las ratios siguen siendo elevadas, se prioriza la inversión en la enseñanza concertada frente a la pública…– y porque, a pesar de que no soy muy optimista, necesito convencerme de que las cosas pueden mejorar.

El objeto de esta columna es expresar una reflexión sobre la Iglesia católica, ya que a menudo es actualidad y motivo de fuerte polémica. Mucho de lo que leo sobre la Iglesia católica podríamos afirmar, a mí modo de ver y desde siempre, que es «signo de contradicción».

Nos hemos globalizado y, eso, está muy bien; ahora nos falta sustentarnos en el verdadero amor, conocedores de que el espíritu fraterno, es lo que nos obliga a desvivirnos por vivir la acción colectiva, como fuerza orientadora para lograr la concordia, desde el abecedario del respeto mutuo y el lenguaje de la tolerancia.

 
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