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El cerdo que habla

José Medina, Córdoba
Lectores
viernes, 2 de agosto de 2024, 08:45 h (CET)

Sin ir más lejos, anoche tuve un sueño. Se había metido en mi casa un cochino vulgar. Es decir, no era de pata negra. Ni tan siquiera de recebo, el olor que echaba era nauseabundo, asqueroso y muy sucio. No comprendo como en los sueños se puede oler. Era la primera vez que olía en mis sueños. También era la primera vez que un cerdo me hablaba. Me quedé boquiabierto, espantado de ver que, entre el hozar y hociqueo me decía palabras inequívocas, discontinuas. A pesar de esta contrariedad, pude entrever algunas palabras de este guarro.


No comprendo cómo esta noche, me decía el marrano: “Te acostaste con el entrecejo fruncido, no te creas nada de lo que dicen los periódicos y la tele, no te creas nada, son mala gente, de personas mediocres que solamente saben difamar y enmarañarnos la vida”. Proseguía: “Mira, es mentira todo cuanto dicen y pregonan, es mentira que mis socios -los de la ETA, los sediciosos y sublevados catalanes y los comunistas de Podemos y de Sumar- me están regalando sus votos para darles lo que me solicitan y piden, mentira cochina”. Mira por donde salió, la palabra cochina dicha por un cochino. Todo es mentira. Me seguía diciendo aquél hediondo animal de cuatro patas y hocico morrocotudo: “P*** invención de algunas televisiones y de algunos tertulianos que solamente saben entorpecer y enredar la vida cotidiana de mis compatriotas, los españoles”.


El cerdo, erre que erre. “Todo cuanto dicen de Sánchez que es: un cateto, plagiador, embustero, felón, traidor, engañabobos, perjuro y algunos calificativos más, son falsos, es mentira”. Aquél marrano, hablaba por los codos. Es un decir, puesto que los cerdos no tienen codos. Este seguía con su hozar y su confundible ¡oink, ¡oink! por el dormitorio.


“También dicen que el gobierno todo cuanto legisla y decreta son milongas y prevaricaciones vulnerando las leyes, todo esto son cantos de sirenas. Yo te digo que, el tal Sánchez es un señor de los pies a la cabeza”. Miré al cerdo con mi ceño fruncido quedando helado de los que estaba viendo. Como si fuese un Dorian Gray, le iba cambiando la cara, a aquel cerdo, su cuerpo seguía siendo de cochino. Antes de despertar, se despidió diciendo “Y no olvides a Maduro, al tío que ha ganado las elecciones de Venezuela”.


Hay que ver como son los sueños.

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