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No canséis contando vuestra historia, pero nunca olvidar la que vivisteis

Construyamos un futuro personal y social con las tres bases que no debemos olvidar: libertad, igualdad y fraternidad...
Ángel Alonso Pachón
jueves, 25 de julio de 2024, 11:32 h (CET)

Caminando envuelto de “historia” llegué hasta aquellos años 70 del siglo pasado. Las nubes lloraban imágenes ya casi olvidadas, pero, sin comprender el cómo, vi miles de manos levantadas, gritando al unísono ¡Franco... Franco!; me refugié a la sombra del “árbol del amor” o “árbol de Judas”, una multitud silenciosa pasó delante de mí, muchos lloraban, otros caminaban con la cabeza inclinada, pero la mayoría caminaban mirando lo que dejaban y buscando el listín de contactos.


Todos estos últimos no volverían hablar del pasado por parecerles, ya, irreal y además muerto... pero, según caminaban iban recordando todo un pasado mezcla de vida, de ilusiones enfrentadas y de zancadillas politiqueras... “nunca olvidaré toda mi historia, la vivida y la plasmada en realidades porque, si lo olvidare, alguien me prometió perder la vista y no ver nunca ya la VERDAD del día a día.., hasta el nacimiento de Egipto con un Moisés rompiendo las Tablas y los hombres llorando lágrimas de arenas sin semillas de esperanzador futuro...“.


Anochecía cuando apareció una imagen que siendo real acabaría rompiéndose en pedazos, mientras, sin saber por qué, me levanté y volví a pasar la imagen, era “mi historia”, yo era uno de los que iba rompiéndola en pedazos, yo... yo...


Creí en Franco, “dios dador de pan, casitas, trabajo... y poca libertad”; Creí en aquellos uniformes “obedientes” de ese “dios” que les aseguraba el futuro; Creí en unos dioses de negro, sencillos, demasiado obedientes, lanzaderas sin fuerza porque no respiraban por sí mismos sino por lo que el “superior imponía”; Creí en aquellos que llevaban traje y corbata, en los lo que me adulaban porque les quitaba obligaciones, al cuidar de sus hijos en colegios de ricos.


Según caminaba seguí recorriendo mi historia de ilusiones “agradecidas”, ciegas de las realidades que envolvían las rutinas que me daban formación, seguridad, tranquilidad y poco a poco orgullo.

¡Joder con el árbol del amor!, había roto mi interior, había abierto mis pulmones, me enseñó a respirar despacio y a ¡gritar... gritar...! sin que nadie me obligase a callar.


Era verdad. Ahora, maduro, juro no ser cansino contando mis historietas pasadas y juro, sobre todo, NO OLVIDAR la película que el “árbol del amor” había pasado tranquilamente por delante de mí “indiferente cansancio”.


Construimos años y años de una vida que no respiraba serenamente... construimos pueblos vacíos de pasado con promesas de progreso... construimos iglesias y seminarios convertidos en lugares de nuevos curas y religiosos y de una especial mayoría de chavales formados, pero con ilusiones rotas, muy rotas... la culpa ¿de quién?... preguntemos al último seguidor de Moisés por qué crearon becerros, viviendo, como vivían, aparentemente seguros y con su DIOS cercano...


Busquemos nuestro “árbol del amor”... reposemos nuestra espalda sobre su tronco... cerremos nuestros ojos y, SIN OLVIDAR, construyamos un FUTURO PERSONAL y SOCIAL con las tres bases de la historia que no debemos olvidar: LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD...


DIOS estará rodeando nuestro árbol, no irá de negro, pero te dejará hablar, llorar, pensar, soñar, crecer y maldecir...... ¡TENED FE!

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