En política el modo de actuar, especialmente por Sánchez en Cataluña, más cercano a una subasta al mejor postor que a un proceso orientado a servir a los ciudadanos, no solo enfanga la vida política, sino que alimenta la desconfianza y el hastío. Lo que suceda en el Parlamento catalán no es un asunto interno, pero de ahí a condicionar toda la política española va un trecho difícil de recorrer. La estabilidad del Gobierno no puede depender de los voraces intereses del independentismo porque eso solo perjudica al conjunto de los españoles
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