Leo en un libro de gran interés: “La mayor perfección del ser humano debemos encontrarla no en los aspectos que lo asemejan al universo y demás cosas creadas, sino en aquellos que más lo acercan al creador. Estos aspectos sin duda se hallan en el alma, hasta el punto de que muchos autores, entre ellos san Agustín y santo Tomás de Aquino, han afirmado que lo que más propiamente está hecho a imagen de Dios es el alma, no el cuerpo. Por eso, el ser humano debe aprender a actuar y a situar su propio yo en el alma, y desde ahí iluminar y operar en las dimensiones inferiores”.
El hombre es ante todo un ser llamado a la vida eterna, a la felicidad eterna con Dios, es lo que debe buscar a lo largo de su vida. Para eso estamos aquí, en nuestro paso por la tierra. ¿Hay que cuidar el cuerpo? Sí, claro. Pero lo primero es lo primero.
“El alma humana es personal, es decir, espiritual, individual, libre y relacional, llamada a unirse amorosamente con Dios. Y esa unión, como la propia alma, es expansiva, dinámica y libre, se va desplegando poco a poco. Por eso, como explicó Santa Teresa (…) el alma tiene muchas moradas. Cada una de ellas constituye un peldaño en nuestro encuentro con Dios, hasta, en la tradición cristiana, poder llegar a decir con San Pablo: ‘ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí’".
Lo que realmente importa en nuestra vida es ir subiendo esos peldaños.
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