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Sobre la franqueza expresiva

Decir sin decir, entender sin entender; no presagia encuentros saludables
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 14 de octubre de 2022, 09:53 h (CET)

Razón tenía Samuel Beckett en aquellos escritos sobre el decir; enredaba a propósito las palabras, querer decir una cosa, no saber qué decir, tampoco acertar en cómo decirlo, decir por decir o desdeñar al fin el sentido de las palabras. Parece un reflejo de las maneras comunicativas empleadas hoy en día, los dichos generan una enrevesada madeja de expresiones. Suponen todo un reto para quienes intenten asimilar sus contenidos. Quizá podamos pensar en una potente BURBUJA expresiva en plena ebullición. Su potencia pone de relieve la rotunda dificultad para ubicarnos si tratamos de entender algo. Es un interrogante indicativo de la situación actual, con la consiguiente tensión derivada de los malentendidos.


En este hervidero de pronunciamientos cuesta el logro de un engarce comprensible entre los diferentes sectores de la sociedad. Si hablamos del conocimiento, los asentamientos desaparecen. Si nos referimos a los métodos empleados, se confunden los matices importantes. No digamos si tratamos de enhebrar los hilos fundamentales de una convivencia aceptable. El proyecto personal se difumina por los variados entresijos inevitables. Esto sí se puede decir, partimos de una situación basal de DISGREGACIÓN informativa. Puede considerarse como buena por su pluralismo, pero dificulta el posicionamiento de los ciudadanos; expuestos además a las manipulaciones de quienes ostentan cotas de poder.


Con su gracejo decía Chesterton, llegará el día que será necesario desenvainar una espada para afirmar que el pasto es verde. Las tendencias se configuran en torno a presiones increíbles sin que predomine el menor razonamiento. El monto dinerario, el número de concurrentes, los sistemas de gestión, se lanzan a impulsar criterios únicos de carácter indiscutible a base de suplantar la desinformación general de los ciudadanos. Son un visos de TOTALITARISMO bien relevantes en las sociedades actuales. Se proclaman talantes democráticos siempre que los demás acaten aquellos criterios únicos establecidos; véanse actitudes ante las encuestas italianas o ante las diferentes decisiones autonómicas.


En cuanto a los hechos pergeñados a través de estas burbujas efervescentes, también la diversidad es la regla. Disponemos de ejemplos de talantes controvertidos, desde los previsibles a los insospechados. Aunque siguiendo la lógica coherente con los ambientes disgregados, abundan las demostraciones prácticas de comportamientos ABUSIVOS de unos grupos sobre los desprevenidos. Siendo un hecho antiguo, en este sentido, los fenomenales adelantos de la modernidad tienden a aumentar sus desvaríos. La confusión de los decires viene a indicar algo más significativo, la indecisión de los pensamientos; al final se muestran poco dispuestos para la búsqueda de una armonía gratificante.


Si no prestamos la suficiente atención se acrecienta la carencia de puentes para estabilizar la gran variedad de tensiones implícitas en las mismas características de la persona. Son muchos los factores actuantes en la personalidad de un individuo. Desde los biológicos a los emocionales, con el sujeto aislado o a través de sus múltiples relaciones. Algunos experimentos neurológicos tienden a la negación del propio yo como ente separado. Pese a todo hemos de tomar una decisión, dedicarnos a cuidar los posibles enlaces con las tendencias internas en primer lugar, para buscar las mejores conexiones con el entorno; o por el contrario, poner el empeño en DESHILACHAR del todo los posibles entendimientos.


La situación es compleja para todos en cualquiera de los momentos de su vida. De hecho, las dificultades para definirse uno mismo son enormes. En cuanto polarizamos la respuesta a una sola cualidad (Creencia, profesión, familia, país, cuerpo o mentalidad), quedamos retratados incluso ante el espejo particular como falsificadores de la realidad. No es suficiente con el decir entusiasta enfocado a un determinado sentido, la identidad es POLIÉDRICA, sus numerosas caras están siempre en activo aunque nos empeñemos en silenciarlas. Es frecuente la extensión del engaño hasta confundirse uno de sus propias cualidades. Resulta una tarea difícil esa de conocer con precisión el propio perfil identificador.


Tras lo comentado en los párrafos anteriores se acrecientan las dudas sobre los intercambios comunicativos. Florece la emisión de ciertos pronunciamientos sin prestar una atención adecuada a los posibles fundamentos subyacentes. Si añadimos algunas de las intenciones manipuladoras comentadas aún nos quedamos cortos; no hay límite conocido para este tipo de actuaciones. Nos movemos en territorios inestables, para situarnos en esos apoyos soñados, apenas contamos con FIGURACIONES de dudosa consistencia. Estamos abocados al recurso de una imaginación creativa para establecer determinados andamios desde los cuales podamos construir unas relaciones humanas medianamente útiles.


La imprecisión nos aborda por dentro y por fuera en un alarde definitorio por excelencia del mundo circundante, y aunque pueda sorprender en las primeras impresiones, también de los adentros tan complicados con los cuales hemos de funcionar a todas horas. Por eso es prácticamente imposible la rotundidad en nuestras afirmaciones, nunca se agotan los factores influyentes. Somos portadores de la notable VULNERABILIDAD a la hora de concretar las posiciones. Como consecuencia, los numerosos intentos por parte de ciertos individuos de mostrarse seguros en sus decisiones, los convierte en sospechosos. La inseguridad radical pasa a ser el indispensable punto de partida.


El diálogo se presenta como camino fundamental para el establecimiento de las conexiones pertinentes, con la franqueza como estandarte para la confrontación de las percepciones diferentes en busca de la armonía vitalizadora. Uno de los tropiezos habituales en estas andanzas surge de las lealtades falseadas, basadas en la renuncia de las propias sensaciones. No sirven los disimulos demagógicos basados en abusos y renuncias. La verdadera lealtad es la del DISENTIMIENTO, basado en la sinceridad de sus expresiones; es la única forma de transformar las diferencias en aportaciones comunitarias significativas. Su rareza en los ámbitos actuales no disminuye un ápice la enjundia de su aportación a la sociedad.


Al final, no es tan complicado eso del decir adecuado en su doble sentido. El propio sujeto ha de estar dispuesto al ejercicio de sus ATRIBUTOS credenciales. Quedan fuera de lugar las abdicaciones injustificadas e irreflexivas. No es suficiente el ser pasivo poseedor de esas cualidades, su disposición a ponerlas en acción es imprescindible en cuanto a elemento indispensable de la sociedad.


En la otra vertiente, la tan manida sociedad engloba gran cantidad de pronunciamientos erróneos. Suele orientarse a los decires con intenciones dominadoras, que resultan intempestivas y peligrosas. No quedará otro remedio, seguiremos con el SUEÑO liberador de una comunidad no sólo receptiva, sino estimuladora de las actitudes participativas, sean mayoritarias o minoritarias.

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