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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Realidad   Tecnología   Cambio   Reflexiones   Manipulación  

Sencillez compleja

Hay empeños excesivos en sacarnos de la realidad propia
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 27 de mayo de 2022, 09:50 h (CET)

En el curso de las andanzas menesterosas por estas tierras, comarcas y países, alguna enseñanza sí parece haber asentado pese a las frivolidades. Al socaire de las mentalidades y los tiempos, los grandes conceptos perdieron consistencia y los fundamentalismos se tornaron OBSOLETOS. No es creíble la existencia de una sola cabeza de tamaño suficiente para contener un único dogma; simplemente las dimensiones y su estructura no da para esos contenidos. La abundancia de las proclamas ufanas e imperativas no invalidan estas afirmaciones; al contrario, no se detienen los sucesivos ejemplos, acaban en sucesivas demostraciones de insolvencia, con secuelas de diverso calado.


Nos hemos enfrascado en una arriesgada servidumbre al son de los rumbos marcados por la tecnología. Mientras, los diversos artilugios técnicos se han infiltrado en los diferentes sectores de la actividad humana. Con las destrezas incorporadas se han acelerado los ritmos de los comportamientos, después de cada objetivo conquistado proliferan nuevos retos insospechados. Sin pausas tranquilizadoras nos vemos sometidos a los CAMBIOS incesantes y con la sensación del carácter progresivo de la tendencia al incremento de ese vértigo. Ni lo sencillo ni lo complejo permanecen estables, se dificulta así la comprensión de los funcionamientos, pisando sobre una tabla rasa indiscriminada e incierta.


Los acontecimientos nos superan en numerosas ocasiones, en el aspecto particular y englobados en el grupo social correspondiente. En ambos casos se refleja la actitud adoptada ante la impotencia. La CATÁSTROFE se implanta con visos de insuperable complejidad. Pero aún así, al deslindar sus condicionantes, detectamos otros factores accesibles como posibles atenuantes e incluso como posibles soluciones. El análisis de las causas o causantes, la prevención, las investigaciones oportunas y la ineludible decisión de afrontar la situación, clarifican el panorama. Es desde ese conocimiento de donde podremos desenredar la confusión perniciosa y traducirla a versiones menos complicadas y prometedoras.


Porque a veces se entiende mal aquello de la kantiana paz perpetua como si tratara de un remanso de apaciguados elementos. Es importante partir de una base elemental, el respeto a cada persona; sin ese eslabón, nunca lograremos pasar a objetivos sensatos. No valen excusas ni subterfugios. El planteamiento de la CONCORDIA es una proyección hacia una trabajosa labor de cada uno de los integrantes. La sobriedad implícita en esta idea es asequible, natural y hasta ingenua si así se mira; pero es de una terquedad ejemplar como un firme sendero ilustrativo. Si por el contrario, los indicadores sociales del momento apuntan en sentidos divergentes, estamos colaborando con las maquinaciones conflictivas.


En las palabras concentramos los significados de manera sibilina, una palabra con esa carga puede explicarlo casi todo. Es decir, pierde su utilidad descriptiva. Lo apreciamos con claridad en lo referente al mencionado RESPETO, esa consideración debida a cada persona como tal; se entiende enseguida esa idea. Sin embargo, no es respetable cualquier acción u opinión, ni el talante de ciertas personas. Con una ligereza impropia de gente inteligente, impregnamos ese concepto inicial de miedos, presiones, engaños e intereses varios. El disfraz de una posición social degrada con frecuencia la idea (Nombramientos, uniformes, ideologías); llegan a encubrir comportamientos deleznables, enturbian el sentimiento de la respetabilidad.


La comprobación de como nos complicamos la vida es alarmante. Los resquemores nos abruman desde ángulos inverosímiles, creamos sufrimientos descompasados y nos empeñamos en no entender las situaciones. Es asombrosa la facilidad para la transmisión de ideas extravagantes que nos ensombrecen los ambientes. No obstante, no sé si será por el sexto o por el séptimo sentido, pero desde el comienzo nos alcanza la percepción de los conceptos ÓPTIMOS, diría que todos los sabemos. Por las vías interiores, moleculares, energéticas, ondas o partículas, conocemos los mejores criterios básicos. No importa, nos metemos en los intrincados laberintos a sabiendas, y en ese desvarío somos pertinaces.


Los desajustes de como complicamos las cosas suelen ir siempre en perjuicio de los más débiles, beneficiando de manera escandalosa a los empoderados; los detectaremos con nitidez si examinamos las cadenas de producción. La obtención de algún producto tiene sus costes, transportarlo, comerciarlos, también; pasa quizá por excesivas manos, sin olvidar la potente garra de los impuestos (Luz, gasolina, pescado, frutas). Si examinamos un caso concreto, pronto percibimos la exagerada dimensión de los INTERMEDIARIOS. Los costes lógicos no justifican la enorme desproporción de ganancias y perjudicados. Un kg. de naranjas pasa de unos céntimos a 3 ó 4 euros, el porcentaje es abrumador. ¡Mucho se complicó el proceso!


Lo vemos también en otro asunto de envergadura, como lo es el ámbito de las informaciones. Circulamos en busca de las verdades en una tarea siempre inacabada; pero con la franqueza, la dialéctica y los razonamientos, el camino permanece expedito, aunque adaptado a las realidades existenciales. En el sentido contrario, se ocultan los gestores de los medios informativos, emponzoñamos con anónimos las intervenciones, no se contrastan datos y parece que no importa demasiado a la vista del escaso nivel de exigencia en ese sentido. De nuevo comprobamos la inutilidad de una superabundancia FRÍVOLA. Para la gente, son emisiones abstractas sin un sentido determinado, programadas al servicio de capitostes malversadores.


Decía antes, el buen sentir, el buen hacer, el buen conocimiento, el buen talante, no están alejados de las mentalidades; por encima del nivel cultural, riqueza, pobreza, estudios, etc., las personas saben a que atenerse en cuanto a estas ideas básicas. Desde ese punto de partida empiezan a complicarse las cosas, tanto como complejos somos cada uno de nosotros; y por si faltaba algo, contamos con esos fondos subconscientes, emocionales e incluso cuánticos. Como consecuencia, se nos escapa de ese entramado humano si no sacamos a relucir los ARRESTOS necesarios para ensamblar las numerosas aristas y conexiones establecidas en un mismo sujeto y no digamos en el conjunto.


En efecto, las teorías vuelan y las tramas se enredad, en una elucubración sin limitaciones a la vista. Ahora bien, en la medida de su despegue, se alejan de las venturas cotidianas que afectan en toda su intensidad al ciudadano. Son matices que acaban siendo el SOPORTE decisivo para la convivencia comunitaria. Con un teórico en cada casa y nadie ocupado en los sistemas de aterrizaje, la desorientación extiende sus influencias deslumbradoras en encontrar la huella de ningún responsable.


La experiencia propia es intransferible, recortada a la esfera individual. Quedando a la expectativa de la capacidad PARTICIPATIVA, siempre y cuando no seamos obligados a ejercer como meros receptores de todo cuanto nos endilguen dese esos exteriores manipulados por maliciosos promotores.

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